Naturaleza de Dios

Pendiente hasta de una pila

Mi esposa y yo estábamos en Estados Unidos para asistir a un funeral. Habíamos alquilado un vehículo y salido a hacer unas diligencias. Yo quería encontrar una relojería donde comprar una pila y donde me la pusieran en mi reloj de pulsera. En los dos primeros centros comerciales que visitamos preguntamos a varias personas, pero nadie sabía dónde había una. Una búsqueda en Google también resultó infructuosa, así que desistí de aquella idea.

Volver a empezar

La tierra para volver a empezar
¡Ojalá hubiera un espléndido paraje,
una tierra para volver a empezar,
donde, antes de entrar,
soltáramos nuestros viejos ropajes,
la suma de nuestros yerros,
nuestras angustias
y nuestra codicia egoísta,
para no ponérnoslos de nuevo!

Icemos nuestras velas

En la vida, todo lo que queramos hacer bien requiere esfuerzo, y adquirir un mayor parecido con Cristo también. Requiere esfuerzo cultivar con voluntad y tesón creencias, hábitos, actitudes, pensamientos y conductas que estén en armonía con Dios. También es preciso abandonar intencionadamente creencias falsas, hábitos dañinos, actitudes que no agradan a Dios, pensamientos erróneos y malas conductas.

El horario de atención de Dios

Si alguna vez te ha pasado lo que a mí —llegar a una tienda y descubrir que leíste mal el letrero con el horario de atención, y quedarte mirando las puertas cerradas con cara de hastío—, lo siguiente es para ti.

No suelo recibir revelaciones súbitas, lo que llaman epifanías; pero en ese momento, mientras trataba de entender cómo había errado la hora de cierre en 60 minutos —y al mismo tiempo me justificaba mentalmente—, se me ocurrió una idea.

Mis promesas siguen vigentes

Dije a Mis discípulos que todos los cabellos de su cabeza estaban contados, y que ni un solo pajarillo cae a tierra sin que Mi Padre lo sepa. Les expliqué que no tenían por qué afanarse por sus necesidades materiales, que si confiaban en Mí y me seguían, Yo me aseguraría de que estas quedaran cubiertas.

Lo que hace Dios por mí

Cuando llegué al pabellón de pacientes con Alzheimer para hacer mi turno de enfermería, me encontré con una señora que estaba muy nerviosa y no se quedaba quieta. Podría haberle suministrado algún medicamento para tranquilizarla; pero como no tenía una actitud agresiva ni dolor, decidí caminar un rato con ella. Fue un paseo sin destino; a veces me detenía a estudiar unos cuadros, mostrarle un peluche, mirar por la ventana y cosas así, aunque mayormente nos limitamos a caminar.

Improntas radiantes

«[Jesús] es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que Él es, y el que sostiene todas las cosas con Su palabra poderosa»1.

Jesús se describió a Sí mismo como «la luz del mundo»2; pero ¿has meditado alguna vez sobre lo que eso significa? Jesús es el resplandor del Padre que alumbra nuestra vida, revelando el amor y la naturaleza divinos, iluminando el camino que conduce al Padre, de modo que vivenciemos a Dios y en última instancia entendamos quién es.

Conocer a Dios

Pobre Dios. Tiene un problema.

Mucha gente afirma creer en Dios, pero en realidad no lo conoce.

Para muchos niños, Dios es una mezcla de superhéroe y de mago benévolo de largas barbas blancas, una combinación de Superman y Albus Dumbledore.

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