El Alfarero sabe lo que hace

Señor, Tú eres nuestro Padre; nosotros barro, y Tú el que nos formaste; así que obra de Tus manos somos todos nosotros».1

En este y otros pasajes de la Biblia, se compara al Señor con un alfarero, y a nosotros con la arcilla en Sus manos, la cual Él se propone modelar para formar una vasija que le sea útil.2

El alfarero comienza con un trozo de arcilla y lo coloca en el torno. A medida que la rueda hace girar la arcilla, el artesano le va dando forma, modelando la hermosa vasija que aspira crear. Todo ese tiempo la arcilla tiene que ceder y amoldarse a los movimientos de las manos del ceramista. Toma tiempo.

A veces el alfarero descubre un defecto. En ese caso, toma el mismo barro, lo aplasta, le añade un poco de agua para ablandarlo y vuelve a trabajarlo y modelarlo hasta hacer una nueva vasija, una vasija mejor.

Imaginemos por un momento que la vasija tiene sentimientos: probablemente no le resulte nada agradable que su hacedor la aplaste, la golpee, la desfigure y la rehaga. Pero a la larga, gracias a ello se convertirá en una vasija mejor.

Sigamos alegorizando: cuando ya la arcilla piensa que ha pasado lo peor, la meten en un horno de altísima temperatura con la finalidad de endurecerla. Así se vuelve más resistente.

«La vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla [...] "¿No podré hacer Yo de vosotros como este alfarero?", dice el Señor. "He aquí, que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en Mi mano."»3

¿Tiene acaso la arcilla derecho a poner en duda el criterio del ceramista? «¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: "Por qué me has hecho así?" ¿No tiene potestad el alfarero sobre el barro?»4

Recuerda lo ya dicho anteriormente: Todo lo que Dios hace, lo hace con amor. Él te está convirtiendo en una hermosa vasija, única y especial para Él. Hace de ti una vasija útil, capaz de contener el agua de Su amor, la cual anhela verter por medio de ti para refrescar a otros. No podrías estar en mejores manos. Confía en Él.

* * *
Dios sólo se vale de hombres y mujeres quebrantados; son los únicos que le sirven. Los demás confían demasiado en sí mismos y en sus propias fuerzas. Dios tiene que quebrarlos, ablandarlos y modelarlos en Sus manos de Alfarero para convertirlos en vasijas mejores. Pero Él no lo hace a la fuerza. El quebrantamiento depende de ti, de tu sumisión y de que estés dispuesto a que Él haga de ti una persona de buena disposición, de humildad total, que es sinónimo de amor total; de forma que estés dispuesto a ir a cualquier sitio, en cualquier momento, y hacer cualquier cosa, para quien sea, y ser un don nadie, a fin de agradar a Dios y ayudar a los demás. D.B.B.
*
Haz como quieras, hazlo, Señor;
yo soy el mármol, Tú el Escultor.
Que cada toque de Tu cincel
forme mi alma, labre mi ser.
Adelaide A. Pollard

1. Isaías 64:8
2. V. 2 Timoteo 2:21
3. Jeremías 18:4,6
4. Romanos 9:20–21

Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.