Jesucristo

Jesús y yo

La fe en Jesucristo es la fuga del alma hacia la ciudad de refugio.
Hugh Binning (1627-1653)

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La unión con Jesucristo es el cimiento de nuestra fe.
Jean-Jacques Pictet (1655-1721)

Mi Jesús polifacético

En mi niñez, Jesús para mí era como Papá Noel. Sabía que Él notaba si me portaba mal o bien. Si yo quería algo, se lo pedía y me portaba súper bien con la esperanza de recibir lo que había pedido. Tal como a mis profesores del colegio y de la catequesis dominical, era alguien al que había que escuchar y obedecer.

Jesús consuela a Sus discípulos

Cuando Jesús reveló a Sus discípulos que pronto se separaría de ellos, quedaron perplejos y le plantearon muchas preguntas. La sola idea de que los dejaría les resultaba casi imposible de asimilar.

Jesús los consoló con estas palabras: «No se turbe su corazón. Ustedes creen en Dios; crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchos aposentos. Si así no fuera, ya les hubiera dicho. Así que voy a preparar lugar para ustedes. Y si me voy y les preparo lugar, vendré otra vez, y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, también ustedes estén. Y ustedes saben a dónde voy, y saben el camino».1

Un fuera de serie

Jesucristo ha hecho más por cambiar la Historia, el curso de la civilización y la condición humana que ningún otro dirigente, grupo, gobierno o imperio antes o después de Él. Manifestó el amor de Dios a miles de millones y allanó el camino para que todos los que creyeran en Él recibieran la vida eterna.

Cuando apareció Jesús

Nunca deja de asombrarme cómo Jesús se aparece en los momentos oscuros y difíciles de nuestra vida. El capítulo 8 de Lucas es una muestra de ello.

Jairo —un clérigo y personaje de cierta relevancia— ruega a Jesús —ya acosado por multitudes de personas deseosas de oír sus palabras— que vaya a su casa y sane a su hija moribunda.

Jesús, su vida y mensaje

Al llegar el momento cumbre de la historia, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo el régimen de la ley, para liberarnos del yugo de la ley y alcanzarnos la condición de hijos adoptivos de Dios1.

Dios envió a Su Hijo al mundo en determinado momento y lugar para que viviera como un ser humano, muriera crucificado y resucitara, todo ello a fin de redimir a la humanidad hundida en el pecado y darle la oportunidad de entrar en Su reino y gozar de una relación estrecha con Él. 

Ponme a prueba

Si no me conoces bien, quiero hacerte una propuesta: En vez de tratar de entenderme, ¿qué te parecería darme una oportunidad de mostrarte la verdad? No solo te indicaré la diferencia entre el bien y el mal y te daré buenos consejos, sino que te revelaré verdades sobrenaturales. La mente humana es incapaz de captar todo lo que soy. Eso es algo que se indaga y se comprende con el corazón. ¿Por qué no compruebas por ti mismo si existo de veras y si soy «el camino, la verdad y la vida», tal como enseñé a Mis primeros discípulos?1 ¿Por qué no me pones a prueba? Acepta Mi amor y Mi presencia, y verás lo que puedo hacer por ti.

El pan de vida

«Yo soy el pan de vida»1 es una de las siete declaraciones de Jesús con las palabras «Yo soy». […]

El pan está considerado un alimento básico y suele ser un componente esencial de nuestra dieta. […] Tanto es así que es sinónimo de comida en general. El pan también es parte integral de la cena judía de Pascua. Durante la fiesta de la Pascua y a lo largo de los siguientes siete días los judíos debían comer pan sin levadura, en conmemoración de su éxodo de Egipto. Y cuando estuvieron vagando 40 años por el desierto, Dios les envió «pan del cielo» para sustentarlos2.

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