El regalo de Dios para mí

El regalo de Dios para mí

Siempre me ha atraído la Semana Santa. Desde mi punto de vista, la Navidad es una celebración de alegría y gozo que disfruta el mundo entero, hasta los no cristianos; en cambio, en Semana Santa festejamos lo que hizo Jesús por cada uno de nosotros individualmente.

La Pascua tiene como tema central mi relación con Jesús. Cuando era niña no entendía esa relación. Jesús era mi amigo —eso lo tenía claro—, pero hasta ahí llegaba la cosa. Para mí era algo así como una carta para salir de la cárcel, alguien en quien apoyarme, pero solo cuando era necesario.

Era una relación unilateral. No me daba cuenta de lo que me perdía hasta que una noche, cuando tenía 14 años, mientras escuchaba acostada mi reproductor de MP3, comenzó a sonar una canción que me había olvidado que estaba en mi lista de reproducción. La letra estaba escrita desde la perspectiva de Jesús, en primera persona. Decía así:

«Si no hubiera habido nadie más,
aun así habría muerto por ti.
Si no hubiera habido nadie más,
aun así habría llorado por ti.
Si no hubiera habido nadie más,
aun así habría resucitado».

La canción prosigue diciendo que todo lo que padeció lo padeció por mí, y que lo haría todo —de hecho, lo hizo todo— solamente por mí. Recuerdo que tumbada en mi cama pensé en la enormidad de ese concepto. El Hijo de Dios vino a la Tierra y sufrió tremendas torturas y humillaciones, vertió Su sangre y entregó Su último aliento por mí.

Aunque no suelo ser una persona muy emocional, hundí la cara en la almohada y lloré de lo conmovida que me sentí ante tamaño amor. Él sintió tanto amor por mí que accedió a que lo traspasaran por mis faltas. Sabiendo que sería rechazado, despreciado y marginado, vio mi alma y me consideró digna de semejante sacrificio. No era que salvando a uno nos salvaba a todos: cada una de las humillantes y dolorosas experiencias por las que pasó fue un sacrificio que hizo por cada uno de los que hemos vivido en esta Tierra.

Por eso la Semana Santa es tan especial para mí, porque cuenta la historia de un Dios amorosísimo y omnipresente y de lo que estuvo dispuesto a hacer para tener una relación conmigo. Sé que nunca podré estar a la altura de Su amor; aun así, procuraré amarlo de todo corazón.

Amy Joy Mizrany

Amy Joy Mizrany nació y vive en Sudáfrica y se desempeña como misionera a plena dedicación con la organización Helping Hand. En su tiempo libre estudia microbiología y toca el violín.

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