Sacudir el tedio

Sacudir el tedio

«Si ustedes permanecen en Mi palabra —decía Jesús— serán verdaderamente Mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.»1 Sabemos que dedicar regularmente tiempo a la lectura y estudio de la Palabra, así como a la oración y a escuchar la voz apacible de Dios, es esencial para nuestra salud y rendimiento espirituales. Sin embargo, a veces no tenemos la constancia que quisiéramos para hacerlo. Nos saltamos la lectura de la Biblia, nos tomamos de prisa los ratos de oración y posponemos acudir al Señor para pedirle consejo sobre asuntos importantes.

Desgraciadamente me parece que a veces nos familiarizamos mucho con la Palabra de Dios y no la apreciamos como es debido, de suerte que nos llega a producir aburrimiento. Hoy en día hay tanto que leer; en Internet se tienen al alcance de la mano artículos sobre prácticamente cualquier tema. Eso puede suponer una distracción, ya que otros escritos a veces pueden parecernos más interesantes que la Palabra de Dios o que otros libros devocionales. A veces tenemos la impresión de que otros libros sintonizan más con el mundo contemporáneo.

Además, en el mundo actual nos vemos bombardeados por un sinfín de distracciones que quizá nos entretienen y nos relajan, pero que nos privan de tiempo que normalmente dedicaríamos a la lectura y estudio de la Palabra de Dios y de otros escritos para nutrir el espíritu.

Si en tu vida espiritual te cuesta superar la apatía y el aburrimiento, si se te hace difícil concentrarte y fijar la atención cuando lees la Palabra de Dios y te parece que tu relación con el Señor se ha estancado, no eres la excepción. Me aventuraría a decir que eso nos sucede a todos en algún momento, y para algunos supone una lucha constante.

Dado el ritmo frenético al que se vive en esta era moderna, creo que es aún más difícil contentarnos con estudios silenciosos. No estamos acostumbrados a… guardar realmente silencio… y nuestros pensamientos tienden a divagar.

A veces el solo hecho de reconocer que has permitido que el tedio se te cuele en tu vida espiritual puede ser una ayuda. Si estás abierto a reconocer que hay un problema, puedes embarcarte en la búsqueda de una solución o ver cómo mejorar la situación. Luego, puedes invocar la guía divina para que te indique un mejor modo de abordar la situación o un cambio de actitud que enriquezca el tiempo que dedicas a Él.

Enseguida expongo varios conceptos tomados de un sitio web que te pueden servir:

Una reunión, no una costumbre. Se habla de la costumbre de orar y de leer la Biblia a diario; no obstante, tus momentos de quietud son en realidad una reunión con el Cristo vivo. No pongas tanta atención en la mecánica del proceso que te pierdas a la Persona que lo mueve. Si quieres que esos momentos de silencio cobren más sentido, considera la oración y la lectura de la Biblia como un diálogo cotidiano que sostienes con Dios.

Un privilegio, no un deber. Recuerda que Dios te ama mucho. Y quiere pasar tiempo contigo. No te cargues de culpa porque «incumpliste tus deberes con Él». Más bien, en cualquier tiempo que tengas, concéntrate en expresar tu amor y devoción a Dios. Pronto te emocionará más la idea de pasar ratos con el Señor.

Un plan que se amolde a ti. Muchas personas dicen: «Me encanta cocinar, pero detesto decidir lo que voy a preparar para la cena». El mismo principio se aplica a los ratos de devoción cotidianos. Por eso es útil tener un plan de lectura diaria de la Biblia o una guía devocional. Así no tendrás que pasar tus momentos de quietud planificando el menú, por así decirlo, y puedes tener el placer de cocinar.

Ingenio y variedad. Hasta lo bueno se puede volver monótono. Para que tus intercambios con Dios conserven esa novedad cada día, de vez en cuando conviene cambiar de táctica. Lee el pasaje en una traducción nueva de la Biblia. Redacta un diario con tus reflexiones. Prueba un plan de lectura de la Biblia en un año. Prueba varios programas de lectura de la Biblia o estudia un libro de la Biblia en profundidad con la ayuda de notas explicativas.

Escuchar. La oración no consiste solo en hablarle a Dios; se trata también de escuchar. Dedica tiempo a estar en silencio en presencia de Dios y desahogarte con Él de tus inquietudes y preocupaciones. Reflexiona en las experiencias del día anterior. ¿Cómo viste obrar la mano de Dios? Recapacita sobre lo que leíste en la Palabra de Dios. ¿Qué te dice Dios? Cuando amas a alguien, dedicas tiempo a escucharlo a él o ella.

A continuación, algunas ideas más que tal vez quieras tener en cuenta si necesitas dar un renovado ímpetu a tus ratos de alabanza, oración y lectura de la Palabra de Dios.

Pide al Señor que te dé sed de conocerlo mejor por medio de la lectura de Su Palabra.

Busca una traducción de la Biblia que te resulte clara y fácil de entender, sea una de corte más tradicional o una contemporánea; la meta es que disfrutes de la lectura y que te hable personalmente.

Lee y adora a Dios junto con otra persona, alguien con quien se puedan rendir cuentas mutuamente. Comenten sobre lo que leen.

Medita en lo que has leído. Pide al Señor que te revele lo que significa para ti en particular y qué aplicación tiene a tu vida.

Nuestra relación con Dios es parecida a otras relaciones íntimas: no es posible mantener un alto nivel espiritual las 24 horas del día, 7 días a la semana. A veces puede llegar a ser una tarea un poco mecánica, y está bien. Tener esto presente nos ayuda a no abrigar expectativas poco realistas. En todo caso, al aplicar estas pautas sencillas podemos dar energía a esos períodos ocasionales de aburrimiento espiritual.

1. Juan 8:31,32

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Peter Amsterdam

Peter Amsterdam

Peter Amsterdam se dedica activamente al servicio cristiano desde el año 1971. En 1995 accedió al cargo de codirector —junto con su esposa María Fontaine— de la comunidad de fe conocida como la Familia Internacional. Es autor de una diversidad de artículos sobre fe y teología cristiana. (Los artículos de Peter Amsterdam publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

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