Preguntas frecuentes

Pregunta nº1: ¿Qué pasa si recibo un mensaje que me dice que haga algo muy fuera de lo común?

Respuesta: No se puede descartar que Dios, en algún momento, te mande hacer algo que parezca contrario a la lógica o la razón y que requiera una medida adicional de fe o valor. A veces Él nos pide que hagamos cosas que parecen extrañas o incluso ridículas, aunque por regla general no es así.

En cualquier caso, antes de hacer algo drástico es mejor pedir a Dios que te confirme que en efecto eso es lo que quiere. Escudriña las Escrituras: busca una situación similar en la Palabra o versículos que sustenten esas instrucciones. Cerciórate de que no contradicen lo que indica la Palabra escrita. No deseches la posibilidad de que hayas malinterpretado la profecía o de que ésta esté incompleta. Conviene que acudas nuevamente al Señor y le plantees todo interrogante que tengas respecto del primer mensaje. Puede que Él lo amplíe o aclare de tal forma que se resuelva la inquietud, o bien que lo confirme.

Si conoces personas que también poseen el don de profecía o tienen un buen conocimiento de las Escrituras, te puede resultar útil explicarles la situación. Muéstrales a un par de ellas el mensaje que recibiste y los pasajes de las Escrituras que validan una y otra postura, y si tienen el don de profecía, pídeles que obtengan del Señor una confirmación o clarificación. Una ratificación por vía de otra persona puede ayudar mucho en situaciones de esa índole.

Cuando recibas la confirmación de Dios —ya sea por medio de Su Palabra, de sucesivos mensajes o de consejos con fundamento en la Palabra que te den otras personas—, sin sombra de duda la reconocerás. Fortalecerá tu fe y te infundirá paz interior. Habiendo obtenido una confirmación de Dios, podrás proceder con fe y hacer lo que te haya indicado, aunque se salga de lo corriente. Pero si no te sientes tranquilo, si todavía no estás seguro, no debes hacerlo. «Todo lo que no proviene de fe es pecado»1.

Pregunta nº2: ¿Qué pasa si el Señor me dice que haga algo, y yo no quiero hacerlo? ¿Me quitará el don de profecía?

Respuesta: Cuando le pidas al Señor que te hable, tienes que estar preparado para creer, aceptar y hacer lo que te indique. Pero no te preocupes. No significa que constantemente vayas a recibir mensajes difíciles de aceptar u obedecer. Jesús te ama y quiere que seas feliz. Te ha dado el don de profecía porque a la larga quiere hacerte la vida más fácil y llevadera.

Dios nos da libre albedrío. La vida está jalonada de un sinfín de decisiones, que podemos tomar libremente, sin mucha interferencia divina. En los asuntos que le planteamos, Dios nos indica lo que dice Su Palabra y nos revela Su voluntad; pero siempre nos permite decidir qué camino tomar, si el Suyo o el nuestro. No nos obliga a hacer nada ni nos impone Su voluntad. Cada cual decide cuán de cerca lo sigue.

Una vez que sabes cuál es la voluntad de Dios, eres aún más responsable de tus decisiones. Por medio de las profecías, Dios nos da Su Palabra. Depende de nosotros si la aceptamos, la creemos y actuamos en consecuencia. «Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan»2. Una fe caprichosa no es fe. No se puede aceptar y desechar a gusto y placer. Dada su propia naturaleza, las profecías deben recibirse con actitud abierta y corazón sumiso.

Pero no te preocupes si algunas cosas que Dios te dice te resultan difíciles de creer en un principio. Dios es «grande en misericordia»3. Comprende tu forma de ser y tus debilidades humanas y, como es un buen Padre, tendrá mucha paciencia contigo. Lo que le importa es que desees sinceramente tener fe y obedecerle. Si es así, Él acrecentará tu fe y te ayudará a seguirlo. «La fe es don de Dios»4.

Si luego de estimular tu fe con la Palabra escrita hay algo que todavía te parece muy difícil, vuelve a hablarlo con Él. Puede que te dé más detalles, que te lo explique de una forma que te infunda fe para hacerlo, o que te proponga una alternativa que te resulte más fácil, aunque quizá no vaya a arrojar los mismos resultados. «Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar»5.

