Cómo aprender del Hombre de las soluciones

Clama a Mí, y Yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces» (Jeremías 33:3). Esa es una promesa divina, pero trae aparejada una condición que, aunque tácita, se hace patente: cuando Él nos comunique Sus respuestas tenemos que aprender a escuchar y reconocerlas. Él puede hablarnos de varias formas:

1. La Palabra escrita

Los hijos de Dios pueden oír la voz de su Padre leyendo la Biblia —las Palabras escritas de Dios— y meditando en ella. La respuesta a la mayoría de los interrogantes que se nos plantean en la vida ya esta registrada ahí. Basta con hallarla. (Si eres nuevo en la fe o estás a punto de comenzar a leer la Biblia, te recomendamos leer primero el evangelio de San Juan, seguido de los otros tres evangelios. Los dos tomos de Claves para descubrir la verdad, ambos de Aurora, te ilustrarán sobre una amplia diversidad de temas contenidos en la Sagrada Escritura.)

Quizá te preguntes: ¿Cómo es posible que la Biblia aborde los problemas que nos afectan hoy en día, cuando tiene miles de años de antigüedad? Si estudias la Palabra de Dios con amplitud de miras y una actitud de fe, descubrirás que te habla de forma directa. Numerosos pasajes de la Escritura contienen soluciones y consejos para los problemas que enfrentamos en la actualidad. Si bien en sus páginas no se encuentran detalles relativos a la vida moderna, lo que sí nos proporciona es el valor, la esperanza, las instrucciones y la verdad que necesitamos para superar cada obstáculo que se nos presente. La Palabra de Dios nos indica que las enseñanzas que contiene son para nuestro beneficio. «Las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza» (Romanos 15:4; v. también 1 Corintios 10:11).

La Biblia es fuente inagotable de sabiduría y conocimiento. El rey David escribió: «Más que todos mis enseñadores he entendido, porque Tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido, porque he guardado Tus mandamientos» (Salmo 119:99-100). El Señor también nos promete: «Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar» (Salmo 32:8). Si oras, el Señor te indicará los pasajes que contienen instrucciones para ti, a veces incluso pautas que ni siquiera sabías que te hacían falta.

2. La voz de la Palabra

A medida que leas la Palabra y te vuelvas bien versado en ella, habrá veces en que al reflexionar o rezar respecto a algo, de pronto recuerdes un versículo de la Biblia que se aplica perfectamente a tu situación y te proporciona la luz o solución que necesitas. Eso se denomina la voz de la Palabra.

Hacia el final de Su ministerio en la Tierra, Jesús dijo a Sus discípulos que después que se hubiera marchado les enviaría el Espíritu Santo para enseñarles y conducirlos (V. Juan 14:26; 16:7,13-14). Si ya te has investido del Espíritu Santo, esa promesa también es válida para ti. A lo mejor ya te ha hablado de esa forma y sencillamente no te diste cuenta. (Todo el que acepta a Jesús recibe una medida del Espíritu Santo, aunque llenarse del Espíritu hasta rebosar —lo que la Biblia llama el bautismo del Espíritu Santo— normalmente es una experiencia que se tiene con posterioridad.) Si aún no has recibido la infusión del Espíritu Santo, puedes pedírsela a Dios, igual que la salvación. «Si vosotros [...] sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?» (Lucas 11:13.) (En el librito Los dones de Dios, de la presente colección, encontrarás mayores detalles sobre cómo recibir el Espíritu Santo y los beneficios que reporta.)

3. Profecías y otros medios de revelación directa

Muchas personas piensan que el don de profecía consiste en la capacidad de predecir el futuro, o consideran que se trata de un poder misterioso otorgado a muy poca gente a lo largo de los tiempos. En realidad sirve para mucho más que para hacer vaticinios del futuro. Tiene muy poco de misterioso y está al alcance de todo cristiano que posea el Espíritu, incluido tú mismo (V. 1 Corintios 12). Se trata de la facultad de recibir mensajes directos del Señor, transmitidos por tu propia boca o escritos por tu mano; y es un don del Espíritu Santo que puedes pedir a Dios que te confiera.

Si quieres contar con el don de profecía, pero aún no lo posees, ¿por qué no se lo pides ahora mismo al Señor? Basta con que acudas a Él en oración. «Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá» (Marcos 11:24).

Si tienes el don de profecía, el Señor podrá dirigirte palabras de amor, de consuelo, de orientación, de instrucción, de revelación, lo que necesites. Te dará consejos e instrucciones específicas para tu situación personal. (En el libro Escucha Palabras del Cielo, de la presente colección, se aborda ampliamente el tema de las profecías.)

Ya sea que cuentes con el don de profecía o no, el Señor es capaz de suscitarte pensamientos o impresiones que respondan a tus interrogantes o arrojen luz sobre una situación por la que te veas afectado. También puede hablarte por medio de sueños o darte visiones. Son diversas formas que cobran las revelaciones directas.

Si bien en cualquier momento Dios puede susurrarte ideas o inspirarte impresiones, naturalmente es más fácil que lo haga cuando lees Su Palabra y meditas en ella, o cuando oras. Al guardar silencio y hacer a un lado otros pensamientos y asuntos cotidianos para concentrarte en Jesús, abres un cauce para recibir Sus ideas.

Un pasaje de la Biblia que hace referencia a ello lo llama el «silbo apacible» del Señor (V. 1 Reyes 19:11-12). En otro versículo el Señor promete: «Tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: "Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda"» (Isaías 30:21).

No requiere mucho tiempo recibir un mensaje del Señor. No hace falta rezar una o dos horas antes que nos hable. Aun estando en medio de una tarea o actividad, si te detienes un momento y diriges tu atención hacia el Cielo podrás escuchar Su voz hablándote al corazón o la mente.

Las visiones son imágenes —ya con movimiento, ya sin él— que percibes mentalmente estando despierto. Por lo general se captan con los ojos cerrados, aunque no siempre. Algunas personas han tenido visiones tan reales y tangibles que no pudieron distinguir si las habían visto o no con los ojos naturales.

Los sueños reveladores del Señor generalmente son muy claros. Uno se despierta con la intensa impresión de que el sueño era importante y tenía algún significado. En ese sentido difieren de muchos otros que no parecen tener ton ni son ni revestir importancia alguna. Dado que el significado de un sueño en muchos casos es menos claro que los mensajes que se reciben del Señor por otras vías, conviene pedirle que nos confirme lo que a nuestro juicio se trata de un sueño revelador. Dicha confirmación puede obtenerse por medio de una profecía o versículo de la Biblia.

Copyright 2020 © Activated. All rights reserved.