Diversas formas de orar

Hay gran diversidad de formas de orar, probablemente más de las que somos capaces de imaginarnos. Las oraciones pueden ser largas o cortas, silenciosas, habladas o cantadas. Algunas oraciones ni siquiera requieren palabras (V. Romanos 8:26). Pueden ser intercambios entretenidos y familiares, o bien tomar forma de veneración reverente con matices de solemnidad. Pueden ser espontáneas o cuidadosamente planificadas. Pueden también ser escritas. Escríbelas tú mismo o sácalas de la Biblia —en el libro de los Salmos hay muchas oraciones— o de un devocionario. Podemos rezarlas para nosotros mismos o para beneficio de otras personas. Se pueden hacer en privado o en grupo. Pueden pronunciarse como un simple reconocimiento de que necesitamos la bendición del Señor mientras nos ocupamos de nuestros quehaceres cotidianos, o bien constituir plegarias en que invocamos la guía divina al vernos frente a algún imposible. La oración puede entrañar alabanzas alegres y vivaces, o apasionadas súplicas de arrepentimiento nacidas de un corazón contrito y quebrantado. Puede hacerse de rodillas o sobre la marcha. La oración puede asumir formas tan variadas como las necesidades que se nos presentan de continuo. Echemos un breve vistazo de algunas de ellas.

Oraciones de alabanza

Las oraciones de alabanza benefician a ambas partes. No sólo agradan profundamente al Señor, sino que también cambian el cariz de las cosas para nosotros y nos las hacen ver en su real dimensión. Cuando estés apesadumbrado con problemas y preocupaciones, encomiéndaselos todos a Jesús (V. 1 Pedro 5:7), y repasa las bendiciones y dones que Él te ha dado. Agradécele todo lo que ya ha hecho por ti y alábale por el desenlace que ansías que se produzca, el cual ya es tuyo por fe.

Eso hizo en la Biblia el rey David. Si crees que tienes dificultades, considera las que pasó él. Antes de convertirse en rey, su mentor, el rey Saúl, le tomó envidia y trató de matarlo en varias ocasiones. Luego de acceder al trono, su propio hijo le usurpó la corona, con lo que tuvo que huir a otro país en medio del oprobio y el escándalo. Todo eso sin mencionar los numerosos enemigos extranjeros que tuvo. Por si fuera poco, él mismo sabía muy bien que era un perfecto pecador. Tenía, pues, sobrados motivos para quejarse y sumirse en el abatimiento. No obstante, en los Salmos siempre adoptaba una actitud positiva, al menos al término de cada uno de ellos. Alababa a Dios a pesar de sus pesares, consciente de que a la larga el Señor lo resolvería todo, ya que siempre lo había hecho y además lo había prometido. A causa de la postura de fe y alabanza que asumía David, Dios lo llamó un varón conforme a Su corazón (V. 1 Samuel 13:14). Y a consecuencia de ello contamos hoy en día con el libro de los Salmos.

Naturalmente, lo mejor es adquirir el hábito de elevar oraciones de alabanza en momentos en que no nos vemos asediados por dificultades mayúsculas. Por ejemplo, en vez de rogar: «Señor, haz tal cosa por mis hijos», puedes decir: «Jesús, te doy gracias por los hermosos hijos que me has dado. Gracias por cuidarlos el día de hoy. Gracias por mantenerlos a salvo y ayudarlos a hacer progresos en sus tareas escolares. Te doy gracias por el rato tan provechoso que voy a pasar en compañía de ellos esta noche...»

Oración en grupo

Orar es un acto mayormente individual. No se puede prescindir de la oración en privado, la cual tiene su propia recompensa (V. Mateo 6:6). Sin embargo, hay momentos en que vale la pena orar con otras personas. Jesús promete: «Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la Tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por Mi Padre que está en los Cielos. Porque donde están dos o tres congregados en Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos» (Mateo 18:19-20; v. también Deuteronomio 32:30). En ciertas situaciones, la oración en grupo es más eficaz.