Es frecuente que, cuando Dios nos presenta lo que quiere que hagamos, nos deje un margen de acción, para que escojamos entre varias opciones que se ajustan a Su voluntad. De modo que si te falta fe y confianza para poner en práctica ciertas cosas que te haya dicho, pregúntale si habría alguna otra forma de proceder que sería conforme a Su voluntad. Desde luego que eso no debe emplearse como excusa para tomarse los mensajes de Dios a la ligera, pues en la mayoría de los casos Su primer mensaje contiene Su voluntad suprema, la que más fruto dará, la que más eficazmente cumplirá Su cometido. Por otro lado, «Él conoce nuestra condición, se acuerda de que somos polvo»6, y aunque no te presente otra opción en el momento en que vuelvas a acudir a Él, quizá te comunique un mensaje de ánimo y fortaleza que sea justo lo que necesitas para emprender lo que Él quiere que hagas.

Lo ideal, claro está, es que le obedezcas cualquiera que sea el camino que te indique. Eso es lo que a la larga te proporcionará mayor felicidad. «Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis»7.

Pregunta nº3: Si alguien me pide que le pregunte a Dios qué número saldrá premiado en la lotería o quiere saber algún detalle acerca de su futuro —o si yo mismo tengo una inquietud de esa naturaleza—, ¿me dará Dios esa información?

Respuesta: Si tienes una pregunta de esa índole, plantéasela. Esa es la mejor forma de averiguar si es Su voluntad revelarte ciertos detalles. Seguro que Él es capaz, y si eso es lo mejor para todas las personas afectadas, tal vez lo haga.

Por otro lado, Él dice que a veces no obtenemos las respuestas que queremos porque pedimos mal, movidos por la avaricia, el egoísmo o alguna otra intención poco noble8. También se reserva el derecho de no decirnos cosas que no tenemos por qué saber o que no nos conviene conocer de momento.

Un error muy común en el que cae la gente es esperar que Dios le revele cada detalle sobre su futuro. Si bien el Señor puede darnos a conocer secretos acerca del porvenir —y a veces lo hace—, ha fijado ciertos límites a lo que nos dice, y eso por nuestro propio bien. Como Padre celestial que es, sabe que no somos capaces de asimilar mucho de golpe, y que si lo supiéramos todo sobre el futuro, el presente quedaría despojado de su encanto. Además, eso nos llevaría a no depender tanto de la guía divina, pues consideraríamos que lo sabemos todo. Y en ese estado, sería más probable que cometiéramos errores, ya que nos apoyaríamos más en nuestro propio criterio que en el Suyo.

De modo que el Señor solamente nos dice lo que nos hace falta saber en cada momento, y a veces nos prepara de alguna manera para el futuro por medio de indicios o corazonadas. A fin de cuentas, ser cristiano significa vivir por fe, y Dios con frecuencia pone a prueba nuestra fe revelándonos de manera paulatina cuál es Su plan para nosotros.

Nuestro derrotero por la vida es como un camino sinuoso. No siempre se ve de antemano lo que hay detrás de una curva. A veces Dios considera oportuno revelarnos ciertas cosas justo antes de llegar a un recodo, si sabe que la información nos va a rendir algún beneficio; pero normalmente lo averiguamos al llegar a la curva.

«Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas»9. Si confías en que el Señor te conducirá por la vida, Él dirigirá tus pasos y te dará las experiencias que sabe que a la larga te harán bien. Por eso, ¡confía en Él!

Si hay algo que no entiendes, si te enfrentas a una decisión difícil o si necesitas orientación en algún aspecto, no vaciles en acudir a Él. Eso sí, cuando lo hagas, tienes que estar dispuesto a aceptar lo que Él decida indicarte, tanto si es mucho como si es poco. Si pides con fe, te dará al menos parte de la respuesta, o te explicará por qué no es el mejor momento de averiguarla. Sea lo que sea que te diga, puedes confiar en que Aquel que ve el pasado, el presente y el futuro y te ama con mayor intensidad que nadie velará por tus mejores intereses.

