Relatos bíblicos

Mis héroes, a pesar de sus defectos

Algo a todas luces singular en la Biblia es el hecho de que los héroes de la fe —con la excepción de Jesús, claro está— estaban lejos de ser hombres y mujeres perfectos. Se los describe con todos sus defectos. A mí me encanta la Historia. Cuando uno lee literatura antigua, se acostumbra a que se idealice a los héroes. Si tenían rasgos negativos, estos son minimizados. No sucede lo mismo con los héroes de la Biblia. Me parece que el hecho de retratarlos realistamente otorga a la Biblia mucha más credibilidad.

De alboroto en alboroto

Relato novelado de los acontecimientos que tuvieron su culminación en el capítulo 2 del libro de los Hechos

Alboroto es lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en Él. No me olvidaré nunca de la primera vez que lo vi. Había acudido a la sinagoga para el oficio del sábado. Judit era una viuda anciana que tenía la espalda completamente deformada. Se acercó a aquel maestro itinerante y le imploró ayuda. Enseguida fue capaz de enderezarse, por primera vez en años. ¿Cómo era eso posible?1

Dios es atemporal

He llegado a darme cuenta de que Dios se toma Su tiempo para hacer las cosas. Tal vez sea consecuencia de Su naturaleza eterna. Tiene todo el tiempo del mundo. ¿Por qué habría de apurarse?

Dios es un inversionista, no un especulador. Él no compra hoy algo con la intención de venderlo mañana. No cabe duda de que espera que Sus inversiones rindan bastante, pero puede esperar mucho tiempo si es necesario. Él invierte en las personas y por lo visto no le importa el tiempo que tarde una inversión en dar réditos. Por supuesto, algo que  ayuda es el hecho de que Él conoce el futuro.

Fundamentar la fe

En el libro de los hechos, capítulo 17, se narran las primeras vivencias del apóstol Pablo en Tesalónica y Berea, dos ciudades situadas en lo que hoy es Grecia. Ambas contaban con una comunidad judía, sinagoga y, según se desprende del texto, un número importante de griegos convertidos al judaísmo. En Tesalónica, «como era su costumbre, Pablo entró en la sinagoga y tres sábados seguidos discutió con ellos. Basándose en las Escrituras, les explicaba y demostraba que era necesario que el Mesías padeciera y resucitara. Les decía: “Este Jesús que les anuncio es el Mesías”» (v. 2,3; NVI). Algunos al oírlo quedaron convencidos; otros no. Estos últimos incitaron a la gente y provocaron tal persecución que Pablo y Silas tuvieron que huir a la vecina ciudad de Berea.

Sarepta

(Adaptación de 1 Reyes 17:8–16)

—¿Tendría algo que darme de comer y de beber?—preguntó el modesto forastero—. El hambre y el cansancio del viaje me han debilitado. Se lo ruego.

Me compadecí. Yo también tenía retortijones de hambre. En Sarepta, como por lo visto en la región de donde venía aquel forastero, había sequía y escasez. Yo también me sentía débil y cansada. Como él, necesitaba que alguien me salvara de la muerte.

Tocar a Jesús

Relato basado en Lucas 8:43-48

Jesús se dirigía un día a la casa de un hombre cuya hija estaba gravemente enferma.

Como de costumbre, la muchedumbre se agolpaba en torno a Él y lo empujaba. En medio de aquel aluvión de gente se encontraba una mujer que desde hacía 12 años padecía de una constante hemorragia. Había ido de médico en médico sin lograr que ninguno la curase. Se había gastado hasta el último centavo en tratamientos que le habían significado mucha angustia y dolor. Pero el flujo de sangre no cesaba.

Aplacó mi sed

(Adaptación del capítulo 4 de San Juan)

Susana suspiró mientras se cubría su larga caballera negra. Tomando un cántaro vacío, se encaminó por el largo y polvoriento sendero que conducía al pozo comunal que había en las afueras de Sicar, la aldea samaritana donde vivía. Se acercó al pozo con cautela, pues vio a un desconocido sentado junto al mismo, que por su apariencia era judío. 

Tesoros en el Cielo

Zaqueo miró por la ventana hacia el poniente. Las aguas del mar se mecían suavemente, teñidas de ámbar por el ocaso. Era también el ocaso de su vida, y un buen momento para hacer un balance de ella. Se consideraba un hombre afortunado. Sus remembranzas le arrancaron una sonrisa. Evocó rostros de niños alegres, de personas que habían recuperado la esperanza, de incrédulos que habían descubierto la fe, manifestaciones del amor de Dios por Su pueblo. ¡Cuánto significaban para él esos recuerdos! Pero no siempre había sido así.

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