Pendiente hasta de una pila

Pendiente hasta de una pila

Mi esposa y yo estábamos en Estados Unidos para asistir a un funeral. Habíamos alquilado un vehículo y salido a hacer unas diligencias. Yo quería encontrar una relojería donde comprar una pila y donde me la pusieran en mi reloj de pulsera. En los dos primeros centros comerciales que visitamos preguntamos a varias personas, pero nadie sabía dónde había una. Una búsqueda en Google también resultó infructuosa, así que desistí de aquella idea.

Mientras conducíamos, mi mujer y yo recordamos a nuestro familiar fallecido, y yo le comenté que me resultaba difícil imaginarme cómo podía aparecerse Jesús en persona a tantos difuntos cuando llegan al Cielo. Habiendo miles de millones de seres humanos en la Tierra y tantos que pasan a mejor vida todos los días, ¿cómo hace Dios para mantener un registro tan detallado de cada uno de nosotros y darnos la bienvenida personalmente cuando llegamos al Cielo?

Acababa de comentarle eso, confesándole mi perplejidad un tanto negativa, cuando sentí el impulso de no desistir aún de conseguir la pila para mi reloj. Total que le dije:

—Voy a volver a preguntar —y giré a la derecha por una calle lateral.

Por increíble que parezca, lo primero que vimos al entrar en el estacionamiento de un pequeño centro comercial fue un local con un letrero grande que rezaba: «Relojería».

Mi mujer se echó a reír.

—¿Ves? Acaba de responderte. ¡Así lo hace!

Ella lo entendió antes que yo. Dios me estaba diciendo de manera sucinta y memorable: «No solo puedo recibir individualmente a cada uno de ustedes cuando llegan aquí, sino que soy capaz de satisfacer sus necesidades más ínfimas —hasta la pila de un reloj— de forma imprevisible».

Dios intervino ese día y respondió mi interrogante. En la relojería nos atendió un caballero vietnamita muy hábil y agradable, entre bellísimos relojes de pared. Tenía justo la pila que necesitaba. Después de revisar mi reloj me aseguró que, aunque tiene ya bastantes años, está en muy buen estado.

Pensé en la introducción del Salmo 139: «Oh Señor, has examinado mi corazón y sabes todo acerca de mí. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; conoces mis pensamientos aun cuando me encuentro lejos. Me ves cuando viajo y cuando descanso en casa. Sabes todo lo que hago»1.

1. Salmo 139:1–3 (NTV)

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William B. McGrath

William McGrath es escritor y fotógrafo independiente. Vive en el sur de México y está afiliado a La Familia Internacional.

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