Jesucristo

Jesús, su vida y mensaje

Al llegar el momento cumbre de la historia, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo el régimen de la ley, para liberarnos del yugo de la ley y alcanzarnos la condición de hijos adoptivos de Dios1.

Dios envió a Su Hijo al mundo en determinado momento y lugar para que viviera como un ser humano, muriera crucificado y resucitara, todo ello a fin de redimir a la humanidad hundida en el pecado y darle la oportunidad de entrar en Su reino y gozar de una relación estrecha con Él. 

Ponme a prueba

Si no me conoces bien, quiero hacerte una propuesta: En vez de tratar de entenderme, ¿qué te parecería darme una oportunidad de mostrarte la verdad? No solo te indicaré la diferencia entre el bien y el mal y te daré buenos consejos, sino que te revelaré verdades sobrenaturales. La mente humana es incapaz de captar todo lo que soy. Eso es algo que se indaga y se comprende con el corazón. ¿Por qué no compruebas por ti mismo si existo de veras y si soy «el camino, la verdad y la vida», tal como enseñé a Mis primeros discípulos?1 ¿Por qué no me pones a prueba? Acepta Mi amor y Mi presencia, y verás lo que puedo hacer por ti.

El pan de vida

«Yo soy el pan de vida»1 es una de las siete declaraciones de Jesús con las palabras «Yo soy». […]

El pan está considerado un alimento básico y suele ser un componente esencial de nuestra dieta. […] Tanto es así que es sinónimo de comida en general. El pan también es parte integral de la cena judía de Pascua. Durante la fiesta de la Pascua y a lo largo de los siguientes siete días los judíos debían comer pan sin levadura, en conmemoración de su éxodo de Egipto. Y cuando estuvieron vagando 40 años por el desierto, Dios les envió «pan del cielo» para sustentarlos2.

El nombre lo dice todo

Hace poco leí un artículo que explicaba que el sonido de ciertas palabras puede afectarnos emocionalmente. No es de sorprenderse que términos como aceptar, abundante, abrazar, dichoso, humor o jugar inspiren optimismo. De igual modo, oír el nombre de una persona querida nos produce alegría. ¡Haz la prueba! Cierra los ojos y di el nombre de alguien a quien ames entrañablemente. ¿No te hace sonreír?

¿Quién es Él?

Poco después de sanar a «mucha gente» y dar de comer a 4.000 personas con siete panes y unos pocos pececillos1, Jesús preguntó a Sus discípulos quién decía la gente que era Él. Ellos le informaron que para algunos Él era Juan el Bautista, y que otros pensaban que era Elías, Jeremías o algún otro de los grandes profetas que había resurgido de los muertos. Sus respuestas revelaron que la gente en general tenía muy buen concepto de Jesús y lo consideraba un gran profeta. Así y todo, sus hipótesis se quedaban cortas.

Apóyate en Él

Es hora de cenar. Aunque no se trata exactamente de una fiesta, sí es una comida especial. Han reservado una sala privada, han pedido la comida y ya están sentados, comiendo, bebiendo y charlando.

El que encabeza ese grupo variopinto de amigos insistió mucho en celebrar la cena. Hasta ayudó a iniciar los preparativos. Ahora, sin embargo, está serio.

¡Es Él! ¡Es Él!

Pasé con una amiga frente a un cine justo a la hora en que terminaban varias películas y cientos de personas salían a la calle. Un hombre en particular me llamó la atención, por su gran estatura. Venía directamente hacia nosotras. Debía de medir dos metros diez y tenía la contextura atlética de un jugador de baloncesto. Cuando me volví para decirle a Abi lo que pensaba, ella corrió hacia él.

Nuestro humilde Salvador

Veamos de qué manera quedó de manifiesto el carácter de Jesús en algunos sucesos trascendentales de Su vida.

Nació en un establo
[María] lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.  Lucas 2:7

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