Obstáculos para asimilar la Palabra

«No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes»1.

Bien si nos percatamos de ello, bien si no, existen fuerzas espirituales que constantemente procuran influir en nuestros pensamientos. El diablo y sus secuaces no tienen el mismo poder que Dios y Sus ángeles, pero su existencia y su accionar son indudables. ¿Por qué se empeñan tanto en entrometerse en nuestros pensamientos? Es que si logran triunfar en el terreno de nuestra mente, pueden condicionar nuestra conducta.

En el resto del pasaje al que pertenece el versículo citado más arriba, el apóstol Pablo explica cómo puede uno mantenerse firme ante los embates del diablo: poniéndose toda la armadura espiritual de Dios. A continuación procede a describir dicha armadura estableciendo una analogía con la que llevaban los soldados romanos de la época. «Tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y, habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñida vuestra cintura con la verdad, vestidos con la coraza de justicia y calzados los pies con el celo por anunciar el evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios»2.

De las seis piezas de la armadura que se mencionan, solamente una es un arma ofensiva: «la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios». ¿Cuál crees, entonces, que es el objetivo primordial de tu adversario espiritual? ¡Desarmarte! Si consigue que depongas la espada, no solo dejarás de ser una amenaza para él y sus planes, sino que te convertirás en presa fácil. Eso de por sí debería ser suficiente motivo para sacarle el máximo provecho a la lectura de la Palabra. ¡Nuestra vida espiritual depende de ello!

La Biblia también nos advierte que no debemos ignorar las estratagemas del diablo3. Hombre prevenido vale por dos. Si estamos al tanto de las tácticas predilectas del demonio, nos resultará más fácil reconocerlas y contrarrestarlas cuando las emplee contra nosotros. ¡Y no te quepa duda de que lo hará! A continuación describimos cuatro ardides suyos de los que hay que cuidarse:

Falta de concentración

¿Alguna vez al terminar un libro, un artículo, un informe o lo que fuera te diste cuenta de que no recordabas casi nada de lo que acababas de leer? Puede que ojearas cientos —o incluso miles— de palabras y, sin embargo, nada quedó registrado en tu memoria porque no estabas concentrado. Tratándose de una revista o una novela, tal vez no te perdiste gran cosa; pero si te ocurrió con la Palabra de Dios, entonces sí que te perdiste mucho.

El secreto para no caer en esta trampa del diablo es orar antes de leer. Pide a Dios que te abra los ojos espirituales y te ayude a prestar atención. Ora que Sus verdades calen en tu alma y se asienten en tu conciencia. Luego, mientras lees, esfuérzate por no distraerte. Disciplínate para pensar en lo que estás leyendo. A algunos les da resultado leer en voz alta, subrayar, señalar con un resaltador los puntos importantes a medida que leen o copiar los versículos clave en un cuaderno.

Si tú haces lo que puedes, te quedarás sorprendido de lo que el Señor te ayuda a extraer de la Palabra que lees.

Afanes y preocupaciones

No te sorprendas si cada vez que te pones a leer la Palabra un rato se te cruzan por el pensamiento un sinfín de cosas que podrías estar haciendo en ese momento. Te pueden asaltar preocupaciones de toda índole: qué vas a preparar para la cena, las tareas que tienes pendientes para el día siguiente, una llamada telefónica que te olvidaste de hacer más temprano o algún otro asunto postergado. En un abrir y cerrar de ojos te enfrascas en otra cosa y te olvidas totalmente del tiempo que ibas a pasar con el Señor, leyendo Su Palabra. El diablo te ha hecho caer en otra de sus trampas: la preocupación.

Naturalmente que muchas de esas cosas que te vienen al pensamiento son importantes, y hay que atenderlas. Pero no mientras lees la Palabra. Ten a mano un bloc y un lápiz para anotar todo lo que te venga a la cabeza. Así no te preocuparás de que se te vaya a olvidar y estarás libre para concentrarte de lleno en la lectura de la Palabra.

Escepticismo

En esta era de ciencia y tecnología, muchos solo creen lo que ven. Hasta que algo no se prueba científicamente, para ellos no es verdad. La fe, sin embargo, funciona exactamente al revés: uno ve lo que cree. Es necesario primero aceptar por fe lo que Dios dice, simplemente porque Él lo dice; luego uno lo entiende o lo ve. Ese es precisamente el principio al que aludía San Agustín (354–430 d. C.) cuando dijo: «La comprensión viene como recompensa de la fe. Por tanto, no quieras comprender antes de creer; más bien cree para poder comprender».

