Saca provecho a tus impedimentos físicos

Un impedimento físico —sea congénito o adquirido a raíz de un accidente o enfermedad— puede ser muy difícil de sobrellevar para un ser humano. El hecho de haber sufrido una pérdida irreversible, las limitaciones, el estigma que supone ser diferente, la humillación de verse obligado a depender de los demás hasta para las cosas más elementales, los interrogantes que lo asaltan a uno: «Dios mío, ¿por qué me ha sucedido a mí? ¿Por qué tengo que padecer esto?» Nadie es capaz de entenderlo a menos que haya pasado por lo mismo.

Si ese es tu caso, ¡no desmayes! Hay Alguien que entiende exactamente lo que sufres. Él se interesa hondamente por ti, más de lo que llegarás a comprender en esta vida. Quiere ayudarte a llevar una vida plena y productiva capaz de influir en muchas otras personas y enriquecerlas.

Una vez más, el secreto está en absorber la Palabra de Dios. Ésta te dará valor para confiar en Él, fe para creer que lo que te sucedió forma parte del amoroso designio que tiene para ti. Será fuente de consuelo e inspiración y volverá a darle a tu vida un curso positivo.

El sufrimiento nos enternece o nos endurece. Quienes no hacen sino lamentarse de lo que han perdido dan cabida al resentimiento, con lo cual espiritualmente acaban por perder mucho más de lo que han perdido en el plano físico. El resentimiento es el cáncer del alma.

Sin embargo, otras personas enfrentan con valor las mismas tragedias e impedimentos. Se niegan a darse por vencidas y ponen aún mayor empeño en superar su situación. Claman a Dios para que las ayude y adquieren una fe, una entereza y unas fuerzas que las personas que lo tienen todo ni siquiera echan en falta. Su genialidad es producto de su afán de superación. Dan un vuelco a las circunstancias a pesar de que las probabilidades les son adversas y, en consecuencia, llegan a ser fuente de estímulo para el resto la humanidad. Por la gracia de Dios contribuyen a hacer de este mundo un lugar mejor.

John Milton estaba ciego cuando escribió el poema épico más hermoso de la literatura inglesa, El paraíso perdido. Cervantes tenía inútil la mano izquierda cuando escribió El Quijote. Fanny Crosby también era invidente cuando escribió más de 6.000 himnos, entre los cuales se cuentan algunos de los cánticos religiosos más famosos y populares de todos los tiempos. Beethoven estaba sordo cuando compuso algunas de sus sinfonías más grandiosas.

Helen Keller era sorda y ciega. No obstante, aprendió a escribir e incluso a hablar. Su ejemplo ha inspirado a millones de personas, tanto sanas como incapacitadas. «Le agradezco a Dios mis impedimentos —llegó a decir—, pues gracias a ellos me encontré a mí misma, descubrí mi vocación y hallé a mi Dios.»

Los ejemplos contemporáneos abundan. Veamos algunos:

Cuando Wilma nació pesaba poco más de dos kilos. Contrajo una pulmonía, la polio y la escarlatina a la edad de 4 años. No aprendió a caminar hasta los 11. Pese a ello, se propuso hacer algo extraordinario, y lo logró. A los 20 años ganó tres medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Roma (1960), más que ningún otro atleta. Wilma Rudolph fue en su época la mujer más rápida del mundo. Tuvo fe en que podía llegar a serlo.

Un grave accidente de tránsito obligó a un joven de 18 años a abandonar una prometedora carrera como guardameta de un equipo profesional de fútbol de primera línea: el Real Madrid. Se vio obligado a andar en silla de ruedas casi dos años. Mientras estuvo hospitalizado, un médico le obsequió una guitarra, despertando así su interés en la música. Varios años más tarde ganó un festival de la canción con una composición suya: La vida sigue igual. Aquel éxito le valió a Julio Iglesias su primer contrato discográfico y el inicio de una destacada vida profesional.

Se ha dicho que cuando Dios cierra una puerta abre una ventana. Tu impedimento bien podría ser tu salida y tu baza más importante. Podría realzar tu personalidad y ensanchar tu alma. Podría estimularte a seguir adelante. Podría inspirarte a crear cosas nuevas. Podría conducirte a forjar relaciones más profundas y dichosas. Depende de ti que todo eso se materialice o no. ¿Consideras tu discapacidad una maldición o una oportunidad disfrazada?

¡No te rindas! No te ahogues en las lágrimas. Sácale partido a tu impedimento. Construye un puente con tus sueños despedazados. Haz zarpar nuevamente tus naves aunque estén maltrechas y golpeadas.

Dios se propone valerse de tu impedimento físico para Su gloria. Si no te libra de esa deficiencia, será que tiene intenciones de que le des algún noble uso. Descúbrelo.

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La voluntad recia y dura
cuando se empeña convierte
las montañas en llanura.
José Mª Pemán
*
Cuando van mal las cosas, como sucede a veces,
cuando la senda que sigues empinada parece,
cuando escasea el dinero y la deuda está elevada,
y quieres sonreír, pero te sale una expresión cansada,
cuando el afán y la brega te hacen bajar la vista,
date una tregua, si es preciso, pero no desistas.
La vida es misteriosa con sus curvas y recodos;
de eso tarde o temprano nos percatamos todos.
¡Pensar que tuvimos tantos proyectos fallidos
que hoy serían éxitos si hubiéramos persistido!
No te rindas aunque el progreso aparente ser muy lento;
¿Quién sabe? Puede que triunfes en el próximo intento.
Con frecuencia, la meta anhelada se halla
más cerca de lo que alcanza a creer el que desmaya.
Muy comúnmente el luchador flaquea en su deseo
cuando bien habría podido conquistar el trofeo,
y ya tarde se entera, llegada la anochecida,
de lo cerca que estaba la corona perdida.
El triunfo, créeme, tras la derrota aguarda,
oculto por las nubes de dudas que acobardan.
Es imposible precisar lo lejos que se encuentra;
puede estar cerca, ahí mismo, aunque no lo parezca.
Sigue, pues, luchando cuando te peguen más duro,
¡y nunca jamás te rindas, ni en el peor apuro!
Frank Stanton
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