¿Cargas o tesoros?

Muchas cosas que nos parecen desgracias son en realidad obsequios divinos. Como reza el refrán: El mal que en bien acabó era un bien que se disfrazó.

Había una vez una mujer que amaba mucho al Señor y no tenía otro anhelo que complacerlo.

—Haré cualquier cosa que me pidas —prometió.

En el fondo albergaba la esperanza de que Dios le concediera un noble y destacado puesto de servicio.

Vio con asombro que el Altísimo le entregaba un pesado saco de arpillera para que lo cargara sobre sus hombros mientras transitaban juntos por la vida. El contenido del mismo despertó la curiosidad de aquella señora, pero resultó que estaba muy bien amarrado con una cuerda. Los intrincados nudos evidenciaban que todavía no había llegado el momento de abrirlo.

Al emprender camino, la mujer sucumbió bajo el peso de aquella carga.

—Pesa demasiado —objetó.

—Mi fortaleza se perfecciona en tu debilidad —le respondió Jesús con tono reconfortante—. Cuando el camino se ponga empinado o te sientas desmayar, apóyate en Mí.

Siguieron adelante juntos y sucedió tal como el Señor le había dicho. A veces la mujer se detenía y le decía que era demasiado peso para ella. Entonces lo cargaban juntos.

Finalmente llegaron a su destino. La señora descargó su bulto a los pies de Jesús y suspiró de alivio. Sus días de llevar la pesada carga habían tocado a su fin.

—Ven, hija Mía, veamos qué contiene —dijo Jesús con mirada risueña.

Un solo tirón de Su mano bastó para que se desataran los nudos y el saco se abriera dejando caer su contenido.

—¡Riquezas del Cielo! —exclamó la mujer contemplando con fruición aquellos tesoros de inigualable belleza.

—Esta es la recompensa eterna que te he preparado. Es una muestra de aprecio por todo lo que has soportado y sufrido por Mí —explicó Jesús.

El asombro de la señora se tornó en lágrimas de alegría. Cayó a Sus pies y dijo:

—Señor, perdóname. Todos estos años no lo entendí. ¡Ojalá hubiera confiado en Ti en lugar de dudar de lo que hacías! Si hubiera entendido qué había dentro del saco, lo habría cargado con alegría. ¡No debí haberme quejado!

Análogamente, los problemas que a ti te parecen pesados y desagradables tal vez sean joyas y tesoros que el Señor te está preparando en recompensa por llevar la carga que Él te ha encomendado. Muchas veces el bien vestido de mal viene.

Puede que al mirar a tu alrededor y ver personas cuyas cargas parecen más ligeras que la tuya te sientas tentado a trocar lugares con ellas. Sin embargo, si Dios te concediera ese deseo, descubrirías que esa carga es más pesada que la tuya, puesto que no fue concebida para ti. Las cargas que llevamos se han preparado con gran amor y cuidado, a la medida de cada uno. Dios sabe exactamente qué es lo mejor para ti. Confía en Él.

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