Cuando estamos pasando por una época especialmente difícil es consolador que otras personas oren con nosotros. Además nos proporciona fuerzas espirituales. Parte de nuestro deber cristiano consiste en sostenernos unos a otros por medio de nuestras oraciones. Por eso no desaprovechemos la ayuda que nos pueden proporcionar otras personas mediante sus oraciones y al mismo tiempo ofrezcámonos a orar por los demás cuando les haga falta.

Oración a modo de conversación

Al orar por una situación junto a otras personas, se puede hacer una oración tipo conversación. Cada persona dice una frase o dos sobre cierto aspecto en particular, o bien invoca una promesa de la Biblia que venga al caso. Puede hacerse siguiendo un orden, o puede dejarse que cada cual intervenga cuando recuerde una faceta a la que no se haya aludido todavía. Es como tener una línea telefónica compartida o entablar con el Señor una conversación al estilo de los chats que tienen lugar en Internet. Cada uno escucha lo que oran los demás, y Dios los escucha a todos. De esa forma se cubren todas las facetas del asunto por el que se está orando y cada persona tiene ocasión de participar. Si cada uno hace un aporte breve, la oración se mantiene dinámica, y nadie pierde la concentración.

Oración invocando las Escrituras

Una vez que le hayas expresado al Señor exactamente lo que quieres que haga, tal vez sientas necesidad de seguir orando. Pero no es necesario repetir las mismas palabras una y otra vez. Ese es el mejor momento para reforzar tu oración invocando promesas de las Escrituras.

En Su Palabra, Dios nos ha hecho cantidad de promesas. Cuando ores, recuérdaselas. Eso demuestra que tienes fe en que cumplirá lo prometido. A Dios le agrada tal demostración de fe y de conocimento de la Palabra.

Cuando se ora en grupo, los participantes pueden turnarse leyendo en voz alta versículos seleccionados de la Biblia en lugar de hacer oraciones individuales. Asimismo, se pueden alternar oraciones breves y versículos. Otra posibilidad es que una persona lea versículos apropiados de la Biblia antes o después de las oraciones. A tal efecto, quizá puedes comprar o hacerte tú mismo una cajita de promesas de la Biblia sobre diversos temas. (También puedes pedir el librito La Biblia en cápsulas, que presenta una amplia gama de versículos bíblicos organizados por materias.) (Otros libros de versículos ordenados por temas que se pueden pedir a Aurora son los dos tomos de Claves para descubrir la verdad. Entre ambos abarcan más de 100 materias. Además, en la página 91 de este libro encontrarás una breve compilación temática de promesas de la Biblia.)

Oración en lenguas

Hablar en lenguas —la capacidad de hablar uno o varios idiomas que uno nunca ha aprendido— es uno de los nueve dones del Espíritu descritos por el apóstol Pablo en 1 Corintios 12:8-10, y al cual vuelve a aludir en el siguiente capítulo al referirse a las «lenguas humanas y angélicas» (V. 1 Corintios 13:1). A veces se trata de lenguas terrenales —idiomas humanos—, pero en la mayoría de los casos son lenguas celestiales de ángeles.

Si te has llenado del Espíritu Santo, pero todavía no has recibido el don de lenguas y deseas obtenerlo, basta con pedirlo en oración y comenzar a ejercitarlo enseguida. Simplemente pide a Dios que te ponga la mente en blanco y comienza a alabarlo en voz alta sin parar. Haz a un lado tus pensamientos y deja que el Espíritu Santo se apodere de ellos y de tu lengua de modo que hable por medio de ti. Puede que te suene a farfulla o balbuceo, sobre todo al principio, pero el Señor sabe exactamente lo que el Espíritu dice por ti.

Hablar en lenguas es un medio estupendo de orar y alabar. Es más que nada para nuestro propio beneficio, aliento, inspiración y edificación. Tu espíritu se estremecerá al hacerlo (V. 1 Corintios 14:4).

