6 sueños que forjaron a un hombre

6 sueños que forjaron a un hombre

Las desdichas de José se iniciaron con dos sueños.

—Escuchen lo que soñé —dijo a sus 11 hermanos—. Estábamos atando gavillas en el campo cuando la mía se levantó y las de ustedes se inclinaron ante la mía.

En el segundo sueño de José, el Sol, la Luna y 11 estrellas se inclinaban ante él.

El significado de aquellos sueños no era ningún misterio. Hasta su padre, que lo amaba más que a sus hermanos, se ofendió y lo reprendió públicamente.

Jacob perdonó a José; no así sus hermanos. Cuando se les presentó la oportunidad, lo vendieron como esclavo a unos mercaderes extranjeros que viajaban a Egipto.

Luego de muchos años trabajando de mayordomo y hombre de confianza en la casa de Potifar —capitán de la guardia del faraón—, Joséfue injustamente encarcelado en los calabozos reales. La mujer de Potifar había tratado de seducirlo y, al no lograrlo, lo acusó falsamente de intento de violación. Dios, sin embargo, estaba con José. Al poco tiempo el carcelero le encomendó la dirección de los asuntos cotidianos de la prisión.

Pasaron varios años más hasta que los sueños volvieron a dejar su impronta en la vida de José.

A causa de ciertas ofensas que la Biblia no precisa, el faraón mandó a su copero y a su panadero a la cárcel, la misma en la que José era el guarda de facto.

Una mañana el copero y el panadero estaban visiblemente turbados. José les preguntó qué los afligía, y le contestaron

—Los dos tuvimos sueños anoche, pero nadie nos sabe decir qué significan.

—La interpretación de sueños es asunto de Dios —les respondió José—. Cuéntenme qué soñaron.

El copero procedió entonces a referirle su sueño:

—Soñé que había una vid delante de mí, y en la vid tres sarmientos que ya empezaban a dar brotes y florecer. Al poco tiempo produjeron racimos de uvas maduras. Yo sostenía en la mano la copa del faraón. Tomé un racimo de uvas y las exprimí en la copa. Seguidamente la puse en la mano del faraón.

—Esta es la interpretación del sueño —dijo José al copero—: Los tres sarmientos son tres días. Al cabo de tres días el faraón te levantará y te restituirá a tu puesto. Acuérdate de mí cuando te vaya bien. Haz mención de mí al faraón, para que me libre de esta prisión.

Viendo el panadero que la interpretación del sueño del copero era para bien, le refirió su sueño a José:

—Yo también tuve un sueño. Soñé que llevaba apilados sobre la cabeza tres canastillos blancos. En el más alto había toda clase de manjares de pastelería para el faraón, pero las aves vinieron y se los comieron.

La interpretación del sueño del panadero no era nada auspiciosa. Es de imaginarse, pues, la lucha interior que tuvo José para explicarle lo que Dios le había revelado:

—Los tres canastillos tres días son. Dentro de tres días el faraón ordenará tu ejecución.

Tres días más tarde se celebró el cumpleaños del faraón. El copero fue restituido a su puesto, y el panadero ajusticiado, tal como José había predicho. Desgraciadamente el copero enseguida se olvidó de José, que continuó languideciendo en la prisión.

Transcurridos dos años, el faraón tuvo dos sueños en una misma noche. En el primero, siete vacas flacas de feo aspecto devoraban a siete vacas gordas. En el segundo, de un solo tallo crecían siete espigas hermosas cargadas de grano. Luego crecieron siete espigas delgadas marchitadas por el viento solano, que devoraron a las siete espigas gordas.

Al despertar, el faraón mandó llamar a sus magos y adivinos para que le interpretasen aquellos sueños; pero ninguno pudo. Finalmente el copero habló al faraón de José y de su habilidad para interpretar sueños. Entonces el faraón mandó llamarlo.

Cuando el faraón describió sus sueños, Dios le reveló a José que se trataba de visiones proféticas del futuro de la región. Habría siete años de abundancia seguidos de siete de hambruna. El mensaje del Señor para el faraón era que debía prepararse para los años de hambre acopiando provisiones durante los años de abundancia.

El consejo de José agradó al faraón, tanto que le encargó la dirección del acopio y almacenaje de los excedentes durante los siete años buenos. Asimismo lo designó segundo en la jerarquía del reino de Egipto.

Y ¿qué pasó con los sueños de José acerca de la pleitesía que le rendirían sus padres y hermanos?

Al cabo de unos años, cuando el hambre azotó la región de Canaán —de donde era oriundo José—, su padre envió a sus hermanos a Egipto a comprar grano. Allí se inclinaron ante el lugarteniente del faraón sin saber que se trataba de su hermano menor. José entonces ingenió un complejo plan para averiguar si se habían arrepentido de lo que le habían hecho. Una vez convencido de que, en efecto, así era, les reveló su identidad.

Al leer la historia de José en los capítulos 37 a 50 del Génesis, llama la atención cómo los reveses que sufrió moldearon su personalidad. Aquel niño consentido pasó a ser un humilde esclavo, luego un siervo cumplidor, luego un hombre condenado, un preso de confianza y finalmente el brazo derecho del faraón. Cada vicisitud que vivió, cada vuelta de la vida, contribuyó a convertirlo en el hombre que Dios quería que fuera y al cumplimiento de los designios divinos. Tal vez fue José el que mejor sintetizó lo sucedido cuando, refiriéndose al hecho de haber sido vendido como esclavo y viendo a sus hermanos arrepentidos, les dijo: «Dios lo dispuso todo para bien».

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Ronan Keane

Ronan Keane es el jefe de redacción de la revista Activated. 

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