Aplicaciones prácticas

Hay quienes afirman que hoy en día profetizar no tiene ninguna aplicación práctica. Afortunadamente, están en un error. Su falta de fe les lleve a perderse los tesoros espirituales que Dios podría concederles si creyesen. Si bien eso es una lástima, no quiere decir que también tú tengas que perdértelos. Lo único que Él exige es que pidas con fe. «Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido»1.

Las aplicaciones prácticas de profetizar son innumerables. El Señor es capaz de cubrir toda necesidad, de responder cualquier interrogante, de proporcionar cantidad de soluciones, de desentrañar el más complejo de los enredos, de resolver el peor de los conflictos. Solo hay que darle una oportunidad. Si intentas sinceramente hacer lo que te diga, si sigues Sus consejos, no te quepa la menor duda de que obtendrás resultados. Nunca te arrepentirás de haberle escuchado. Cierto es que quizá no logres un éxito inmediato, y hasta puede que en algunos casos nunca llegues a averiguar exactamente de qué forma el haber escuchado al Señor contribuyó a resolver determinada situación. Sin embargo, si dejas que Él te conduzca, no puedes errar. Confía en que Él cumplirá Su Palabra. Te dará ni más ni menos lo que necesitas, lo que sabe que a la larga más te beneficiará.

El Señor quiere que lo incluyamos en todos los aspectos de nuestra vida y que le permitamos ayudarnos a tomar decisiones, sean éstas importantes o triviales. Considera el siguiente ejemplo:

Carolina está de visita en casa de su tía, que vive en un pueblo a varias horas de distancia. Es viernes, y ya lleva una semana allí.

Llama a Guillermo, su marido, para enterarse de cómo van las cosas en casa, y él le asegura que todo va de maravilla. Ella le comenta que su tía la ha invitado a quedarse hasta el domingo, y él le dice que está bien, que él y los niños se las arreglarán por un par de días más. Carolina cuelga, pero antes de tomar la decisión final y decirle a su tía que se quedará, se dirige a su cuarto y le pide a Jesús que confirme la idea.

Con tono suave, el Señor le dice: «Es mejor que regreses ahora. Aunque Guillermo y los niños están bien, y según él pueden arreglarse unos días más, van a necesitarte allí el fin de semana».

Carolina lleva poco tiempo cultivando el hábito de consultarle al Señor las decisiones personales que toma, por lo cual se siente un poco insegura. Le pide al Señor que le dé algo más, y Él le recuerda el versículo: «Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas»2. En vista de que eso es justamente lo que acaba de hacer al presentarle al Señor sus planes, ese versículo le infunde fe en que la primera respuesta que recibió era, en efecto, el Señor hablándole.

Así las cosas, concluye la visita —tal como habían previsto originalmente— y regresa a su casa esa misma noche. El sábado por la mañana transcurre sin novedad. Guillermo corta el pasto, y Carolina se dedica a hacer la limpieza mientras los niños juegan. En vista de que al parecer Guillermo y los niños se las hubieran arreglado bien sin ella, por un momento Juani se pregunta si cometió un error al regresar a casa la noche anterior. Entonces recuerda que la decisión de regresar la tomó basándose en lo que le dijo el Señor, y prosigue con sus quehaceres.

Después del almuerzo, suena el teléfono. Se trata del jefe de Guillermo, quien explica que se ha producido una crisis que requiere la atención inmediata de éste. Cinco minutos después, Guillermo se despide de su esposa e hijos y parte presuroso.

De pronto todo se ve más claro. Si Carolina hubiera estado en casa de su tía, a varias horas de distancia, Guillermo se habría visto en un aprieto. Los vecinos están todos fuera de la ciudad, así que no habría habido nadie para cuidar a los niños. Carolina da gracias a Dios, que la aconsejó tan sabia y amorosamente. Él no le había dicho qué clase de emergencia surgiría, pero sí le había indicado cuál de las dos opciones, en apariencia igual de buenas, era la mejor.

La orientación que nos brinda Dios puede hacer una gran diferencia en prácticamente toda circunstancia, sea ésta intrascendente o dificultosa. Prescindiendo del Señor es posible obrar con acierto en algunos casos, o incluso en la mayoría. Pero Él da en el blanco todas las veces, sin falta. Profetizar es algo valiosísimo cuando uno se enfrenta a profundos interrogantes o complejas situaciones, aunque ya verás que también te será de gran ayuda en asuntos de menor importancia. El Señor siempre está próximo a nosotros, dispuesto a echarnos una mano. ¿Por qué no recurrir, entonces, a Sus palabras de sabiduría y beneficiarnos del mejor asesoramiento profesional que pueda haber?

