Podría ser peor...

Cuando pases por una temporada difícil, para poder ver las cosas objetivamente te vendrá bien tener en cuenta lo que han padecido otras personas.

Fijémonos por ejemplo en el apóstol Pablo. Sufrió bastante. «Cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno —escribió—. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos.»1

Habiendo pasado por todo eso, uno pensaría que Pablo tendría más motivos que nadie para quejarse o pensar que Dios lo había abandonado. Por el contrario, no dejó de confiar en Dios a pesar de sus tribulaciones. Dijo: «He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.»2 ¿Cuál fue la clave que lo ayudó a superar semejantes obstáculos? Nos la revela el versículo que sigue: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece».3 El apóstol Pablo se apoyó en Cristo, y Él le dio fuerzas. A raíz de ello, llegó a ser un célebre creyente que desde entonces ha sido fuente de aliento para millones de cristianos.

David Livingstone, llamado el apóstol de África, nació en la pobreza y desde pequeño tuvo que esforzarse mucho para hacerse de unos estudios mientras mantenía a su familia. Ya de joven, cuando decidió dedicarse de lleno a las misiones, fue objeto de burlas y escarnios. Hasta sus seres queridos intentaron disuadirlo. Al llegar finalmente a África, enfrentó un escollo tras otro. No solamente las dificultades de la existencia cotidiana y los peligros naturales, sino también muchas pruebas espirituales.

Sin embargo, puso la mirada más allá de su coyuntura, como reflejan las siguientes palabras anotadas en su diario al término de su vida: «La ansiedad, la enfermedad, el sufrimiento, los ocasionales riesgos y la nostalgia de las comodidades de la vida podrán de vez en cuando entorpecer nuestra marcha, hacer que nuestro espíritu vacile y nuestro ánimo decaiga. Pero solo por breves momentos. Esas cosas no son comparables en nada con la gloria que más adelante ha de ser revelada en nosotros y para nosotros. ¡Jamás he realizado sacrificio alguno!»

Adoniram Judson, iniciador de las misiones en Birmania, perseveró durante 30 años a pesar de enfermedades y persecución constantes. Tardó seis años en lograr la primera conversión. No obstante, al cabo de 100 años más de 200.000 birmanos habían abrazado el cristianismo, en gran parte gracias a la obra que él comenzó.

Hudson Taylor, otro gran misionero que trabajó en la China y sufrió muchas penalidades y quebrantos, dijo lo siguiente sobre las pruebas y tribulaciones: «Todo lo que Dios nos envía abunda en bendiciones. El Altísimo es bueno, obra el bien y únicamente el bien; y lo hace de continuo. Podemos tener la certeza de que tanto los tiempos de prosperidad como los momentos adversos abundan en bendiciones. No es necesario aguardar hasta ver el motivo por el que Dios nos ha afligido. El simple conocimiento de que todas las cosas redundan en bien a los que aman a Dios debiera satisfacernos.»

Rebeca —omitimos su verdadero nombre—, una joven nacida en la China en la época de la Revolución Cultural, fue rechazada y perseguida por la sociedad y las autoridades luego de convertirse al cristianismo. Sufrió graves dolencias —entre ellas, leucemia—, golpizas, el secuestro de su hija, interrogatorios y encarcelamientos. A pesar de todo, con discreción y con mucha firmeza de ánimo, ella y su esposo no dejaron de profesar su fe y de hablar a los demás del amor de Dios. Estuvieron 12 años en condiciones sumamente adversas, hasta que en 1992 ella pudo por fin abandonar el país. Desde entonces se dedica a atender por correspondencia a otros cristianos de China de reciente conversión, a quienes estimula a perseverar en la fe.

1. 2 Corintios 11:24–26
2. Filipenses 4:11–12
3. Filipenses 4:13
Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.