Principios elementales

Una vez que te has hecho a la idea de que Dios puede hablarte, ¿cuál es el siguiente paso? Bien, lo primero es aprender los principios elementales.

1. Mantén una relación personal con Jesucristo

Si has aceptado a Jesús como Salvador, ya has cumplido con el requisito primordial. Al abrirle el corazón a Jesús, diste inicio a una relación íntima con Él, no solamente como salvador, sino como amigo, maestro y consejero.

Si aún no has aceptado a Jesús, puedes hacerlo ahora mismo, rezando una sencilla oración como la que sigue:

Jesús, creo que eres el Hijo de Dios y que moriste por mí. Necesito que Tu amor me purifique de mis errores y malas acciones. Te abro la puerta de mi corazón y te pido que entres en mí y me des el don de la vida eterna. Amén.

2. Llénate del Espíritu Santo

Poco antes de ser crucificado, Jesús dijo a Sus discípulos que una vez que se hubiera marchado les enviaría el Espíritu Santo, el Espíritu de Verdad, para que les enseñase todas las cosas y los condujera a toda la verdad1.

Todo el que recibe a Jesús como salvador recibe también una medida del Espíritu Santo. Sin embargo, normalmente llenarse del Espíritu Santo hasta rebosar —lo que la Biblia llama el bautismo del Espíritu Santo2— es una experiencia que ocurre con posterioridad.

Si aún no te has llenado del Espíritu Santo, puedes hacerlo de la misma manera que recibiste la salvación: simplemente orando y pidiéndoselo a Dios. «Si vosotros [...] sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?»3

[Si quieres profundizar en el significado de la salvación —el acto de aceptar a Jesús como Salvador— y del bautismo del Espíritu Santo, y entender la magnífica transformación que tales experiencias pueden operar en tu vida, no te pierdas Los dones de Dios, de la misma colección].

3. Ora por el don

Ocurre con frecuencia que cuando una persona recibe el Espíritu Santo, recibe también el don de profecía —la capacidad de oír palabras de Dios directamente— y otros dones del Espíritu, como el de hablar en lenguas o el de curación4, aunque en ese momento no lo entienda ni sea consciente de ello. El Espíritu Santo es el que nos da el don de profecía, y a veces lo recibimos de forma automática al orar para ser bautizados con el Espíritu; en otros casos no sucede así, sino que tenemos que pedirlo específicamente. De modo que si no estás seguro de haber recibido el don de profecía cuando pediste el Espíritu Santo, conviene que le pidas concretamente al Señor que te lo conceda. Jesús prometió: «Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá»5. Él está más que dispuesto a darte cualquiera de los dones del Espíritu que le pidas, entre ellos el de oír Su voz directamente.

4. Habla con Jesús

La oración no es algo tan complicado ni tan formal como piensa mucha gente. No debe ser un rito, sino una relación viva. Jesús quiere hablarte con la misma franqueza y libertad con que lo haría tu mejor amigo o tu cónyuge; pero la comunicación se tiene que dar en ambos sentidos. Aunque puede que al principio te resulte un poco incómodo si no estás acostumbrado a dirigirte a Él personalmente, una vez que comiences a hacerlo con frecuencia se volverá más fácil.

Quizás experimentes dificultad al orar porque consideras que lo que tienes que decirle a Jesús no le será aceptable o que no te entenderá. Recuerda, sin embargo, que la Biblia dice que cuando Jesús estaba en la Tierra fue tentado —o puesto a prueba— en todos y cada uno de los aspectos en que nos vemos tentados nosotros6. Ten, pues, la plena seguridad de que Él lo ha visto y oído todo. Te entiende y te ama como nadie. Quiere que le cuentes tus pensamientos más íntimos, tus sentimientos más recónditos, así como tus sueños y anhelos secretos.

5. ¿Jesús o Dios?

Un interrogante que tal vez te asalte cuando ores e intentes escuchar palabras del Cielo es si debes dirigirte a Dios, a Jesucristo o a ambos. ¿Hay alguna diferencia? En la Biblia Jesús dijo: «Yo y el Padre uno somos»7; por otra parte, son Padre e Hijo. Se trata de un misterio espiritual que no alcanzamos a captar o comprender bien con nuestra mente mortal. No obstante, dado que son uno en espíritu, podemos dirigirnos a cualquiera de los dos con la certeza de que nuestras oraciones serán escuchadas y respondidas.

Como Jesús vino a la Tierra y vivió como uno de nosotros, en cierta forma está más próximo a nosotros. La experiencia de haber estado en carne humana hace que nos comprenda muy bien. Refiriéndose a Él, dice la Biblia que «no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado»8. Él estuvo en la misma situación en que te encuentras tú en este momento.

La Biblia lo describe como nuestro intercesor ante Dios: «Puede salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos»9. Eso significa que podemos hablar con Dios invocando el nombre de Jesús, o bien hablar directamente con Jesús. De igual forma, podemos recibir profecías de cualquiera de los dos, aunque la experiencia nos indica que es común que quienes tienen el don de profecía oigan más la voz de Jesús que la de Dios Padre.

