Shalom

Shalom

Una de las partes del relato de la Navidad que encuentro más bella, fascinante y cargada de significado es esa en la que un ángel se aparece a los pastores y les anuncia el nacimiento de Jesús, tras lo cual se le une una multitud de las huestes celestiales y se ponen a alabar a Dios. Un preludio digno del nacimiento del Hijo de Dios.

«Esa noche había unos pastores en los campos cercanos, que estaban cuidando sus rebaños de ovejas. De repente, apareció entre ellos un ángel del Señor, y el resplandor de la gloria del Señor los rodeó. Los pastores estaban aterrados, pero el ángel los tranquilizó. “No tengan miedo —dijo—. Les traigo buenas noticias que darán gran alegría a toda la gente. ¡El Salvador —sí, el Mesías, el Señor— ha nacido hoy en Belén, la ciudad de David!”»1

El ángel anunció el nacimiento del Salvador, pero eso no fue todo: «De pronto, se unió a ese ángel una inmensa multitud —los ejércitos celestiales— que alababan a Dios y decían: “Gloria a Dios en el cielo más alto y paz en la tierra para aquellos en quienes Dios se complace”»2.

Esa misma conexión entre el Salvador y la paz se pone de manifiesto en las profecías del Antiguo Testamento. Por ejemplo, en el libro de Isaías, donde dice: «Un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre Su hombro; y se llamará Su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz»3.

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, el Mesías —el Salvador— está asociado a la paz. Así y todo, si nos fijamos en el mundo en la actualidad o prácticamente en cualquier época de la Historia, lo último que se ve es paz. Las guerras y los conflictos civiles son endémicos entre los seres humanos. Desgraciadamente, no ha habido en la Tierra una paz duradera y desde luego no la hay hoy en día. ¿Por qué, entonces, a Jesús se lo llama el Príncipe de Paz? ¿Por qué los ángeles, cuando alabaron a Dios la noche del nacimiento de Jesús, aludieron a la paz?

El vocablo de uso más extendido en el Antiguo Testamento para expresar el concepto de paz es shalom. Si bien la palabra shalom se emplea a veces en la Escritura para referirse a la ausencia de guerra, tiene también otras acepciones. El significado original alude a un estado de perfecta salud. Expresa plenitud, vitalidad, seguridad, sanidad y prosperidad, contentamiento, tranquilidad, armonía, paz interior, falta de ansiedad y estrés. Se refiere igualmente a la amistad entre las personas, así como a la paz y la amistad entre las personas y Dios.

El vocablo griego más empleado en el Nuevo Testamento para expresar el concepto de paz es eirēnē. A veces se usaba para referirse a un estado de tranquilidad nacional, a salvo de los estragos de la guerra. No obstante, la palabra se empleaba con mayor frecuencia para expresar seguridad, ausencia de peligro, prosperidad, armonía y buena voluntad entre las personas. Se utiliza también para el estado tranquilo del alma que reposa en la certeza de su salvación.

Aunque el mundo algún día, después de la segunda venida de Jesús, conocerá la paz en el sentido de ausencia de guerra, la paz a la que se suele aludir en la Palabra de Dios tiene que ver con el bienestar integral de las personas, tanto físico como espiritual. La Escritura señala reiteradamente que ese bienestar integral, esa tranquilidad y ese shalom provienen de una sana relación con Dios, hecha posible por el Salvador que fue anunciado por los ángeles a los pastores una noche de hace dos mil años.

La vida, muerte y resurrección de Cristo propiciaron la reconciliación entre Dios y la humanidad. Mediante la fe en Jesús, el Príncipe de Paz, podemos vivir en paz con Dios. «Dios nos demostró Su gran amor al enviar a Jesucristo a morir por nosotros, a pesar de que nosotros todavía éramos pecadores. Si cuando todavía éramos Sus enemigos, Dios hizo las paces con nosotros por medio de la muerte de Su Hijo, con mayor razón nos salvará ahora que Su Hijo vive, y que nosotros estamos en paz con Dios»4.

Por medio del Príncipe de Paz se puede restablecer la armonía y la relación entre Dios y todos los que acogen a Jesús como su Salvador. Así podemos acceder a la plenitud del shalom: completitud, integridad, seguridad, contentamiento, tranquilidad, armonía y paz de espíritu, que es la fuente de la paz interior en medio de las tormentas y retos a los que todos nos enfrentamos a lo largo de la vida.

Jesús —el Señor de la paz— nos ofrece una paz que sobrepasa nuestro entendimiento, shalom shalom según el texto original. En hebreo, repetir una palabra era un modo de darle un grado mayor de significación. En este caso, no se trata de paz a secas, sino de perfecta paz. Hallamos paz en el Salvador, paz cuando amamos la Palabra de Dios, paz cuando nuestros caminos lo complacen, paz por medio de la presencia del Espíritu Santo, paz en la fe y paz cuando Cristo reina en nuestro corazón.

Los ángeles que alabaron a Dios la noche del nacimiento de Jesús pregonaron la paz que Dios ponía a nuestra disposición por medio del Salvador, la paz con Dios que es fruto de la salvación, la paz interior derivada de nuestra conexión con Dios, la paz que nos da la certeza de que Dios nos ama y ha hecho posible que vivamos con Él para siempre.

1. Lucas 2:8–11 (NTV)
2. Lucas 2:13,14 (NTV)
3. Isaías 9:6
4. Romanos 5:8,10 (TLA)

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Peter Amsterdam

Peter Amsterdam

Peter Amsterdam se dedica activamente al servicio cristiano desde el año 1971. En 1995 accedió al cargo de codirector —junto con su esposa María Fontaine— de la comunidad de fe conocida como la Familia Internacional. Es autor de una diversidad de artículos sobre fe y teología cristiana. (Los artículos de Peter Amsterdam publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

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