El amor de Dios

Una obra maestra hecha con amor

¿Te has preguntado alguna vez por qué el cielo es azul y por qué ese color en particular te produce una sensación de serenidad? ¿Te has puesto a pensar por qué la fragancia de un pinar o la hierba después de la lluvia te brindan una sensación de tranquilidad y solaz? ¿Hay algún motivo mágico por el que el simple canto de un pajarillo brinda una sensación interior de contentamiento?

El amor de Dios por la humanidad

El amor de Dios es incondicional, no se sujeta a restricción alguna, es constante, no tiene límites. Se entrega libremente pase lo que pase. Cada uno de nosotros ha pecado, y el pecado nos separa de Dios. A despecho de ello, Dios nos ama. Eso no significa que ame todo lo que hacemos, pero nos ama. De hecho, ama tanto a la humanidad que dispuso que esa separación causada por nuestros pecados y malas acciones quedara eliminada por medio de la muerte expiatoria de Su Hijo, Jesús. «A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados. Dios demuestra Su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.»1

Amor total

Cuando mi hija menor tenía dos años, todas las noches la acostaba en su camita. A veces la tarea resultaba fácil, porque caía rendida y se dormía en cuestión de minutos. Pero otras veces su obstinación chocaba con la mía y el enfrentamiento era tenaz. A la larga, sin embargo, siempre se dormía plácidamente. (¡Mamá ganaba!)

Amor incondicional

Cuando pienso en cómo resumir en dos palabras quién es Dios, lo que me viene a la cabeza es amor incondicional. Por supuesto que Dios es muchas otras cosas y no se lo puede encasillar con una sola frase o término; pero por 1 Juan 4:8 sabemos que «Dios es amor». Esa es Su esencia, una característica intrínseca Suya, uno de Sus principales rasgos de personalidad.

Sin medida

Nunca pienses que estoy lejos de ti o que me canso de ti. No te juzgo por tus logros ni por tus buenas obras. No te comparo con otros. Miro tu corazón. Veo el amor que tienes por Mí y por los demás. Eso es lo importante para Mí, no tus buenas obras o tus esfuerzos por perfeccionarte.

La montaña rusa

Creo que tenía unos 14 años cuando me monté por primera vez a una montaña rusa. Recuerdo que cuando mi carrito subió hasta lo alto y emprendió el primer descenso en picada se me congeló la sangre y pensé: «¿A santo de qué estoy haciendo esto!» Luego comenzó la sucesión de subidas y bajadas violentas. El pulso se me aceleró. Y no había respiro ni escapatoria. Mi única alternativa era aferrarme con todas mis fuerzas y aguantar hasta terminar el circuito.

El tesoro

Solo Dios sabe por qué escondió algunas de las materias primas más valiosas en lugares de tan difícil acceso. Si fue para poner a prueba nuestra voluntad y tesón y ver hasta qué extremos iríamos y qué sacrificios haríamos para obtenerlas, le resultó.

Me intereso por ti

Te conozco, te veo y velo por ti. Me intereso por cada uno de tus pesares, por cómo te sientes, por lo que piensas, por tus dificultades y sufrimientos, por la vida de tus hijos, por tus dolencias, por tus aprietos económicos, por tu vivienda y los bienes materiales que te hacen falta, por las necesidades de tus hijos y las reparaciones que hay que hacerle a tu vehículo, por tus batallas espirituales.

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