Pregunta nº4: ¿Qué hago si sigo lo que dice este librito y, pese a pedirle a Dios el don de profecía, no lo recibo? ¿Será que a algunas personas no se lo concede? De no recibirlo, ¿significa eso que espiritualmente estoy en una posición desventajosa?

Respuesta: El Señor ha prometido que, si pedimos con fe, recibiremos. Sin embargo, hay ocasiones en que nos responde de una manera inesperada, o en que Su cronograma difiere del nuestro. Por motivos que no siempre entendemos, a algunas personas que piden el don de profecía el Señor no les da de inmediato ninguna indicación de que lo hayan recibido. Si ese es tu caso, no te des por vencido. Puede que el Señor simplemente esté poniendo a prueba tu fe y desee enseñarte a tener paciencia y perseverar. O tal vez quiera que estreches tu relación con Él y ores con más fervor. Quizá te haga esperar un tiempo para enseñarte humildad, o para que más adelante, cuando te dé las primeras indicaciones de que has recibido el don de profecía, reconozcas que verdaderamente se trata de una milagrosa manifestación de Su Espíritu.

Entretanto, sigue intentándolo. Es común que inicialmente, cuando alguien obtiene el don de profecía, solo reciba mensajes muy breves, quizás unas pocas palabras o un versículo de la Biblia parafraseado, y que considere que eso no son profecías. Lo que ocurre es que tiene un don incipiente. Cuanto más lo ejercite, más se desarrollará. De modo que es posible que sí tengas el don y ni siquiera te hayas dado cuenta. Agradécele a Dios cada palabra que te diga, vuelve por más, y te dará más.

Y aunque no tengas el don de profecía, no quiere decir que no puedas amar y seguir al Señor, amar a los demás e incluso descubrir lo que Él quiere que hagas. Hay otros dones del Espíritu, y quizás el Señor a cambio te bendiga con uno o varios de ellos. Tal vez sabe que necesitas más esos dones, o que así podrá valerse más de ti. Por último, el más importante de los dones del Espíritu es el amor. El apóstol Pablo dijo: «Si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia […], y no tengo amor, nada soy. El amor nunca deja de ser»10.

Si nada más pedir el don de profecía no ves ninguna prueba de que Dios te lo haya concedido, y aunque nunca recibas una profecía, siempre puedes acceder a las palabras vivas del Señor por intermedio de personas que sí tengan ese don.

Y en tus ratos a solas con el Señor, puedes estrechar tu relación con Él leyendo Su Palabra escrita, estudiándola y meditando en ella, orando y encomendándole tus preocupaciones, inquietudes, pensamientos y anhelos, pidiéndole que te hable de otras formas, y simplemente disfrutando de Su presencia. En la medida en que seas constante en dedicarle tiempo, Él te hablará de alguna de las muchas formas que suele utilizar, aunque no sea por medio profecías directas.

Pregunta nº5: Si el don de profecía es tan accesible, y Dios está dispuesto a hablar a cualquiera que le escuche, ¿por qué no hay más personas que lo hagan?

Respuesta: El primer requisito es establecer una relación personal con Jesús aceptándolo como Salvador y Señor. Lamentablemente, aun muchos que han dado cabida a Jesús en su corazón no creen que sea posible escuchar palabras del Cielo en profecía. Si se atrevieran a intentarlo, a poner a Dios a prueba pidiéndole sinceramente que les hablara, Él lo haría. Lo único que hay que hacer es dar ese pequeño paso de fe.

En muchos casos, su mente representa un obstáculo. Escuchar palabras del Cielo sencillamente no obedece a las leyes de la lógica. Por eso dijo Jesús que tenemos que volvernos como niños para entrar en el reino de los Cielos11. Los niños, como no saben mucho, hacen lo que Dios les dice.

«No sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios»12. El intelecto puede suponer un escollo a la hora de escuchar la voz de Dios, aunque el hecho de contar con varios títulos universitarios no necesariamente te descalifica para ello. Al fin y al cabo, el apóstol Pablo era un hombre muy instruido, pese a lo cual escuchaba la voz del Creador. De todos modos, para lograrlo es indispensable asumir una postura humilde delante de Él y someter nuestro raciocinio e inteligencia a Su voluntad.

