El amor de Dios

Dios es amor

Una semana difícil que tuve hace poco terminó siendo una oportunidad de reflexionar sobre el amor de Dios por mí y el mío por Él. Si bien sé que el amor que Dios me profesa es omnipresente e inmutable, a veces me da la impresión de que mi amor por Él depende mucho de mis circunstancias y emociones. En mi condición de ser humano, mi amor es mucho menos fuerte que el de Dios.

Visos del amor de Dios

Hace poco unos amigos querían trasladarse a otro país para explorar nuevas posibilidades y probar otros rumbos más cerca de algunos de sus familiares. Si bien tuvieron innumerables dificultades para preparar y emprender el viaje, con el apoyo de sus amistades en oración por fin lograron su objetivo. El proyecto no estuvo exento de contrariedades, incluida una complicación de última hora en el aeropuerto; pero al final lograron materializarlo y hoy están probando sus alas en otros cielos. Muchas veces digo a mis amigos y conocidos que sueñan con viajar o con cumplir algún otro deseo: pónganlo en manos de Dios, porque Él conoce nuestro corazón y le encanta vernos felices.

Estoy para ayudarte

Te conozco perfectamente. Conozco tus dones, tus habilidades, tus puntos fuertes. También estoy al tanto de tus imperfecciones, idiosincrasias y peculiaridades, que conforman tu singular personalidad. Sé de las debilidades que persisten en ti y que no logras superar, y de todos esos rasgos tuyos que te molestan. Conozco todas las peticiones de tu corazón, tus más íntimos anhelos. Nada me es oculto.

En brazos de Jesús

La felicidad se compone de muchos elementos: está en la sonrisa de un niño, en los destellos dorados de un amanecer, en el cálido abrazo de un ser querido, en la salud tras una enfermedad. Pero esa clase de felicidad es transitoria: los niños no siempre sonríen, y puede que haya nubarrones que oculten el amanecer, que un ser querido se vaya a otra parte o que la enfermedad no pase. Hay otra felicidad que es más profunda y duradera: es la que inunda el alma cuando uno alcanza a comprender la profundidad, la anchura y la altura del amor que Dios siente por cada uno de nosotros, un amor que Su Hijo Jesús personifica.

El multifacético amor de Dios

El amor es como un río. Hay días de abundancia en que fluye caudalosamente; otros corre apenas como un hilo, y vemos el agua rebotar en las piedras del fondo. Pero aun cuando el amor merma y pierde su fuerza hasta casi secarse sobre el lecho cenagoso, luego vuelve a fluir.

Una pequeña adivinanza

Las adivinanzas siempre me han fascinado, aunque —la verdad sea dicha— no soy muy bueno para resolverlas. Casi siempre alguien lo logra antes que yo. Será que necesito práctica. En cualquier caso, aquí tienes una: ¿Qué tienen en común un picnic en Gales, una flor de un jazmín de Indonesia y una visita a una cárcel en las Filipinas? Como se suele hacer en estos casos, dejaremos la respuesta para más adelante. Piénsalo un poco sin romperte la cabeza.

Nunca estás a solas

Eres una persona muy valiosa para Mí. Tengo contados cada uno de tus cabellos. Conozco tu corazón y tus muchos pensamientos. Quiero que sepas que estoy a tu lado, sujetando tu mano. Soy tu pronto auxilio en las tribulaciones. No pienses nunca que no tienes a nadie, pues Mi presencia siempre te acompaña y Mi Espíritu te ayuda.

Amada

Amada…
no por las cimas que he alcanzado,
ni por logros muy celebrados;
no por los instantes de gloria,
fruto de una fe meritoria;
no por insistir con porfía,
a oscuras, hasta que raya el día.

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