12 consejos para una buena alimentación espiritual

12 consejos para una buena alimentación espiritual

Así como los alimentos son esenciales para la salud física, debemos nutrir nuestra alma a fin de mantenernos saludables y desarrollarnos espiritualmente. Eso se hace leyendo o escuchando la Biblia y otras publicaciones que edifiquen la fe. A continuación reproduzco algunos consejos de probada eficacia para sacar el máximo provecho de esos ratos de lectura o escucha.

1. Fíjate un espacio de tiempo.

Procura dedicar 20 minutos todos los días a alimentarte espiritualmente mediante la lectura de la Palabra de Dios. Es difícil que la lectura te aproveche si no te tomas por lo menos esa cantidad de tiempo para asimilar lo que lees y reflexionar. Si no te es posible todos los días, prueba a hacerlo tres o cuatro veces a la semana. En cualquier caso, te costará menos cumplir lo que te hayas propuesto si reservas para ello un espacio fijo de tiempo y lo consideras parte de tus actividades diarias.

2. Escoge un lugar.

Elige un lugar tranquilo donde puedas leer sin interrupciones ni distracciones. Apaga el celular y desconéctate de la Internet.

3. Decide qué vas a leer.

Es buena idea programar lo que se va a leer durante varias sesiones; por ejemplo uno de los libros de la Biblia, o un libro devocional, aunque conviene ser flexible. Es importante variar para mantener vivo el interés.

4. Ora antes de empezar.

Pide a Jesús que te ayude a concentrarte y tener un corazón abierto, a fin de que esos ratos te aprovechen. «Abre mis ojos y miraré las maravillas de Tu ley.»(Salmo 119:18 (RVR 95)

5. Lee la Palabra con detenimiento, reflexión y oración.

Si engullimos la comida a toda prisa, no asimilamos tan bien los alimentos como si comemos más despacio. Lo mismo puede decirse de nuestra alimentación espiritual. Si queremos nutrirnos espiritualmente, debemos tomarnos el tiempo para asimilar bien lo que leemos.

6. Aplícate lo que lees.

A menudo, durante la lectura, te llamará la atención un punto en particular. Puede que se trate de un pasaje que ya has leído; de repente, sin embargo, el texto cobra vida y descubres la aplicación que tiene para ti personalmente determinado principio espiritual.

7. Lleva a la práctica lo que lees.

Para experimentar al máximo el poder de la Palabra de Dios es necesario poner en práctica lo que dice. «Sed hacedores de la Palabra y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos»(Santiago 1:22). El propio Jesús prometió: «Si sabéis estas cosas, bienaventurados sois si las hacéis»(Juan 13:17 (RVR 95).

8. Lleva un diario de tu vida espiritual.

Anota en un cuaderno los pasajes y versículos más destacados que hayas leído, para poder consultarlos en el futuro. Poner por escrito tus pensamientos sobre lo que lees tiene dos propósitos: hace que las enseñanzas se cristalicen y además te las graba en la memoria, de modo que las recuerdes cuando surjan oportunidades de aplicarlas. Asimismo constituye un buen repaso. El cuaderno también se puede emplear para consignar enseñanzas espirituales y momentos decisivos o destacados de tu relación con Jesús y con tus semejantes, aunque no estén necesariamente ligados a los ratos que dediques a nutrirte espiritualmente.

9. Memoriza.

Para bien o para mal, todo lo que asimilamos —consciente o inconscientemente, por decisión personal o por casualidad— influye en nuestros pensamientos y por ende en nuestras acciones. Sin embargo, podemos escoger el agente que más deseamos que nos transforme o nos motive. Si optamos por que sea la Palabra de Dios, es recomendable aprendernos de memoria versículos clave de la Biblia o enseñanzas que descubramos en nuestros ratos de alimentación espiritual. «En mi corazón he guardado Tus dichos, para no pecar contra Ti»(Salmo 119:11). En épocas de dificultades y decisiones importantes, los pasajes que te hayas aprendido te proporcionarán consuelo y fortaleza y al mismo tiempo te facultarán para ayudar y brindar soluciones a otras personas necesitadas.

10. No te preocupes mucho si hay algo que no entiendes.

En cierta ocasión San Agustín de Hipona (354–430 d.C.) se encontraba sumamente desconcertado acerca de un aspecto de la fe. Caminando junto a la orilla del mar, vio a un niño que una y otra vez corría hasta el borde del agua con una concha en la mano, la llenaba y luego vertía el agua en un hoyo que había cavado en la arena. Cuando Agustín le preguntó qué hacía, el niño le explicó con gran naturalidad que estaba echando el mar en el hoyo. «Eso mismo trato de hacer yo —se dijo—. Parado en la orilla del tiempo pretendo meter lo infinito en mi mente finita».

11. No te afanes por entender todos los detalles de la historia y la geografía bíblicas.

Si bien resulta interesante informarse de la historia y la geografía, los principios espirituales tienen mucho más valor. Por ejemplo, cuando leemos los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles, vemos en ellos un modelo de amor en acción que sabemos que debemos imitar. Al leer los Salmos y otros pasajes de alabanza, podemos aplicar esos pensamientos y principios a las oraciones que nosotros mismos hacemos.

12. Siegue una dieta variada.

Los cuatro Evangelios, los Salmos y los Proverbios son los libros devocionales más leídos —y releídos— de todos los tiempos; pero no te contentes con eso. En la variedad está el gusto, y esa es asimismo la clave para que tus ratos de alimentación espiritual lleguen a ser el plato fuerte y el punto culminante de tu jornada.

(Adaptación de una clase del curso 12 piedras fundamentales, que cubre los rudimentos y la puesta en práctica de la Palabra de Dios. El curso se ofrece gratuitamente en línea).

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Abi May

Abi May, que también firmaba con el seudónimo de Chris Hunt, fue colaboradora de Conéctate desde Gran Bretaña.

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