Dios es quien nos otorgó nuestras facultades mentales, y naturalmente quiere que hagamos uso de ellas. Pero también nos da la opción de preferir Su criterio por encima del nuestro. Quienes deciden valerse de la infinita sabiduría y conocimientos de Dios ven y oyen cosas asombrosas y sublimes; los que no, se ven confinados al ámbito de su limitada comprensión.

Pregunta nº6: ¿Qué pasa si tengo el don de profecía y resulta que un día, al pedirle al Señor que me hable, no recibo nada?

Respuesta: Lo primero es no desanimarte ni pensar que debes de haber perdido el don. Puede haber un sinnúmero de motivos por los que no recibes nada. Quizá te has distraído con otros pensamientos o con lo que sucede a tu alrededor. Tal vez el Señor te está probando para ver si vas a perseverar hasta obtener una respuesta. A veces quiere descubrir si vas a tener fe para aguardar pacientemente hasta que te hable, en vez de esperar que lo haga siempre de inmediato. O puede que antes de darte lo que necesitas quiera saber hasta qué punto ansías Sus consejos y estás dispuesto a aceptarlos.

Si después de un rato todavía no recibes nada, prueba a releer alguno de tus pasajes favoritos de la Biblia para renovar tu fe, y vuelve a orar fervientemente. Haz examen de conciencia y asegúrate de que no haya ningún pecado no confesado que dificulte tu comunicación con el Señor. Verifica que haya cumplido todos los requerimientos básicos para escuchar la voz del Señor, como pasar tiempo a solas con Él, leer Su Palabra y pedirle que te ayude a hacer a un lado tus propios pensamientos. Luego, vuelve a intentarlo. Si aún no recibes nada, puede que el Señor tenga motivos para no contestarte en ese momento. Cualquiera que sea el caso, no dejes que eso te desanime y te quite las ganas de acudir a Él más tarde. Recuerda que Él está más dispuesto a dar que nosotros a recibir, y aunque no te revele en ese momento la respuesta a tu pregunta, tal vez te dé palabras tranquilizadoras y reconfortantes.

Pregunta nº7: Aparte de las profecías, ¿hay otras formas de averiguar la voluntad de Dios?

Respuesta: Sí, hay otras maneras de descubrir la voluntad de Dios: 1) Aplicar la Palabra escrita a nuestra situación. 2) La voz de la Palabra, término con que se describe el hecho de que, al leer las Escrituras, de golpe tengas la sensación de que determinado pasaje refleja la voluntad de Dios para ti o la respuesta a un interrogante que tienes. 3) Revelaciones directas que no sean profecías; por ejemplo, sueños, visiones o impresiones. 4) Pedir consejo a personas que tengan raigambre en la fe y un buen conocimiento de la Palabra. 5) Por medio de circunstancias que uno considere que han sido creadas por el Señor; es lo que también se conoce por puertas abiertas o cerradas13. 6) Las convicciones  profundas o deseos personales. 7) Por señales específicas predeterminadas en respuesta a un pedido; también se conoce por el nombre de vellón, por un relato de la Biblia en el que Gedeón se valió de un vellón de lana para cerciorarse de las instrucciones de Dios14.

Cuando te veas en la necesidad de tomar una decisión particularmente importante o que vaya a afectar a otras personas, conviene que averigües y confirmes la voluntad de Dios por más de un medio. Para tener un punto de vista objetivo, pídele a alguien que escuche al Señor por ti. Pero si eso no es posible, pídele a Dios que se valga de Su Palabra o de uno o varios de los medios que acabamos de enumerar para confirmar lo que te haya dicho en profecía.

Pregunta nº8: ¿Qué pasa si Dios me indica que haga algo, pero no resulta? ¿Es que lo que Dios me dijo fue erróneo?

