Todo está en manos de Dios

Como ya hemos dicho, todo lo que te ocurre forma parte de un plan divino concebido singularmente para ti. Ello no quita que algunas crisis y calamidades que nos sobrevienen sean de nuestra propia factura, consecuencia de nuestros descuidos, errores y decisiones equivocadas. En algunos casos obedecen a errores de otras personas y en otros a ataques directos de las fuerzas del mal, del Diablo y sus demonios. De todos modos, sea como sea, podemos tener la seguridad de que Dios tiene nuestra vida y nuestro destino en Sus manos. Nada puede sucedernos sin permiso de Él.

Claro que Dios nos ha dado libre albedrío. Si bien nos asiste y nos conduce en todo lo que puede, la decisión final en torno a lo que hacemos, cómo actuamos o reaccionamos, es nuestra. Dios no nos obliga a decidir acertadamente ni a seguir lo que ha dispuesto para nosotros. Lo cierto es que hay un plan, un propósito detrás de todo; y si confiamos en Él y nos conducimos de una manera que le sea agradable, podemos tener la seguridad de que no nos apartaremos de la senda de Su voluntad, con lo que gozaremos de Sus bendiciones y veremos el cumplimiento de todas Sus promesas.

La mano de Altísimo está sobre ti. Él es tu Padre y está íntimamente ligado a ti y pendiente de cada detalle de tu vida. Es muy reconfortante pensar en eso cuando pases por momentos difíciles.

* * *
Oré pidiendo fuerzas a fin de alcanzar grandeza;
recibí debilidad para aprender a obedecer.
Pedí salud para realizar obras mayores;
recibí flaqueza para poder hacer cosas mejores.
Pedí riquezas para ser feliz;
recibí pobreza para llegar a ser sabio.
Pedí poder para que me honrasen los hombres;
recibí impotencia para que sintiese necesidad de Dios.
Pedí tener de todo para gozar de la vida;
recibí vida para poder gozar de todo...
Nada de lo que pedí recibí y, sin embargo, obtuve todo lo que deseaba.
Casi a pesar de mí mismo recibí las peticiones secretas de mi corazón.
Me considero sumamente favorecido entre los hombres.
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