6. Lee la Palabra de Dios

Para aplicar correctamente las palabras que te diga Jesús en profecía, es necesario que conozcas en alguna medida la Palabra de Dios ya registrada. La Biblia es tu fundamento10.

7. Ten fe

Puede que este principio parezca más abstracto o difícil que los demás, pero en realidad no lo es tanto. ¿Qué es la fe? La Biblia dice que es la seguridad de que algo que queremos que suceda se hará realidad. Es la certeza de que lo que esperamos nos aguarda, aunque al presente no podamos verlo11. Consiste en creer en Dios y en Su poder, aunque sean intangibles.

¿Cómo podemos obtener fe? Muy sencillo: con la lectura de la Palabra de Dios12. Al leer acerca de todas las veces en que Dios habló a Sus hijos en otras épocas y familiarizarnos con Sus innumerables promesas de hablarnos de forma directa, se fortalece enormemente nuestra fe en que podemos escuchar palabras del Cielo. Es más, cobramos fe para cualquier cosa que Dios quiera que hagamos.

8. Pide al Señor que te hable

Puede que parezca una perogrullada, pero para recibir algo del Señor en profecía es necesario que primero le pidas que te hable. Si estás convencido de que puede hablarte, tendrás más fe para pedirle que lo haga y esperar una respuesta bien clara. Él ha prometido: «Clama a Mí, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces»13. Pide, pues, y recibirás Su respuesta.

9. Sé humilde

Nuestro modo de pensar, nuestra actitud y nuestros motivos determinan en parte la claridad con que oímos palabras del Cielo. Uno de los requisitos que el Señor nos impone para recibir Sus palabras es que acudamos a Él con humildad. Es preciso que tengamos conciencia de que somos débiles, de que no conocemos las soluciones y por lo tanto tenemos necesidad de Él. La Biblia dice: «Tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros»14. Debemos estar dispuestos a admitir que no sabemos gran cosa, que no somos más que una vasija vacía a la espera de ser llenada. Y una vez que Él nos hable, no debemos olvidarnos de reconocerle todo el mérito y alabarlo. A fin de cuentas, es una manifestación de Su poder. Es un don que Él nos da; no es nada nuestro.

10. Pide a Dios que anule tus propios deseos y pensamientos mientras le escuchas

Para recibir mensajes de Dios, debemos estar receptivos. Es imperioso que tengamos una actitud abierta. Debemos estar dispuestos a aceptar cualquier cosa que Él nos diga, aunque nos sorprenda, o no sea totalmente de nuestro agrado, o no lo entendamos bien.

Si le pides la solución a un problema, y tú ya tienes una idea formada o sabes lo que quieres, aun así Dios puede hacerte llegar Su mensaje con claridad, siempre y cuando estés dispuesto a hacer a un lado tus deseos a fin de oír lo que Él quiera decirte. Es natural tener opiniones y anhelos; pero debemos pedirle que los aparte de nosotros por un momento y que retire de nuestra mente toda idea preconcebida mientras averiguamos Su punto de vista y Su voluntad.

Una vez que le hayas pedido al Señor que haga eso, ten fe en que lo que captes proviene de Él. Si el mensaje avala la postura que tú habías tomado, te resultará animador, pues significa que ibas bien encaminado y que cuentas con Su bendición para proceder. En caso contrario, no tardarás en descubrir que la sabiduría con que Él enfoca el asunto supera con creces la tuya. Puede que tu idea fuera buena, pero la Suya resultará ser mejor.

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Pídele a Dios el don de profecía. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, Él siempre hablaba para orientar, guiar, consolar, animar y corregir a Sus hijos. Tú también puedes escuchar Su voz todos los días. El apóstol Pablo dijo: «Quisiera que todos vosotros profetizaseis» (1 Corintios 14:5). D.B.B.
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«Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti» (2 Timoteo 1:6). «No descuides el don que hay en ti» (1 Timoteo 4:14). Tienes que ejercitar tu don, emplearlo. Como todo ejercicio, requiere esfuerzo. Cuesta algo, pero vale la pena. D.B.B.
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Distinguimos lo cierto de lo falso por los criterios establecidos en la Palabra de Dios. La Palabra [escrita] es nuestro fundamento, nuestra guía, nuestro patrón, la vara con que medimos todas las cosas, incluso las palabras que Dios nos da hoy en día [en profecías]. Ese es el estándar por el que nos regimos para reconocer lo que es verdad y lo que está errado. D.B.B.

1. Juan 16:7,13-14
2. Marcos 1:7-8
3. Lucas 11:13
4. V. 1 Corintios 12
5. Marcos 11:24
6. Hebreos 4:15
7. Juan 10:30
8. Hebreos 4:15
9. Hebreos 7:25
10. Si quieres saber más sobre la Palabra de Dios y la oración —su fuerza y sus efectos, cómo utilizarlas y cómo aplicarlas a tu vida—, los libritos Para comprender la Palabra de Dios y Oración eficaz, ambos de esta misma colección, te ayudarán mucho.
11. V. Hebreos 11:1
12. Romanos 10:17
13. Jeremías 33:3
14. 2 Corintios 4:7

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