Muestras de afecto

¿Quién habría pensado hace apenas una generación que una muestra natural de afecto, como un abrazo, un beso en la mejilla, una palmada en la espalda, ponerle a alguien una mano en el hombro o tomarlo de la mano, llegaría a ser una transgresión de las normas sociales? En ciertas regiones del planeta, particularmente en Occidente, donde los clamores de acoso y abuso sexual alcanzaron decibeles alarmantes hace unos años, las sencillas e inocentes demostraciones de afecto han pasado a ser tabú. Esto es francamente lamentable.

Paradójicamente, médicos, sicólogos y sociólogos han demostrado luego de minuciosas investigaciones que el afecto es beneficioso para la salud y el bienestar general. La persona que se sabe amada tiende a ser más feliz y sentirse más segura.

«Cuatro abrazos al día ayudan a sobrevivir a las depresiones —dice la Dra. Virginia Satir, cientista social—; aunque una docena es mucho mejor. Las papilas de la piel son conductos propicios para transmitir mensajes de amor. El contacto físico es vital».

«En los cuatro minutos en que unos amigos o extraños se saludan, el efecto del contacto físico es dinámico —afirma el Dr. Leonard Zunin en From Contact (Ballantine Books, Nueva York, 1972)—. Cada vez que damos una palmadita en el hombro o el brazo a alguien, le transmitimos un mensaje psíquico mediante el cual expresamos que nos cae bien, que coincidimos con lo que dice o que se ha desempeñado satisfactoriamente. En resumidas cuentas, que no hay nada de qué preocuparse. Cuando rechazamos el contacto físico de alguien, el mensaje implícito en el gesto es tan elocuente como si lo expresáramos de palabra.

»Un roce, un toque, un abrazo nos acerca a otro ser humano —física y emocionalmente—. De modo que relájese, transmita más calidez, haga contacto con los demás, no se eche atrás. El efecto beneficioso del contacto físico depende de que se brinde con generosidad. Tome la iniciativa, y rara vez será rechazado», concluye Zunin.

En realidad no hace falta ser médico ni sociólogo para darse cuenta de los beneficios del afecto físico. Una estilista nos cuenta un secreto de belleza: «Algunas de mis clientes vienen a mi local más que nada en busca de un poco de cariño. A veces cuando llego a trabajar en la mañana, me encuentro con varias señoras mayores que tienen aspecto de haber acabado de salir de un salón de belleza y sin embargo hacen fila en la puerta de mi establecimiento. Algunas vienen dos veces por semana para un lavado y marcado que en realidad no necesitan. Me doy cuenta de que vienen más por deseos de un poco de contacto físico y humano que por un peinado». La estilista las escucha y les manifiesta afecto masajeándoles el cuero cabelludo mientras les aplica el champú. Los frecuentes apretones en los hombros y el cuello les indican que alguien se interesa por ellas. Al partir, se las ve radiantes y rejuvenecidas. El amor ha dejado su marca de belleza.

S.S.
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La palabra griega que significaba afecto o cariño normalmente viene traducida por amor en el Nuevo Testamento, y aparece en diversos contextos. Era un término que expresaba al mismo tiempo desvelo por una persona y profundo amor.

Fue precisamente esa palabra la que se empleó en los Evangelios cuando dice que Jesús «tuvo misericordia» y curó a un leproso (Marcos 1:41), y cuando «tuvo compasión» al ver las multitudes porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor (Mateo 9:36). Pablo hace uso del mismo término para expresar el amor que abriga por sus amigos: «Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo» (Filipenses 1:8). Asimismo se emplea en el pasaje en que Jesús, poco antes de Su muerte y resurrección, dice a Sus discípulos: «Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros; como Yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois Mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros» (Juan 13:34-35).

Joseph Reader
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Salúdense los unos a los otros con un beso de amor fraternal.

El apóstol Pedro (1 Pedro 5:14, NVI)
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Abrazos

Maravillas puede hacer un abrazo.
Te contenta cuando estás cabizbajo,
Transmite el amor que alguien siente por ti
o el dolor que le causa verte partir.
Un abrazo exclama: ¡Bienvenido!
¡Qué gusto verte! ¿Cómo te ha ido?
Un abrazo alivia el dolor de un niño.
Tras un disgusto, nos hace un guiño.
No cabe duda de que sin abrazos
andaríamos de lo más escasos.
Nos deleitan y alegran el corazón.
Dios hizo los brazos... ¡por esa razón!
Son extraordinarios para los padres;
para los hermanos, muy agradables.
Tal vez halaguen a las tías favoritas
mucho más que sus mimadas plantitas.
Gatitos y perritos los reclaman.
No los desdeñan los hombres de fama.
Traspasan la barrera del lenguaje
y en un día gris alegran el paisaje.
La reserva de abrazos no se achica:
cuantos más se dan, más se multiplican.
¡Extiende, pues, los brazos sin demora
y da a alguien un fuerte abrazo ahora!
Anónimo
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