La Biblia

La mesa está servida

Los cristianos que se interesan por crecer espiritualmente reconocen que dedicar tiempo a leer y asimilar la Palabra de Dios es de vital importancia. La Biblia nos habla de Dios y Su amor por la humanidad, de Jesús y Su mensaje, y nos enseña a vivir en armonía con Dios y el prójimo.

Plenitud de gozo

Los Evangelios no siempre tuvieron ángel para mí. Representaban una materia más del colegio. Eran sugerentes, pero no lo suficiente como para zambullirme en ellos en busca de brillantes verdades. Eso hasta los 17 años, cuando cayó en mis manos un librito con el Evangelio de Mateo, que me cautivó. Por entonces vivía yo en Nueva York y recuerdo haberme sentado en la ladera de un cerro, junto a una inmensa autopista, a leer el Sermón de la Montaña. En aquella etapa de joven idealista que soñaba con labrar un mundo mejor, las palabras de Jesús fueron lo más revolucionario que había leído yo en la vida. Después de eso ya no me despegué de su lectura. Sucumbí a su encanto.

Respetar los linderos

Poco después del terremoto y tsunami que hubo en Japón en marzo de 2011, leí un artículo acerca de los hitos de piedra de 600 años de antigüedad que las anteriores generaciones de japoneses erigieron sobre los cerros que hay a lo largo de la costa, donde muchas poblaciones ya habían sido devastadas por tsunamis. Esos mojones marcaban hasta dónde había llegado la ola de un tsunami anterior y advertían a los residentes que no construyeran por debajo de esa línea.

El libro que me conoce íntimamente

Mi relación con la Biblia data de mis primeros años escolares. Empezó con buen pie. Una amable monjita, con talante de buena educadora, me introdujo en el fabuloso mundo de la Historia Sagrada. Con ella, juntamente con 25 compañeritos, me sumergí en el enfrentamiento entre David y Goliat, el relato de Noé y el Diluvio, la vida de Moisés y muchos otros episodios inmortales. Para mi desdicha, en pocos años la cosa fue de dulce a agraz cuando un almidonado profesor de religión, con buenas intenciones pero poco sentido pedagógico, nos impuso la aburridísima tarea de redactar un comentario de dos folios sobre cada capítulo del Evangelio de Lucas. 

Comer para crecer

El primer versículo de la Biblia que recuerdo haber memorizado fue 1 Pedro 2:2: «Deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán». En aquella época yo tenía poco más de tres años, y acababa de nacer un hermanito mío. Mi madre aprovechó la oportunidad para enseñarnos a los niños mayores que necesitábamos la Palabra de Dios para crecer espiritualmente, tanto como nuestro hermanito recién nacido necesitaba la leche materna para su desarrollo físico. Recuerdo con claridad que me gustó ese versículo; pero siendo una nenita de tres años no llegué a captar la profundidad de la enseñanza.

El vínculo entre la fe y la Palabra

Si alguien me entregara un libro que me pareciera tan sencillo como las tablas de multiplicar y me dijera: «Esta es la Palabra de Dios. En ella Él nos ha revelado toda Su sabiduría y Sus designios», movería la cabeza en señal de incredulidad y diría: «No puedo creerlo; es demasiado fácil para ser una revelación perfecta de infinita sabiduría». En cualquier revelación total del pensamiento, la voluntad, el carácter y el ser divinos no es posible que no haya elementos difíciles de desentrañar para un principiante; y aun los más sabios y sagaces entre nosotros somos apenas eso: principiantes.R. A. Torrey

Las palabras intemporales de Dios

Existe una diferencia entre los principios y las promesas universales e intemporales que hay en la Biblia, y las instrucciones y consejos que Dios dio a determinadas personas para ciertas épocas o situaciones, que también están registrados en la Biblia. La Palabra imperecedera, que no se circunscribe a ninguna época, la constituyen los pasajes que se aplican a todo el mundo, en todas partes, y que nunca sufren alteración. Por ejemplo, «Dios es amor»(1 Juan 4:8) es una de las verdades más poderosas de la Biblia, y por supuesto es inmutable.

12 consejos para una buena alimentación espiritual

Así como los alimentos son esenciales para la salud física, debemos nutrir nuestra alma a fin de mantenernos saludables y desarrollarnos espiritualmente. Eso se hace leyendo o escuchando la Biblia y otras publicaciones que edifiquen la fe. A continuación reproduzco algunos consejos de probada eficacia para sacar el máximo provecho de esos ratos de lectura o escucha.

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