Amor desinteresado

Para quien tiene amor, la felicidad ajena es más importante que la propia.

D.B.B.
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«Él contaba con ello»

Se cuenta que durante la Primera Guerra Mundial dos hermanos se habían enrolado en el ejército y pidieron ser asignados a la misma unidad. Al poco tiempo los mandaron al frente. De tanto en tanto, uno de los dos bandos lanzaba una ofensiva con el objeto de romper las líneas enemigas. En una de tales ofensivas, el hermano menor cayó malherido en la peligrosa franja de tierra situada entre las trincheras de uno y otro bando.

Cuando el mayor, que estaba en la trinchera, vio el apuro en que se encontraba su hermano, comprendió instintivamente lo que debía hacer. Se desplazó por la trinchera, abriéndose paso entre los soldados, hasta llegar a su oficial superior.

—¡Tengo que rescatarlo! —le dijo.

El oficial le respondió:

—¡Imposible! ¡Lo matarán en cuanto asome la cabeza por la trinchera!

Pero el muchacho se zafó del oficial, que lo tenía sujeto, salió a gatas de la trinchera y se lanzó en busca de su hermano menor, desafiando el incesante fuego del enemigo. Allí lo encontró, moribundo. Al verlo llegar, el hermano le dijo en voz baja:

—¡Sabía que vendrías!

El mayor, que para entonces también había sido alcanzado por las balas, a duras penas consiguió arrastrar a su hermano de vuelta a las líneas aliadas, donde ambos cayeron agonizantes en la trinchera. El oficial le preguntó al hermano mayor:

—¿Por qué lo hizo? ¡Le advertí que morirían los dos!

Pero el hermano mayor respondió con una última sonrisa:

—Tenía que hacerlo. Él contaba con ello. No podía defraudarlo.

Narrado por D.B.B.
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Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

Jesús (Juan 15:13)
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«En esto hemos conocido el amor [de Dios], en que Él puso Su vida por nosotros» (1 Juan 3:16). La verdadera medida de toda forma de amor consiste en cuánto se está dispuesto a poner, a aportar, a entregar? El amor verdadero siempre consiste en entregar la vida por los demás.

J.H. Jowett
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Un noble desacuerdo

En 1857 se erigió en Weimar (Alemania) una estatua a dos de los más grandes escritores alemanes, que además eran amigos: Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) y Johann Christoph Friedrich von Schiller (1759-1805).

Mientras ambos aún vivían, la crítica y el público solían polemizar sobre cuál de los dos escribía mejor. Cuando a Goethe le decían: «Usted es el más grande de los que empuñan la pluma en Alemania», él se apresuraba a replicar: «¡Ah, pero no os olvidéis de Schiller!» Y cuando elogiaban a Schiller como el más grande poeta alemán, replicaba: «¿Y qué me decís de mi amigo Goethe?»

El autor de la estatua de Weimar retrató de forma genial el amor y admiración que se tenían el uno por el otro: Goethe tiene en la mano una corona de laurel que alza para colocar en la cabeza de Schiller. Pero este no la quiere. Considera que Goethe es más merecedor de ella; por lo tanto la rechaza, como diciendo: «No, es más apropiado que la lleves tú». Así los dos amigos expresan noblemente su desacuerdo al negarse a aceptar la corona, pues cada uno valoraba mucho el talento del otro.

Anónimo
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El amor nunca razona, sino que da profusamente; lo entrega todo como un manirroto insensato, y luego tiembla pensando que no ha dado suficiente.

Hannah More
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La prerrogativa del amor

El amor dona incesantemente,
perdona, jamás abandona.
Está siempre dispuesto
con los brazos abiertos.
Mientras vive
siempre es proclive
a dar. Es su prerrogativa:
dar mientras viva.
John Oxenham
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Sustituir el amor propio con el amor a los demás es cambiar un insufrible tirano por un buen amigo.

Concepción Arenal
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Al verdadero amor no se le conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece.

Jacinto Benavente
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El verdadero amor, el amor ideal, el amor del alma, es el que sólo desea la felicidad de la persona amada, sin exigirle en pago nuestra felicidad.

Jacinto Benavente
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El amor vive más de lo que da que de lo que recibe.

Concepción Arenal
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