La Biblia

La carta náutica

La única guía infalible para navegar por la vida

Si fueras a realizar una larga travesía marítima, ¿no llevarías contigo una carta de navegación? Pues lo cierto es que te has embarcado en un largo viaje —la vida—, y el único que conoce la ruta encargó a algunos de Sus hombres que trazaran un mapa detallado para ayudarte a alcanzar tu destino sin percances. Si insistes en que no tienes tiempo para estudiar esa carta náutica —la Biblia— es como si un marino se hiciera a la mar diciendo: «¡Estoy tan apurado por llegar a mi puerto de destino que no tengo tiempo para consultar la carta de navegación!»

Comunicarse con Dios

La amistad auténtica y duradera se edifica sobre la comunicación. No podría ser de otra manera. Ya sabes lo que significa tener un buen amigo. Le cuentas tus cosas, te comprende, tú lo comprendes a él. Así quiere ser Jesús con nosotros. Desea entablar una amistad estrecha con nosotros; no una relación distante. Ahora bien, para que esa amistad se profundice es esencial que haya comunicación. Dirigir nuestros pensamientos a Jesús y presentarle nuestras necesidades por medio de la oración es un aspecto de esa comunicación; el otro consiste en escucharlo.

Simplemente porque lo dice Dios

La Palabra del Todopoderoso no puede fallar. Puedes fiarte de ella. Cuando capté ese principio por primera vez, me di cuenta de que a lo largo de los años la Biblia nunca había sido para mí un libro vivo, un libro vital, sino más bien una miscelánea de credos, doctrinas y dichos sabios plasmados en papel. Nunca había conocido la eficacia de la Palabra de Dios, ni había creído que pudiera obrar milagros. No sé por qué nadie me había revelado antes esas verdades. El hecho es que de repente nació una profunda convicción en mi alma, la certeza de que Dios no podía faltar a Sus promesas.

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