Compasión y empatía

Amar es llorar con quienes lloran, sufrir con quienes sufren y compartir la angustia de los que tienen el corazón partido.

D.B.B.
*

Todo el mundo tiene algún hábito o peculiaridad que resulta molesto a sus congéneres. En vez de dejar que una idiosincrasia nos induzca a criticar a alguien y contribuya a que se introduzca una cuña entre nosotros y esa persona, es preferible analizar qué la lleva a comportarse así. Si te pones en el lugar del otro y procuras comprenderlo mejor y tomar en cuenta los antecedentes del caso, es más fácil ser tolerante y benévolo con él, y por ende amarlo. Pregúntate qué necesitarías tú si estuvieras en su situación. ¿Qué te levantaría el ánimo o qué te alegraría el día? ¿Qué te ofendería? Si procuras entender las situaciones o temores con que debe lidiar, no te resultará difícil vincularte con él y amarlo. Si no te es fácil relacionarte de esa manera con las personas, pide al Señor el don de la empatía, es decir, la aptitud de identificarte con los sentimientos o dificultades ajenos y comprenderlos.

S.S.
*

Lo que realmente importa

Carlos se dirigía una mañana al trabajo en su automóvil cuando tuvo un pequeño choque con otro auto.

Ambos vehículos se detuvieron, y la señora que manejaba el otro auto se bajó para evaluar los daños.

Estaba sumida en la desazón. Reconoció que había sido culpa suya. Su automóvil era nuevo. Hacía apenas dos días que lo había sacado del concesionario, por lo que temía lo que fuera a decir su marido.

Carlos se mostró comprensivo; de todos modos, procedieron con el intercambio de datos de los vehículos.

La mujer abrió la guantera para sacar los documentos, que se hallaban en un sobre.

En el primer papel que cayó del mismo estaban escritas las siguientes palabras de puño y letra de su marido:

«En caso de accidente, recuerda, cariño, que te quiero a ti y no al auto».

Adaptación de una anécdota de Paul Harvey
*

Cultivar el amor y el respeto

Charles Schwab pasaba por uno de sus talleres metalúrgicos un mediodía cuando se encontró con unos empleados fumando. Encima mismo de donde estaban había un letrero enorme que decía: «Prohibido fumar». Schwab, sin embargo, no les señaló el letrero ni les preguntó: «¿Es que no saben leer?» En modo alguno. Se acercó a los obreros, les entregó a cada uno un puro y les dijo:

—Amigos, les agradeceré que se los fumen fuera.

Aquellos hombres eran perfectamente conscientes de que el jefe sabía que habían desobedecido las normas. El hecho de que no dijera nada al respecto y, en cambio. les ofreciera un puro y los hiciera sentirse importantes despertó su admiración por él. No se puede menos que querer a un hombre así, ¿verdad?

Dale Carnegie
*

Ponte en el pellejo de los demás

A veces acertamos; otras, la embarramos.
A veces saltamos de gozo; otras, nos hundimos en un pozo.
Todos caemos alguna vez y necesitamos un amigo.
A veces somos débiles; otras, nos mostramos fuertes.
A veces tenemos razón; otras veces no.
Todos caemos alguna vezy necesitamos un amigo.
Ponte en el pellejo de los demás.
No desprecies, no acuses ni critiques.
Procura comprender su realidad
aunque un esfuerzo te implique.
Las palabras tienen el don de bendecir o maldecir,
arreglan situaciones o causan líos peores.
Cada vez que le echas tierra a alguien pierdes terreno.
Unas palabras condenan; otras, el alma serenan.
Alienta al débil demostrándole que puede.
La lengua amable es remedio para el corazón.
Michael Fogarty
Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.