Naturaleza de Dios

Entrevista relámpago

Dios no constituye un misterio total; en Su Palabra nos ha revelado mucho sobre Sí mismo. Acerca una silla y escucha lo que ha dicho. Aunque no lo descubriremos todo1, hay bastante materia para empezar. «Yo proclamo firmes promesas en público; no susurro cosas oscuras en algún rincón escondido. No les habría dicho […] que me buscaran si no fuera posible encontrarme»2.

Fidelidad a toda prueba

La fidelidad y la lealtad son virtudes en franca decadencia hoy en día. Casi a diario leemos, con asombro y tristeza, noticias de personas que traicionan la fe depositada en ellas, en muchos casos por fama o por lucro. Las historias de deslealtad están a la orden del día y dejan profundas heridas en los afectados. Ciertamente cualquiera es capaz de ello —todos tenemos pies de barro—, por lo que vale la pena que nos esforcemos por ser más leales y valorar la fidelidad, de parte nuestra y de quienes nos rodean. Dios sin duda puede obrar en nosotros y ayudarnos en esa aspiración.

Súbete a un monte alto

Conocer a Cristo se parece un poco a escalar una montaña. Desde abajo se ve bien poco; la montaña misma parece apenas de la mitad de la altura que tiene en realidad.

Al coronar la primera loma, el valle se agranda a nuestros pies.

Quarks de gloria

Peter y yo nos tomamos unos días de descanso en un pequeño balneario. Cierto día, a la caída de la tarde, iba yo paseando por la playa cuando de pronto alcé la vista y me encontré con un deslumbrante cielo arrebolado.

Las nubes dispersas comenzaron a teñirse de tonos durazno, violeta y oro, contrastando con el fondo azul intenso del cielo. A mí me encantan todos los atardeceres; pero de cuando en cuando he presenciado alguno que otro tan, pero tan sobrecogedor que no pude quitarle los ojos de encima. El Gran Pintor desde luego captó mi atención con ese. Era como si estuviese vertiendo luz líquida de colores en cada nube. Los diversos matices las iban llenando hasta que parecían desbordarse. Se difundían en espléndidos torrentes, remolinos y volutas, formando un caleidoscopio vivo en permanente movimiento.

Ahora me desayuno

A veces me sorprendo de lo torpe que puedo llegar a ser. Leo la Biblia con asiduidad desde hace 40 años y, sin embargo, no fue hasta ayer que capté algo tan elemental que me quedé pensando dónde había tenido la cabeza los últimos cuatro decenios.

Últimamente me molesta el injusto trato mediático que se le suele dispensar a Dios. En muchos de los libros que he leído y los programas de televisión y películas que he visto, pareciera que cada vez que se menciona a Dios, lo presentan como un ser duro e inflexible, incluso ruin. Ya me estaba cansando de eso,  simplemente porque no coincide con el Dios que conozco yo. Al mismo tiempo admito que a veces yo mismo he dudado de Su bondad. No es que haya puesto en entredicho que Él sea bueno, sino que me he sentido ajeno a Su bondad, como marginado de ella. Sin embargo, aun lidiando con mis propios interrogantes acerca de la justicia de Dios, sabía que esas formas de retratarlo eran tremendamente injustas.

Mi boda milagrosa

Jesús dijo que si buscamos «primeramente el reino de Dios y Su justicia», Él nos dará todo lo que necesitemos1. A todo jefe le conviene darse cuenta cuando un empleado trabaja esforzadamente y con esmero, y recompensarlo con un aumento de sueldo o un ascenso. Dios piensa de la misma manera. Si invertimos tiempo y energías en Su obra, ayudamos a los demás y vivimos como Él nos manda, Él tomará nota de ello y verá que recibamos nuestra recompensa.

Dios nos evalúa individualmente

Pregunta: Cuando se produce una catástrofe natural, un terremoto o un huracán que se cobra muchas vidas, algunos afirman que es porque Dios castigó a esas personas por sus pecados. ¿Es verdad que Dios actúa de esa manera?

Respuesta: Solamente Dios sabe por qué le suceden ciertas cosas a la gente de determinado país y no a la de otro; o a ciertos individuos y no a otros. Pablo afirmó que los juicios de Dios son «insondables, e inescrutables Sus caminos. Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue Su consejero?»1

El enigma de la Trinidad

En plena clase de matemáticas, uno de mi alumnos de segundo grado hizo una afirmación que me dejó perpleja:

—¡Dios no existe!

Dado que se trata de un colegio cristiano y que Martín es hijo de un pastor, no entendía cómo había llegado repentinamente a esa conclusión en mi clase. Cuando se lo pregunté, exclamó:

—Mi papá dice que está Dios, está Jesús y está el Espíritu Santo; pero a la vez dice que hay un solo Dios. No tiene sentido.

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