No es preciso aprobar el examen

No es preciso aprobar el examen

La Pascua nos recuerda por sobre todas las cosas que la salvación —el inefable don de paz con Dios en esta vida y en la venidera— no es algo que podamos conseguir con lo que hagamos, sino que se nos entrega ya hecho. Jesús murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó al tercer día. Él lo hizo; no nosotros.

«Hoy estarás conmigo en el paraíso»1, le dijo al ladrón colgado de la cruz adyacente. No había nada que el ladrón pudiera hacer en aquella situación, nada que pudiera alterar su pasado y desde luego tampoco su futuro, pues estaba siendo ejecutado por sus crímenes. No obstante, sí había algo que podía pensar y decir: «Acuérdate de mí cuando llegues a Tu reino»2. Le bastó con una declaración de fe.

Eso debería enseñarnos algo. ¡Qué fácil es no disponer de tiempo para Dios por estar dedicado a buenas causas o a otras personas! Podemos llenar nuestros días de buenas obras, palabras amables, actos de generosidad. Sin embargo, eso no basta para reconciliarnos con Dios, pues así como tenemos nuestros momentos buenos, también tenemos los malos, esas veces en que nuestros actos no son tan prudentes o mesurados o en que nuestras palabras no son tan amables como deberían ser, o en que caemos en el egoísmo y pensamos un poquito más en nuestros propios deseos que en los de los demás. Nos enojamos, no perdonamos, nos quejamos.

Ninguno de nosotros pasa el examen. Si la reconciliación con Dios dependiera de nuestra conducta, nadie la alcanzaría. Por eso ninguna de nuestras buenas obras o denodados esfuerzos nos ganará un lugar a Su lado3.

Lo fabuloso del asunto es que no es necesario aprobar el examen. El Hijo de Dios adoptó la vida de un ser humano, vivió entre nosotros, escuchó, observó, tocó, sanó. El amor que tuvo por nosotros fue tan grande que aunque sabía lo que estaba a punto de sufrir, se dejó apresar, golpear, azotar y finalmente clavar a una cruz. Aun allí Su amor prevaleció: perdonó a quienes lo crucificaron, le encargó a alguien el cuidado de su madre mientras esta sollozaba y reconfortó al ladrón con la promesa: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Él lo hizo; no nosotros.

Por mucho que nos sintamos incapaces y tengamos miedos y preocupaciones, remordimientos y sentimientos de culpa, cuando rogamos: «Señor, acuérdate de mí», Él lo hace. Dejemos a un lado nuestras inquietudes y afanes y pasemos el día de hoy en Su compañía.

* * *

La resurrección consuma la instauración del reino de Dios. […] Es el acontecimiento decisivo que demuestra que el reino de Dios ha comenzado en la Tierra como en el Cielo. […] El mensaje de la Pascua es que el nuevo mundo de Dios ha sido revelado en Jesucristo y estás invitado a participar en él.  N. T. Wright (n. 1948)

Jesús, creo de corazón que eres el Hijo de Dios, que moriste en la cruz en mi lugar y te levantaste de entre los muertos. Te ruego que me concedas Tu perdón, para que pueda vivir en paz para siempre a Tu lado.

1. Lucas 23:43
2. Lucas 23:42 (RVC)
3. V. Tito 3:5

Podcast

Abi May

Abi May, que también firmaba con el seudónimo de Chris Hunt, fue colaboradora de Conéctate desde Gran Bretaña.

Copyright 2021 © Activated. All rights reserved.