Mantenimiento

Sigue los sencillos consejos que aparecen a continuación para mantener en óptimo estado tu nueva herramienta espiritual:

Practica con frecuencia

Dice el refrán que se olvida el oficio cuando no hay ejercicio. Para conservar el don hay que emplearlo con frecuencia. Cultiva el hábito. La fe es como un músculo que, cuanto más lo usas, más se fortalece. Cada vez que le pides a Dios que te hable y recibes un mensaje Suyo, demuestras tener fe en el proceso. Cuanto más ejercites el don, más aumentará tu fe y más fácil se volverá.

Lee la Palabra

Escuchar a Dios requiere fe, y esa fe proviene de Su Palabra.

A medida que te hagas ducho en el uso del don, tu confianza en él crecerá. Lograrás superar la incertidumbre inicial, que te llevaba a preguntarte si de veras daría resultado. Eso es fantástico, pero también peligroso. Si te descuidas, puede que comiences a pensar que ya no necesitas la Biblia, puesto que al fin y al cabo obtienes la Palabra de Dios de primera mano.Sin embargo, ¡no es así! Jesús comparó la Palabra de Dios con un tesoro en el que hay «cosas nuevas y cosas viejas»1. Te hacen falta ambas, y tienes que encontrar un buen equilibrio.

Fíjate en la siguiente analogía: Imagínate que las profecías y la Palabra escrita constituyen dos categorías básicas de nutrientes, digamos que los hidratos de carbono y las proteínas. Ingerir solo alimentos de un grupo no es tan bueno para el cuerpo como combinar alimentos de ambos grupos en una dieta balanceada.

Además, hace falta conocer bien la Palabra escrita para confirmar las que uno recibe del Cielo, y ese conocimiento se adquiere leyéndola y estudiándola con frecuencia. La Biblia es el manual de la Oficina Celestial de Pesas y Medidas; nos da las normas para medir los mensajes que recibimos. Dios no te dirá nada contrario a lo que ha dicho en la Biblia, pero no te sorprenda que la complemente con muchos otros datos. Es más, ésa es precisamente una de las principales finalidades de las profecías: llenar lagunas, así como aplicar los principios espirituales de la Biblia a tu realidad personal.

Hay cuestiones que la Biblia no aborda, o que trata con muy poco detalle, o cuya aplicación no está muy clara en el contexto del mundo moderno. Por ejemplo, si te preguntas si debes viajar a determinado lugar en automóvil o en avión, en la Biblia no encontrarás ningún versículo que te diga específicamente cuál de esos medios de transporte debes emplear, porque en aquellos tiempos no existían. Sin embargo, puede que el Señor te recuerde un pasaje que hable de ir despacio, o rápido. O es posible que te dé una respuesta más concreta en profecía, valiéndose de la terminología de hoy.

En asuntos menos evidentes, se necesita buen criterio para saber, según el caso, si aplicar literalmente lo que dice la Biblia o si el Señor quiere que lo adaptemos a nuestra situación. Lo bueno es que Él ha prometido darnos ese buen criterio. «Si alguno tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada»2.

Relaciónate con otros creyentes

Si te has convertido hace poco o simplemente te falta experiencia en lo que se refiere a escuchar la voz del Señor, te ayudará mucho el trato con cristianos que además de creer en Dios tengan fe en ese don del Espíritu. Cuando comiences a ejercitar tu don de profecía, los consejos y el apoyo que te den otras personas de fe, así como el conocimiento que tengan de la Palabra escrita, te ayudarán a hallar un buen equilibrio y a sacar el máximo provecho de los mensajes que recibas. No obstante, si no tienes posibilidad de trabar relación e interactuar con otros creyentes, recuerda que Dios no está limitado por eso. Si le escuchas, Él igual te hablará.

Busca con toda tu alma al Señor

Escuchar a Dios es trabajo. Requiere un esfuerzo. Exige cierto fervor espiritual. Jesús promete que si pedimos, buscamos y llamamos, recibiremos y hallaremos, y las realidades espirituales nos serán abiertas3. Pero no dice que todo ello nos será entregado en bandeja de plata, sin esfuerzo alguno de nuestra parte. No podemos tener una actitud comodona. Debemos reconocer lo mucho que necesitamos al Señor, considerar un honor escucharlo y tener ansias de recibir Sus respuestas.

1. Mateo 13:52
2. Santiago 1:5
3. V. Mateo 7:7
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