Sé un pato vivo

¿A qué se debe que los cristianos —sobre todo los más consagrados— padezcan al parecer más tribulaciones que la mayoría de la gente? La siguiente anécdota lo explica:

Juan Manuel y Humberto eran amigos. Un día Juan Manuel preguntó:

—Humberto, ¿cómo es que tú, siendo creyente, to topas con tantos obstáculos, dificultades y contratiempos? Yo ni siquiera creo en Dios y, sin embargo, no tengo tantos problemas como tú.

—La verdad es que no lo sé —respondió Humberto—. Creo que tendré que echarle cabeza al asunto un tiempo para poder contestarte.

Pocos días después salieron a cazar patos.

Juan Manuel disparó a una bandada, y varias aves cayeron en una charca de escasa profundidad desde la cual acababan de levantar vuelo. Unos patos estaban muertos y otros simplemente heridos. Juan Manuel sabía por experiencia que a veces los heridos remontan vuelo si no se los atrapa enseguida. Así que, mientras Humberto corría hacia donde habían caído, Juan Manuel gritó:

—¡Agarra a los vivos! ¡Agarra a los vivos! ¡Deja a los muertos para después!

Al volver Humberto con los patos, lucía una sonrisa.

—Oye, di con la respuesta a tu pregunta —dijo a su amigo—. ¡Es que yo soy un pato vivo! El Diablo tiene miedo de que me vaya a escapar; así que trata de atraparme primero. Tú eres uno de los muertos. Por eso no se preocupa de lo que hagas tú.

Lo mismo ocurre con nosotros. El Diablo no puede recobrarnos una vez que estamos salvados. Somos del Señor para siempre. ¡Pero vaya si se esfuerza por impedir que seamos cristianos activos! Sin embargo, no por eso debemos dejar que sus ataques nos amedrenten o nos detengan. Si perseveramos, ganaremos la batalla y recibiremos la recompensa que el Señor nos tiene preparada. «Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que le aman».1

1. Santiago 1:12
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