Oración ferviente

Las oraciones sencillas y breves que hacemos a lo largo del día son buenas y necesarias, y el Señor las escucha y las responde. Pero cuando uno se enfrenta a una crisis o a una decisión muy importante, hace falta más que eso. Naturalmente, todas nuestras oraciones deben ser sinceras, pero no todas ellas tienen el mismo grado de intensidad y fervor, dado que algunas situaciones revisten más seriedad que otras. A veces nos vemos conducidos a clamar a Dios con fervor, de todo corazón.

La oración ferviente y llena de fe puede alterar radicalmente hasta las situaciones más difíciles.

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El Señor deja que mucho dependa de nosotros, de nuestro interés y nuestras oraciones
Te sorprenderá cuánto depende Dios de nuestras oraciones, de cuánto interés manifestemos. Cuando nos vemos ante una situación de necesidad, Él quiere que demostremos preocupación rogando específicamente por ella. Si de veras creemos, todas nuestras oraciones son oídas y respondidas. En cambio, si no oramos, no ocurre nada. Dios puede obrar cualquier cosa, pero nos encomienda a nosotros el deber de orar.
La intensidad misma con que oramos y demostramos que nos lo tomamos en serio, que deseamos con toda el alma lo que pedimos, se ve reflejada en la respuesta. Los receptores de nuestras oraciones no van a recibir más de lo que les enviemos. Tenemos que visualizar a las personas o situaciones por las que oramos y rogar por ellas con esa idea en el corazón, pidiendo al Señor específicamente lo que queremos que haga.
Nuestras oraciones son respondidas con la misma intensidad con que las emitimos. Es como un haz de luz enfocado sobre un espejo. Se refleja con la misma intensidad con que es emitido inicialmente. Si oramos con poco entusiasmo, recibimos una respuesta a medias. En cambio, si rezamos con todo el corazón, recibimos una respuesta contundente.
¿Y tú? ¿Haces uso de la fuerza de la oración? En el Cielo se sabrá el bien que hicimos —o pudimos haber hecho— por medio de nuestras oraciones.
D.B.B.
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Un pastorcillo apacentaba sus ovejas un domingo por la mañana. Repicaban las campanas de la iglesia, y la gente de la aldea se dirigía al culto. El muchacho también sintió deseos de orar. Pero, ¿qué podía decir? Como nadie le había enseñado a rezar, se arrodilló y comenzó a recitar el abecedario: «A, be, ce», hasta llegar a la zeta.
Un hombre que pasaba del otro lado de la cerca escuchó la voz del jovencito, y al observar a través de los matorrales, lo vio de rodillas con las manos juntas repitiendo: «A, be, ce...»
—¿Qué haces, muchacho?
—Estoy rezando, señor.
—Pero, ¿para qué recitas el alfabeto?
—Es que no conozco ninguna oración, pero quería que Dios me cuidara y me ayudara a apacentar mi rebaño. Pensé, pues, que si decía todo lo que sabía, Él lo juntaría y se enteraría de lo que quiero.
—Que Dios te bendiga. Dios sin duda alguna te escuchará y te responderá. Cuando el corazón habla bien, no pueden los labios expresarse mal.
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La oración es algo natural en el hombre, como hablar, o suspirar, o mirar, o como el latir del corazón enamorado; y en realidad es una queja y un suspiro y una mirada y un latido enamorado. Es algo natural en el hombre y es un instinto, pero el hombre con su naturaleza caída tiene que aprenderlo de nuevo, porque es un instinto olvidado.
Ernesto Cardenal
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La oración en grupo es sumamente eficaz
Algunas personas se sienten un poco tímidas cuando tienen que orar con otras. Es probable que en algunos casos piensen en lo que dijo Jesús: «Cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público» (Mateo 6:6). Sin duda que hay momentos para eso, pero también hay casos en los que debemos orar juntos.
A veces es importante que des a conocer tu petición, no sólo al Señor, sino también a los demás, para que puedan orar contigo, manifestar su fe y expresar junto contigo que dependen de Él. Por eso, no tengas vergüenza de solicitar oración cuando sea preciso.