Respuesta: Aun cuando algo se ajuste a la voluntad de Dios y hayas obedecido Su voz y hecho cuanto esté a tu alcance para que se cumpla, no debes olvidar que es posible que no siempre resulte tal como imaginabas o esperabas. ¿Por qué? Porque al concedernos a todos libre albedrío, en cierto sentido Dios se ha limitado a obrar conforme a nuestras decisiones. Él sabe qué sería lo óptimo; pero aunque tú creas lo que Él te ha dicho y hagas todo lo posible por seguir Sus indicaciones, quizás otras personas que tienen que ver con el asunto malogren el proceso con sus decisiones si no están igualmente sometidas a la voluntad de Dios. Con sus actos pueden influir en alguna medida en el cumplimiento o incumplimiento de una profecía.

Cuando las cosas no salgan exactamente como esperabas, conforme a lo que Dios te dijo por adelantado, vuelve a acudir a Él y pídele que te explique qué ocurrió. Es más, lo mejor es consultar con Él una y otra vez a medida que se desencadenan los acontecimientos. De esa forma puede darte instrucciones nuevas en caso de que la situación se altere o alguien tome una decisión inesperada (acertada o errónea) que afecte el resultado final. El Señor no fuerza ni doblega a nadie. Todos tenemos libertad de elección. Pero Él puede decirte qué hacer si las decisiones de otras personas cambian lo que Él te indicó inicialmente que sería lo mejor. Cuando los actos de terceros alteren las condiciones del camino, el Señor te indicará la mejor ruta alternativa por la que puedes transitar. En todo caso, te hará llegar a tu destino.

Si las cosas no salen como esperábamos o según lo que Dios nos indicó que sería lo mejor, en ningún caso es culpa de Él. Las personas fallan; Dios, nunca. Lo estupendo es que si lo amas y haces todo lo posible por seguirlo, dedicando tiempo a la lectura de Su Palabra y manifestando Su amor a los demás, Él hará que, aun cuando tú u otros metan la pata, al final todo redunde en bien. «A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien»15.

Pregunta nº9: ¿Qué hago si me parece que oigo palabras del Cielo, pero resulta que el mensaje no tiene sentido, o la profecía no se cumple?

Respuesta: Es posible que haya ocasiones en que te distraigas o en que tu motivación no sea del todo correcta. Tal vez olvidaste pedirle al Señor que borrara de tu cabeza tus opiniones y deseos sobre el particular, o quizá no estabas dispuesto a renunciar a ciertas ideas preconcebidas a fin de recibir lo que Él quería decirte. También puede que simplemente hayas interpretado mal lo que el Señor te dijo. Por eso es tan importante confirmar los mensajes que recibas por medio de algún otro método de averiguar la voluntad de Dios, o incluso varios de ellos.

Mientras hagas todo lo posible por mantenerte en estrecha comunicación con el Señor y cumplir con los requisitos básicos —es decir, empaparte de la Palabra y hacer a un lado tus deseos cuando te dispongas a escucharlo—, Él evitará que te apartes de la senda segura y fructífera de la obediencia a Su voluntad. Dios no va a tenderte trampas, ni procurar que fracases. Todo lo contrario: lo que más quiere es que veas tus esfuerzos coronados por el éxito. Está más dispuesto a dar que tú a recibir. Si acudes a Él, promete responderte. Te ama. Lo que dijo a Sus discípulos es igualmente válido para nosotros hoy en día: «Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de Mi Padre, os las he dado a conocer»16. Él quiere formar parte de tu vida y conducirte por el camino de Su perfecta voluntad, porque sabe que eso es lo que más feliz te hará, y lo que a la larga logrará los mejores resultados.

1. Romanos 14:23
2. Hebreos 11:6
3. Salmo 103:8
4. Efesios 2:8
5. 1 Corintios 10:13
6. Salmo 103:14
7. Juan 13:17
8. V. Santiago 4:3
9. Proverbios 3:5-6
10. 1 Corintios 13:2,8
11. V. Mateo 18:3
12. 1 Corintios 1:26-27
13. V. Apocalipsis 3:8
14. V. Jueces 6:36-40
15. Romanos 8:28
16. Juan 15:15
Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.