Ocasión para amar

Ocasión para amar

Para muchos de nosotros, desde muy pequeños, la Navidad ha sido siempre una época singular. Celebrábamos el nacimiento de Jesús, intercambiábamos regalos y visitábamos o recibíamos en casa a familiares y amigos. Pero la Navidad no es solamente una ocasión de disfrutar de esas dichas. Es también el mejor momento del año para dar a conocer a nuestro amado Salvador. Es tal vez cuando la gente más piensa en ese milagro que constituye el alma de la Navidad: que Dios enviara a Su propio Hijo al mundo para reconciliarnos con Él. Hasta en las culturas no cristianas mucha gente se muestra interesada en entender el verdadero sentido de la Navidad.

En esta temporada, quienes conocemos el amor de Dios manifestado por medio de Jesús tenemos ocasión de hacer el mejor obsequio navideño que pueda haber, no solo a las personas de nuestro círculo íntimo, sino también a personas menos cercanas e incluso a desconocidos con quienes convivimos en este mundo. Hay a nuestro alrededor mucha gente apesadumbrada, abatida, que clama por un consolador, que anhela un Salvador. El temor y la incertidumbre se han apoderado de algunos. Otros están sumidos en la angustia y la desesperanza por carecer de objetivos y alicientes; no le encuentran sentido a la vida. Otros más cargan con el peso de rencores y sentimientos de culpa, son presos de la vaciedad, están atormentados por el dolor o perdidos en un laberinto del que no pueden salir por su cuenta.

Jesús los ama y quiere acogerlos en Sus brazos. Pero para ello, el Todopoderoso y Omnisciente, cuyo amor es infinito, ¡necesita nuestra ayuda! Nosotros somos los ojos con que Él los busca, los oídos con que escucha su clamor, la voz con que les responde y los consuela. Somos además los brazos con que los estrecha.

¿Harás todo lo posible para ayudarlos? ¿Te entregarás a ellos? Jesús lo hizo. Dejó el lugar más paradisíaco jamás creado para venir a la Tierra y soportar aquí incomodidades, humillaciones, burlas y dolor; todo con el fin de salvarnos.

Tú puedes hacer un aporte significativo esta Navidad. Aun el menor de tus esfuerzos por compartir lo poco que tengas irradiará gran luz en la vida de alguien, será como un rayo de esperanza que penetrará las tinieblas que envuelven a esa persona (Mateo 5:14–16). 

Hagamos un esfuerzo por comunicarnos con los demás. Contémosles que Jesús vino al mundo para amarlos, que murió para salvarlos y que resucitó para transportarlos a un formidable mundo nuevo que pueden conocer aquí en la Tierra y además disfrutar por la eternidad en el Cielo. Proclamemos que celebramos el cumpleaños de un Salvador vivo, el único capaz de satisfacer nuestros  más profundos anhelos.

Como Su Padre lo envió a Él, Jesús nos envía a nosotros(Juan 20:21). Seamos las manos, pies, ojos y labios de Cristo. Sanemos a los quebrantados de corazón; rescatemos a los cautivos; resucitemos a los que yacen muertos en pecados y transgresiones; abracemos a los rechazados, a los desechados y marginados(Isaías 61:1,3). Anunciemos la Buena Nueva a los pobres; desatemos las ligaduras de impiedad; aliviemos sus cargas; liberemos a los oprimidos(Mateo 11:5; Isaías 58:6). Démosles gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar de espíritu angustiado. De gracia recibimos; demos de gracia(Mateo 10:8).

¡Y no nos detengamos al terminar la Navidad! Sigamos compartiendo, dando y manifestando amor con el mismo fervor todo el año. Celebremos cada día el nacimiento de Jesús, que es promesa de vida nueva para todos. 

Maria Fontaine

Maria Fontaine

Maria Fontaine es —junto con su esposo Peter Amsterdam— la directora espiritual y administrativa de la Familia Internacional, una comunidad de fe dedicada a difundir el Evangelio de Jesucristo por todo el mundo. Es autora de numerosos artículos sobre la vida de fe cristiana. (Los artículos de Maria Fontaine publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

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