Al Señor le encanta darnos soluciones. No tiene más remedio que hacerlo cuando ve que estamos unidos en amor y en oración, cuando tenemos un mismo propósito e intención y cuando estamos amalgamados en corazón y en espíritu. «Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por Mi Padre que está en los Cielos. Porque donde hay dos o tres congregados en Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos.» (Mateo 18:19-20.) La dinámica espiritual de Dios obra de forma realmente asombrosa. El Señor dice que uno puede perseguir a mil, pero dos pueden hacer huir a diez mil. (V. Deuteronomio 32:30.)
D.B.B.
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La oración no consiste en recogerse a una hora dada, a proferir palabras orales o mentales, sino que es un modo religioso de hacerlo todo, y así se come, se bebe, se pasea, se divierte, se escribe, se trabaja y hasta se duerme oracionalmente: todo es oración.
Unamuno
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Puedes estar siempre orando, aun haciendo otras cosas
No hace falta postrarse para rezar. Es más, en toda actividad que realizamos debemos orar y mantener los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe.
Orar es como respirar. Es comparable a inhalar constantemente el Espíritu Santo. Si te mantienes siempre en comunicación con el Señor, pensando continuamente en Él, recibirás el ungimiento y la guía del Espíritu en todo lo que hagas. Si oras por lo que haces y le pides a Dios que te dé buen criterio, Él ha prometido concedértelo.
El Señor puede ahorrarte mucho trabajo, contrariedades y tiempo si rezas antes de empezar una tarea. Ora al respecto y pídele que te ayude y que te dirija, aunque sólo lo hagas con una breves palabras: «Jesús, te ruego que me ayudes». Puedes orar en cuestión de segundos y recibir la respuesta enseguida; pero si no lo haces y te apoyas en tu propio criterio y conocimientos, puede que cometas un grave error.
De modo que «ora sin cesar» (1 Tesalonicenses 5:17). Consúltaselo todo al Señor, cada problema, cada decisión, y cerciórate de que estés haciendo lo que Él quiere que hagas. «Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas» (Proverbios 3:6).
D.B.B.
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La oración no es más que establecer contacto con Dios. Es una comunicación con Dios, y no necesita ser con palabras ni aun con la mente. Uno puede comunicarse con la mirada, o la sonrisa o los suspiros, o con actos. De hecho todos nuestros actos corporales son oración. Nuestro cuerpo formula una profunda acción de gracias en sus entrañas cuando sediento recibe un vaso de agua. O cuando en un día de calor nos zambullimos en un río fresco, toda nuestra piel canta un himno de acción de gracias al Creador, aunque ésta es una oración irracional, que puede ser sin nuestro consentimiento, y aun a veces a pesar nuestro. Pero todo lo que hacemos podemos hacerlo oración. El trabajo es una oración existencial.
Ernesto Cardenal
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Cada mañana dile al Señor: «Aquí estoy, Jesús, mi Amigo, mi Salvador y Maestro. Me hallo ante una nueva jornada. Sé que no soy capaz de hacer nada por mí mismo. Te pido, por tanto, que me llenes de Tu amor y de Tus fuerzas para este día. Yo solo no estoy a la altura de lo que se espera de mí; pero Tú has prometido que si te lo pido, me llenarás de Tu amor hasta rebosar, para poder transmitírselo a los demás. Aquí estoy, pues, pidiéndote que me colmes de Tu amor, para que pueda brindar una porción de cielo a quienes estén hoy en mi compañía: mi familia y amigos, y otras personas con quienes trabe relación. Al manifestarles un poquito de amor, les daré un poquito de Ti, Jesús. Eso es lo que quiero: reflejarte a Ti. Quiero comunicar a todo el mundo Tu inmenso amor.»
Si pides con fe, Él lo hará. Responderá tu oración y te dará amor y fuerzas suficientes para cada día.
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