El amor de Dios

Amor incondicional

Cuando pienso en cómo resumir en dos palabras quién es Dios, lo que me viene a la cabeza es amor incondicional. Por supuesto que Dios es muchas otras cosas y no se lo puede encasillar con una sola frase o término; pero por 1 Juan 4:8 sabemos que «Dios es amor». Esa es Su esencia, una característica intrínseca Suya, uno de Sus principales rasgos de personalidad.

Amor total

Cuando mi hija menor tenía dos años, todas las noches la acostaba en su camita. A veces la tarea resultaba fácil, porque caía rendida y se dormía en cuestión de minutos. Pero otras veces su obstinación chocaba con la mía y el enfrentamiento era tenaz. A la larga, sin embargo, siempre se dormía plácidamente. (¡Mamá ganaba!)

Sin medida

Nunca pienses que estoy lejos de ti o que me canso de ti. No te juzgo por tus logros ni por tus buenas obras. No te comparo con otros. Miro tu corazón. Veo el amor que tienes por Mí y por los demás. Eso es lo importante para Mí, no tus buenas obras o tus esfuerzos por perfeccionarte.

La montaña rusa

Creo que tenía unos 14 años cuando me monté por primera vez a una montaña rusa. Recuerdo que cuando mi carrito subió hasta lo alto y emprendió el primer descenso en picada se me congeló la sangre y pensé: «¿A santo de qué estoy haciendo esto!» Luego comenzó la sucesión de subidas y bajadas violentas. El pulso se me aceleró. Y no había respiro ni escapatoria. Mi única alternativa era aferrarme con todas mis fuerzas y aguantar hasta terminar el circuito.

El tesoro

Solo Dios sabe por qué escondió algunas de las materias primas más valiosas en lugares de tan difícil acceso. Si fue para poner a prueba nuestra voluntad y tesón y ver hasta qué extremos iríamos y qué sacrificios haríamos para obtenerlas, le resultó.

Me intereso por ti

Te conozco, te veo y velo por ti. Me intereso por cada uno de tus pesares, por cómo te sientes, por lo que piensas, por tus dificultades y sufrimientos, por la vida de tus hijos, por tus dolencias, por tus aprietos económicos, por tu vivienda y los bienes materiales que te hacen falta, por las necesidades de tus hijos y las reparaciones que hay que hacerle a tu vehículo, por tus batallas espirituales.

Amada y valorada

Cuando le preguntaron a Jesús cuál era el mayor de los mandamientos de Dios, respondió: «Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente [y] ama a tu prójimo como a ti mismo. Toda la ley y las exigencias de los profetas se basan en estos dos mandamientos»1.

Para Dios soy una celebridad

Mi hija Kristen es una celebridad. Lo ha sido desde que nació. Mi mujer y yo estamos pendientes de cada movimiento que hace y documentamos sus humores, gestos y acciones. Hablamos mucho de ella y contamos anécdotas sobre sus graciosas costumbres y sus gustos más recientes. Le brindamos apoyo, nos preocupamos de ella y nos esforzamos por que no se haga daño. Disfruta de toda nuestra atención, aun en plena noche. Cada día amanecemos ansiosos por ver qué se le ocurrirá. Su risa siempre nos hace sonreír, y sus lágrimas nos estimulan a remediar lo que sea que la está afectando. Para nosotros es sensacional.

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