Tal vez te enfrentas a dificultades económicas en el negocio y no tengas claro qué hacer al respecto. Quizá te cueste llevarte bien con tu jefe o tus empleados. Posiblemente tengas conflictos matrimoniales o problemas sentimentales. O puede que tu trabajo y tus relaciones personales anden bien, pero que no veas claro hacia dónde se encamina tu vida o cuáles deben ser tus objetivos prioritarios.

Si tienes hijos, siempre habrá cantidad de cosas que no entiendas y sobre las cuales te vendría bien contar con orientación celestial. Puede que uno de tus hijos sea un poco lento para aprender a leer; otro tal vez sufra de incontinencia de orina por la noche; a otro quizá le cueste ganar amigos. A lo mejor el mayor acaba de entrar en la pubertad y te da la impresión de que no logras comunicarte con él. Hay muchos libros que pueden serte muy útiles en esas pequeñas crisis. También puedes pedir asesoramiento a padres de familia con más experiencia, o a docentes y pedagogos. Sin embargo, ¿por qué no consultar también a Aquel que creó a tus hijos y conoce sus necesidades mejor que nadie?

Imagínate que vas a realizar un viaje de negocios y puedes planear tu itinerario de varias maneras. O quizás estés pensando transladarte a otra ciudad, o cambiar de profesión. Tal vez no sepas cuál sería el mejor momento para tomarte unas vacaciones, o no sepas adónde ir.

Si esas situaciones te resultan familiares, aprovéchalas para echar mano de la sabiduría de Dios, que todo lo ve, todo lo conoce y todo lo puede. Él sabe lo que traerá el futuro, y lo que más te conviene y más feliz te hará. Además, si consultas tus planes con Él y sigues Sus directivas, puedes evitarte accidentes y perjuicios.

Es posible que al comienzo te resulte un poco incómodo poner al Señor en el centro de tu vida cotidiana, con todas sus alegrías, sinsabores, dificultades y decisiones espinosas. Pero ése es justo el lugar que Él desea ocupar. En poco tiempo te preguntarás como te las arreglabas antes para tomar decisiones sin Su ayuda.

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Uno de los principios fundamentales que conviene observar al tomar una decisión es detenerse a rezar en vez de ponerse a hablar. La oración no consiste solamente en decirle a Dios lo que uno quiere, sino también en dejarlo hablar a Él y esperar a que responda. Si hacemos eso, Él nos indica cómo debemos proceder. Tómate tiempo para escuchar a Dios, y Él se tomará tiempo para resolver tus problemas. D.B.B.
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Cuando el Señor concede a alguien el don de profecía, lo hace con un propósito. Espera que la persona haga uso del don para recibir instrucciones concretas en todos esos casos en que la respuesta o la solución que busca no se encuentra en la Palabra de Dios. Claro que luego uno tiene que acceder a obrar como Él dice, porque en definitiva sólo Él sabe qué conviene hacer.
Pedirle respuestas y pautas no es ninguna pesadez. Todo lo contrario. El hecho de que Él nos hable directa y personalmente, que responda a nuestras inquietudes y nos dé consejos, que nos levante el ánimo y nos consuele, que nos revele los íntimos anhelos de una persona o la clave para resolver una situación, es maravilloso, liberador, renovador, fenomenal, asombroso. Préstale oído hoy mismo. Te alegrarás enormemente. ¡Y Él también! María David
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Noé debió de pasar mucho tiempo escuchando al Señor. De otro modo, no habría podido recibir todas esas instrucciones para construir el arca. No olvidemos que no había visto jamás una nave de esas dimensiones. Seguramente Dios le especificó centímetro a centímetro cómo debía hacerlo. D.B.B.
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Jesús puede darte instrucciones personalizadas para cualquier situación en que te encuentres. Él conoce las dificultades que atraviesas, y puede y quiere proporcionarte lo que necesitas. Responderá a tus interrogantes, te orientará cuando no sepas qué hacer, te levantará la moral cuando sientas que no puedes seguir adelante, te infundirá valor para dar testimonio de tu fe cuando no te atrevas a hacerlo, te revelará la solución de conflictos en apariencia irremediables, te dará entereza para hacer Su voluntad cuando te enfrentes a una decisión difícil, y te concederá fuerzas sobrenaturales que únicamente se obtienen apoyándose en Él. Todo esto y mucho más está a tu disposición si tan sólo le presentas a Jesús tus problemas, tribulaciones, necesidades e inquietudes. María David

1. Juan 16:24
2. Proverbios 3:6

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