El efecto benéfico de la alabanza

Cuando tengas el corazón apesadumbrado a causa de las preocupaciones, el temor, la tristeza y el dolor, en vez de pensar tanto en tus cuitas y dificultades, piensa en Jesús y Su amor. Haz memoria de las bendiciones con que has sido favorecido. Piensa en el cariño de tu familia y amigos. Si no se te ocurre nada por lo que alegrarte, al menos ten en cuenta todas las tribulaciones, contrariedades y enfermedades que podrías estar padeciendo y que, sin embargo, no te han sobrevenido porque Dios te ha guardado de ellas.

Mira el lado positivo de las cosas. Piensa en lo bueno. «Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.»1

Agradece a Dios todo lo que ha hecho. Ahuyenta al Diablo y sus tinieblas dejando entrar la luz, es decir, la luz divina de las Escrituras, la Palabra de Dios, la oración, la alabanza, canciones. Haz todo lo que esté a tu alcance por llenarte la cabeza de pensamientos optimistas. Es una especie de terapia, una terapia de oración y alabanza, una terapia a base de las Escrituras capaz de disipar las sombras de la noche.

Si piensas en el Señor y centras tu atención y tu conciencia en Él, desplazarás al Diablo —con todas sus dudas— hacia la periferia. No se puede ser positivo y negativo al mismo tiempo. Llena tus pensamientos de la luz del Señor. Ocupa tu boca alabando a Dios, y ahuyentarás las tinieblas.

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Si te pones de cara al sol, no verás las sombras. Helen Keller, ciega y sorda de por vida
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No hay grito de dolor que en lo futuro
no tenga al fin por eco una alegría.
Campoamor
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Medita en las bendiciones de las que disfrutas en la actualidad —de las cuales todos los hombres gozan en abundancia—, no en las desdichas del pasado, las cuales todos han conocido en alguna medida. Charles Dickens

1. Filipenses 4:8

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