Qué gana el Señor con nuestras oraciones

Son tantos los beneficios que nos reporta la oración que muchas veces es fácil tener la impresión de que salimos ganando en todo aspecto y nada es lo que aportamos. Sin embargo, no es así como lo ve el Señor ni mucho menos. Es cierto que para todas esas cosas tenemos necesidad de Dios; pero lo maravilloso es que Él también nos necesita a nosotros. Le hacemos falta. Podemos ir más lejos y decir que está enamorado de nosotros. En varios pasajes de la Biblia se refiere a nosotros, Su pueblo, como Su esposa (V. Isaías 54:5; 62;5; Oseas 2:19-20; Romanos 7:4; 2 Corintios 11:2; Apocalipsis 19:7-8). Ninguna otra relación humana guarda mayor analogía con la relación que Él anhela tener con nosotros que la de un marido con su esposa. ¿Qué es, entonces, lo que el Señor quiere y necesita de nosotros? Muchas de las mismas cosas que un marido precisa que le brinde su mujer.

Primordialmente, desea una relación amorosa y una comunicación de corazón a corazón. Quiere tener la certeza de que ocupa un lugar preferente en nuestros afectos. No hay mejor forma de demostrárselo que pasar tiempo con Él orando y leyendo Su Palabra.

Le encanta que le digamos lo estupendo que es y cuánto lo amamos, cuánto lo adoramos. Le gusta muchísimo que lo alabemos.

Quiere que le digamos cuánto lo necesitamos. Al igual que un marido amoroso, se desvive por facilitarnos todo lo que podamos precisar y sabe aún mejor que nosotros mismos qué nos hace falta (V. Lucas 12:32; Mateo 6:8). Al mismo tiempo, le gusta que le hagamos peticiones, pues es una muestra de que dependemos de Él. ¡También Él necesita sentirse útil! Y claro está, una vez que nos ha dado lo que pedimos, le encanta que se lo agradezcamos y que le expresemos cuánto significa para nosotros.

Además necesita nuestro servicio. Quiere valerse de nosotros para llevar a cabo Su voluntad «así en la Tierra como en el Cielo» (Mateo 6:10). Por encima de todo, necesita que conduzcamos a otras personas a Él dando ejemplo de Su amor. Ahora bien, cada uno de nosotros debe dedicar tiempo a recibir instrucciones Suyas, a fin de averiguar concretamente qué quiere el Señor que haga.

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Te amo, Señor, de mañana.
Está el día en su esplendor.
Siento entonces Tu presencia
que me inunda como el sol.
Todo el día me acompañas.
Siempre a mi lado estás.
Navegamos suavemente
por un mar en tempestad.
Veo barcos en peligro,
a otros veo sucumbir;
mas los vientos que los baten
traen sosiego para mí.
Aún recuerdo travesías
que no quiero repetir;
sin contar con Tu presencia
hacia el ancho mar partí.
Esas duras experiencias
me han hecho comprender
que, si te amo en la mañana,
todo el día te tendré.
Ralph Spaulding Cushman
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Son muchos los cristianos que se entretienen y se distraen con los dones de Dios o del Espíritu y dejan de lado a Dios en sí. Es como si un padre llegara a casa con regalos para sus hijos y éstos echaran mano de los regalos y se sentaran en el suelo a abrirlos y jugar con ellos, olvidándose de saludarlo y darle un beso.
Se asemejan a la niña que decidió dedicar cada día el tiempo que normalmente pasaba con su padre a confeccionarle unas pantuflas con vistas a regalárselas el día de su cumpleaños. Puede que Dios aprecie las pantuflas que le hacemos, pero sin duda prefiere disfrutar de nuestra compañía. Es más, si lo desatendemos, probablemente las pantuflas nos salgan pésimas.
D.B.B.
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