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Jesús dijo a Sus seguidores que les enviaría «la promesa del Padre» para que fueran «investidos de poder desde lo alto» (Lucas 24:49). Si has aceptado la salvación que te ofrece Jesús y has «nacido de nuevo del Espíritu», ya has recibido una porción del poder del Espíritu Santo. Pero eso no significa que te hayas llenado de él. Por lo general, eso ocurre después, y es una experiencia aparte.

Un vaso de agua constituye una buena ilustración. Si contiene al menos una pequeña cantidad de líquido ya se puede afirmar que es un vaso de agua. No tiene por qué estar lleno. Muchos cristianos se asemejan a vasos que contienen un poco de agua, una porción del Espíritu de Dios. En cambio, los que han orado para ser llenos del Espíritu Santo son comparables a vasos rebosantes.

¿Te has llenado del poder del Espíritu de Dios? Si no, puedes hacerlo ahora mismo. No tienes más que pedirlo y recibirlo haciendo una sencilla oración como la que presentamos a continuación:

Jesús, soy consciente de que necesito una mayor porción de Tu amor y de Tu poder. Te ruego, pues, que me llenes de Tu Espíritu Santo en este momento. Amén.

¿Qué efectos produce?

Nos capacita para amar. Dios es el Espíritu mismo del amor (Juan 4:24; 1 Juan 4:8), de modo que cuando Él nos llena de Su Espíritu Santo, Su amor brota a raudales de nuestro corazón hacia Él y hacia los demás.

Potencia nuestras oraciones. Para funcionar bien, un aparato emisor-receptor tiene que estar enchufado a una fuente de energía. Cuanto mejor sea ésta, mejor será el desempeño del aparato. Igual sucede con nuestras oraciones, que se alimentan de la energía del Espíritu Santo. Las oraciones potenciadas por el Espíritu alcanzan su objetivo con claridad y fuerza, y producen notables resultados (Romanos 8:26,27).

Nos faculta para sintonizarnos con mayor precisión. Poco antes de ser crucificado Jesús prometió a Sus discípulos que les enviaría un Consolador o Ayudante, el Espíritu Santo, para fortalecerlos, imbuirlos de poder, conducirlos y guiarlos en su vida espiritual y relación con Él. «El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que Yo os he dicho» (Juan 14:26).

Nos ayuda a efectuar cambios positivos en nuestra vida. Los libros de autoayuda, la determinación y la fuerza de voluntad no bastan. Lo que realmente necesitamos para que se obren cambios positivos en nuestra vida es la ayuda de Dios. Aunque por ti mismo logres cambiar en algunos aspectos, para que se produzcan cambios duraderos y de fondo es preciso el poder regenerador del Espíritu Santo (v. Tito 3:5).

Nos confiere atrevimiento y elocuencia para transmitir la Buena Nueva. Si te cuesta dar a conocer tu fe a los demás, te alegrará saber que una de las principales funciones que cumple el Espíritu Santo es darte arrojo y atrevimiento para hablar a los demás de Jesús y de Su amor.

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