Semana Santa

¿Quién quiere al hijo?

Hace poco volví a leer el conmovedor relato de un hombre acaudalado que compartía con su hijo la pasión por coleccionar obras de arte. (El relato aparece en varios sermones y libros, pero se desconoce su autoría.) Dice así:

Alegría de Pascua

El último Domingo de Resurrección preparé un pastel de limón para un grupito de amigos que se reunieron en mi casa con la idea de leer juntos el relato de la Pascua. Cada uno seguía el texto en su Biblia, y de cuando en cuando hacíamos una pausa para conversar sobre puntos que nos llamaban la atención. Al final, nos tomamos de las manos y le pedimos a Dios sanidad y perdón para nosotros y para nuestros familiares y amigos que no habían podido asistir.

Tradiciones pascuales

La Pascua es una de las celebraciones más importantes del año para los cristianos, dado que se conmemora la resurrección de Jesús tres días después de Su crucifixión. Ciertas tradiciones pascuales de diversos países pueden haber tenido origen en otras costumbres o formas de fe. Así y todo, están imbuidas de un sentido con el que podemos identificarnos fácilmente.

El regalo de Dios para mí

Siempre me ha atraído la Semana Santa. Desde mi punto de vista, la Navidad es una celebración de alegría y gozo que disfruta el mundo entero, hasta los no cristianos; en cambio, en Semana Santa festejamos lo que hizo Jesús por cada uno de nosotros individualmente.

La pasión del cristiano

Cada año, a la llegada de la Semana Santa, me embarga una pena inmensa al pensar en lo que Jesús padeció por nosotros. Aguantó muchísimo sufrimiento, dolor y agonía en las horas previas a Su cruel crucifixión, por no mencionar la angustia que debió de sentir previendo lo que le esperaba. Aunque es cierto que sabía cuál era la finalidad de todo, no dejaba de ser terrorífico. De hecho, Jesús solicitó al Padre una exención de la cruz1.

¿Qué habría pasado si…?

Cuentan que Mahatma Gandhi (1869–1948) dijo: «No conozco a nadie que haya hecho más por la humanidad que Jesucristo». Buena parte de la población del mundo —tanto de los que abrazan el cristianismo como de los que no— estaría de acuerdo con él. Sin embargo, ¿alguna vez has pensado en las beneficiosas transformaciones que no se habrían operado de no haber divulgado los discípulos de Cristo lo que habían visto, oído y aprendido mientras estaban con Él? Las enseñanzas que impartió se habrían extinguido con ellos.

De Pascua a Pentecostés

La otra noche estaba reflexionando sobre la Semana Santa cuando me vino una frase al pensamiento: «No dejó mi alma en el infierno». Me sonaba a versículo de la Biblia, pero no estaba segura. Tampoco tenía la certeza de que el autor se refiriera a Jesús.

Me gustaría poder decir que saqué la Biblia y busqué el pasaje, pero no; agarré mi teléfono inteligente y lo busqué en Google. Efectivamente, está en la Biblia. Se encuentra en el Salmo 16: «Tú no dejarás mi alma entre los muertos»1.

Los sufrimientos del alma

Yo comprendo las pruebas a las que son sometidos los corazones humanos… la pesadumbre, el desaliento y la desesperación en que a veces se sumen. Comprendo lo que es renunciar a alguien, pues tuve que separarme primero de Mi Padre para ir a la Tierra y luego de los que tanto quise en la Tierra para retornar con Mi Padre.

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