El multifacético amor de Dios

El multifacético amor de Dios

El amor es como un río. Hay días de abundancia en que fluye caudalosamente; otros corre apenas como un hilo, y vemos el agua rebotar en las piedras del fondo. Pero aun cuando el amor merma y pierde su fuerza hasta casi secarse sobre el lecho cenagoso, luego vuelve a fluir.

Nos viene a la memoria cómo amó Jesús, cómo perdonó, como tendió los brazos para expresar Su compasión. Al adoptarlo a Él como fuente de amor, podemos reabastecer nuestro cauce. La vida cobra una nueva dimensión en Jesucristo. Él es la máxima autoridad en materia de amor. Jesús ama cuando cuesta hacerlo, cuando el amor es rechazado, cuando tiene escaso sentido. Ama cuando los demás se dan por vencidos. Ama aun cuando se portan feo, cuando actúan con frialdad. Ama aun a los indignos.

Y cuando el amor parece haberse secado, acudimos a Jesús y reaprendemos lo que es amar. 
Anónimo

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Nada que hagas aumentará el amor que Dios te tiene ahora mismo; no lo conseguirás ni con tremendos logros, ni con mayor belleza, ni alcanzando más amplio reconocimiento, ni con una mayor espiritualidad y obediencia. Y nada que hayas hecho puede mermar Su amor por ti, ningún pecado, ningún fracaso, ninguna culpa, ningún remordimiento. 
John Ortberg (n. 1957)

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¿Crees que alguien podría abrir una brecha entre nosotros y el amor que Cristo alberga por nosotros? ¡De ninguna manera! No lo harán las tribulaciones, ni las dificultades, ni el odio, ni el hambre, ni la indigencia, ni las amenazas, ni las traiciones. Ni siquiera los peores pecados que se mencionan en las Escrituras. Nada de eso nos afecta, porque Jesús nos ama. Estoy totalmente convencido de que nada —vivo o muerto, angélico o demoníaco, presente o futuro, alto o bajo, imaginable o inimaginable—, absolutamente nada podrá interponerse entre nosotros y el amor de Dios. 
Romanos 8:35,37–39 (MSG)

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El amor de Dios es una de las grandes realidades del universo, un pilar sobre el que descansa la esperanza del mundo. Con todo, también es algo personal e íntimo. Dios no ama a poblaciones, sino a personas. Él no ama a las masas, sino a seres humanos. Él nos ama a todos con un amor extraordinario que no tuvo principio y no puede tener fin. 
A. W. Tozer (1897–1963)

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El amor de Dios refleja Sus principios eternos y absolutos. Es un amor eterno, como lo es Él: más perdurable que el tiempo, más ancho y profundo que las incalculables dimensiones del cosmos. Él mismo nos dice: «Con amor eterno te he amado; por eso te sigo con fidelidad»1David Jeremiah (n. 1941)

1. Jeremías 31:3 (NVI)

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