El amor de Dios

Tu regalo de Navidad

Tengo para ti un regalo único, diferente de cualquier otro que te hayan hecho antes. No está en venta en ninguna tienda, pues no puede comprarse ni venderse, sino que se da gratuitamente. Nunca se pone viejo, nunca se estropea, ni se desgasta, y nunca te quedará chico. Nadie puede despojarte de él. Te durará para siempre. Puedes llevarlo contigo dondequiera que vayas y disfrutar de él en cualquier momento. Aunque permanece inalterable, jamás dejará de sorprenderte y asombrarte. Puedes compartirlo todo lo que quieras, que siempre habrá bastante para todos. No solo eso: cuanto más lo compartas, más lo tendrás.

Mi creación única

Aún recuerdo el día en que te formé. Escogí con minuciosidad cada talento, cada don, cada característica, cada fibra de tu ser, hasta obtener la combinación exacta que quería y hasta que cada detalle quedó perfectamente dispuesto para cumplir Mi propósito.

Recuerdo también el momento en que te insuflé aliento de vida. Sentí un amor tan intenso que no pude contenerlo, pues sabía cuánta felicidad me ibas a brindar; y no solo a Mí, sino también a todas las personas con que te tropezaras en el largo camino de la vida.

El ganador

El otro día estuve observando a unos niños que jugaban al fútbol. Apenas tenían cinco o seis años, pero era un partido serio, con todas las de la ley: dos equipos con entrenadores, uniformes y un grupo de padres como espectadores. Los equipos estaban equilibrados. Como yo apenas conocía a una de las familias, pude disfrutar del partido sin la ansiedad de que ganara uno u otro bando. ¡Ojalá los padres y entrenadores hubieran podido hacer lo mismo!

Baldes de rosas

«Las cosas van de mal en peor, Señor, y creo saber por qué —pensé mientras me ponía mis gafas de sol y hundía las manos en los bolsillos—. Debo de haberme portado muy mal, porque creo que ya no me amas».

«Sí te amo», resonó una voz en mi corazón.

«No lo creo».

El don de amar más

Amar al prójimo es algo natural para Mí, y cuando me recibes, ese amor se convierte en parte intrínseca de ti. Si bien Yo te dispenso ese amor libremente, es responsabilidad tuya llevarlo a la práctica y aplicarlo. ¿Cómo? Paso a paso, realizando un acto de amor seguido de otro y luego de otro.

Amor sin límites

El Señor es bueno para con todos, y Su compasión, sobre todas Sus obras. A Ti miran los ojos de todos, y a su tiempo Tú les das su alimento. Abres Tu mano, y sacias el deseo de todo ser viviente.  Salmo 145:9,15,16 (NBLH)

El amor de Dios abraza a todas las personas. Dios ha amado al ser humano desde que lo creó. Independientemente de cuál sea nuestro estatus relacional con Él, Dios nos ama. Aunque no creamos en Su existencia, o creamos que existe y lo odiemos, o no queramos tener nada que ver con Él, Él nos ama. Nos trata con amor, benevolencia y consideración en virtud de que formamos parte de la humanidad.

Sin condiciones

No te amo por lo que eres ni por lo que dejas de ser. No te amo por la clase de persona que eres. No te amo por lo que haces ni por lo bien que lo haces. No te amo porque hayas pecado poco o metido la pata con poca frecuencia, ni por las veces que has obrado con acierto. Te amo porque sí, sin condiciones. Aunque esa verdad resulte difícil de entender, cuando la captes toda tu vida cobrará un nuevo significado y mayor profundidad. Descubrirás una nueva realidad. En ti hay plenitud porque se te ama. Eres libre porque se te ama. Eres capaz de amar verdaderamente a los demás porque se te ama plena e incondicionalmente.

Amor eterno

Mi amor te llueve continuamente. Siempre lo dejo caer sobre ti con liberalidad y abundancia. Pero la medida en que tú lo percibes o lo notas depende de tu fe, de cuánto te fijes y descubras las formas en que lo expreso cada día. Puede que lo veas, lo sientas y lo reconozcas, y puede que no; sin embargo, eso no altera el hecho de que sea constante, copioso e incondicional.

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