Relatos bíblicos

Volver a empezar

(Cavilaciones del apóstol Pedro, en versión de Abi May)

Una angustia tan profunda me envuelve el corazón que ni el flujo incesante de mis lágrimas es capaz de disipar el remordimiento y la desesperación. ¿Cómo es posible que todo saliera tan mal?

Hasta hace tres años estaba más o menos contento con mi vida de pescador. Admito, eso sí, que no me sentía realmente satisfecho. Me molestaba tener que pagar mis tributos al recaudador. Les tenía rabia a los rabinos, que me criticaban por beber y por mi lenguaje rudo. 

Una batalla de lo más original

De todas las batallas que se han librado en defensa de un país asediado, la que relataremos a continuación es probablemente una de las más insólitas y originales. ¿Dónde se ha visto una campaña militar encabezada por un conjunto de cantantes y músi­cos? ¡Y vaya música la que entonaron! He aquí lo sucedido, tal como está consignado en la Biblia, en el capítulo 20 del segundo libro de Crónicas:

El pozo secreto

Hace unos dos mil años, en Palestina, una mujer fue un día tranquilamente a un pozo comunal a buscar agua. Se trataba del famoso Pozo de Jacob, llamado así en honor al patriarca que lo cavó. La mujer era samaritana, de la ciudad de Sicar. Según parece, su vida hasta aquel momento había sido un fracaso. En su historial figuraban cinco matrimonios. Todos los habitantes del pueblo la conocían y tenían una opinión formada de ella. Para soportar los chismes, había adoptado una fachada de mujer fuerte.

Testigo ocular

Las últimas 24 horas han sido perturbadoras, aterradoras, maravillosas. Todo comenzó con una orden de Caifás, el sumo sacerdote; Caifás, el títere de Roma; Caifás, a quien sirvo. «Malco, ¡haz esto! Malco, ¡haz aquello!» Huelga decir que tengo que obedecer sus órdenes. Soy un títere del títere, y mis funciones consisten en llevar a cabo los trabajos sucios que me encarga. Desde luego, este fue el más sucio de todos.

«Hazme una torta»

De cómo la dadivosidad salvó tres vidas

Adaptación de 1 Reyes, capítulo 17

Lo que vamos a relatar aconteció en Israel alrededor del año 850 a.C. Era una época triste y difícil para la nación hebrea, que vivía sujeta al yugo del peor rey que había tenido hasta entonces: Acab. Éste se hallaba bajo el influjo de Jezabel, su maligna esposa, la cual había abrazado como religión el baalismo, el culto a Baal, un dios de los paganos. Bajo el impío reinado de Acab y Jezabel, los profetas del Dios verdadero fueron liquidados sistemáticamente y el baalismo se convirtió en la religión oficial del Estado.

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