Cuando debemos sobrellevar cargas ajenas

A veces Dios también permite que se nos ponga a prueba y que experimentemos dificultades para hacernos más comprensivos con otras personas que pasan por trances similares. Aprendemos así a compadecernos de los demás, consolarlos, fortalecerlos y asistirlos.

Eso hizo Jesús por nosotros. Vino a la Tierra y se puso en el mismo plano que nosotros a fin de experimentar las mismas vivencias. Se sintió defraudado, sufrió desazón, dolor físico y angustia espiritual, todo ello con el fin de identificarse mejor con nosotros. La Biblia dice que Jesús es capaz de compadecerse de nuestras flaquezas y enfermedades porque «en todo fue tentado según nuestra semejanza».1 Habiendo vivido en este mundo, está en condiciones de «consolarnos en todas nuestras tribulaciones». ¿Por qué? «Para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios».2

Nos ha llamado a entregarnos a los demás, tal como hizo Él por nosotros. Nos hace pasar por muchas de las mismas penalidades que sufren nuestros semejantes con el objeto de volvernos más compasivos y capacitarnos mejor para asistirlos. Emplea ese método magnífico —si bien por momentos doloroso— para asemejarnos más a Él.

* * *
La vida de grandes hombres nos recuerda
que la nuestra también puede ser sublime,
que podemos partir dejando a nuestro paso
huellas en las arenas del tiempo;
huellas que quizás a otro
que surque el mar solemne de la vida,
un hermano náufrago y sufriente,
le infundan nuevos ánimos.
Henry Wadsworth Longfellow

1. Hebreos 4:15
2. 2 Corintios 1:4

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