Ahora bien, ¿cómo nace la fe? La Biblia dice que la fe viene por oír la Palabra de Dios4. Oír en este caso no solo significa escuchar la Palabra, sino también leerla, aceptarla, asimilarla y dejar que se convierta en parte de nuestro ser. Cuanto más arraigo tenga la Palabra en nosotros, más aumentará nuestra fe.

Claro que algunas personas no obtienen fe porque no leen la Palabra con la mentalidad que corresponde. Los que abordan la lectura con escepticismo hallan defectos en vez de fe. No se hacen cargo de que el causante de sus dudas es el diablo. Es una treta que Satanás viene empleando desde el principio mismo, cuando en el Paraíso tentó a Eva para que comiera del fruto prohibido. Para conseguir que desobedeciera a Dios, primero tuvo que lograr que dudara de Su Palabra. De modo que le planteó algo en apariencia de lo más inocente: «¿De veras ha dicho Dios…?»5 ¡No caigas tú en la misma trampa!

Actitudes mundanas y malsanas

¿Has notado que las sociedades presuntamente más progresistas de los países desarrollados han llegado a considerar que pueden prescindir de Dios? Tanto en los libros de texto de los colegios como en el cine, Él es objeto de cada vez más burlas y comentarios cínicos. En muchas ocasiones se tilda de fanáticos religiosos o de excéntricos a quienes se toman la Palabra de Dios al pie de la letra y procuran configurar su vida conforme a ella. Así y todo, el hecho de que los escarnecedores sean mayoría no les concede la razón. Jesús dijo: «Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; pero angosta es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan»6. No dejes que la incredulidad y las malas actitudes de otras personas te impidan hallar esa puerta estrecha y avanzar por ese angosto camino.

* * *
Voz de Dios,
voz amable
que nos encanta,
que enigmas abre.
Voz sincera
que trae verdades,
verdades simples
que nos persuaden.
Voz de ángeles
que nos indica
lo que un versículo
significa.
Voz de Jesús,
Amigo íntimo,
siempre tan dulce,
siempre solícito.
Voz de la Biblia,
voz extasiante
que de Dios nos hace
participantes.
Gabriel García V.
*
La Biblia expresa el pensamiento de Dios, revela la naturaleza humana, señala el camino de la salvación y representa la felicidad del creyente. Su doctrina es sagrada; sus preceptos, vinculantes; su historia, verdadera; sus decisiones, inmutables. Léela para obtener sabiduría, créela para obrar con prudencia, practícala para santificarte. Alumbrará tu camino y te guiará; será para ti sustento y alimento; te consolará y te reanimará. Constituye el mapa del viajero, el bastón del peregrino, la espada del soldado, la integridad moral del cristiano. En sus letras se abre el Cielo y se descubren las puertas del infierno. Cristo es su tema, y la gloria de Dios su fin. Para el alma es mina de oro, fuente de bienestar y río de placer. Se nos ofrece ahora en esta vida y se abrirá en el Día del Juicio. Permanecerá para siempre.
*
La Biblia es un compendio de Palabras de vida. Cuando me siento abatida o cansada, o el diablo trata de desalentarme, o me faltan fuerzas, en la Palabra de Dios encuentro renovado vigor y bendición.
¡Qué distinto sería el mundo y cuántos problemas se resolverían si quienes se encuentran atribulados o descorazonados tomaran conciencia de que en la Biblia podrían hallar la ayuda y el consuelo que necesitan! Sin duda haría una diferencia como de la noche al día que las naciones vivieran con arreglo a los preceptos bíblicos.
La lectura de la Palabra de Dios ha transformado incontables vidas. Algunas pasaron de la sima de la desesperación al pináculo de la gloria. No cabe duda de que la Palabra de Dios encierra vida y poder.
Algunas personas lo saben, pero aun así no se dan a la tarea de leerla. Luego no aciertan a entender por qué les faltan las fuerzas y la gracia para vivir cristianamente. Conceden tiempo e importancia a todo lo demás; en cambio, a la lectura que les habría proporcionado un bello día y habría resuelto muchos de sus problemas, apenas si dedican unos míseros minutos.
Virginia Brandt Berg

1. Efesios 6:12.
2. Efesios 6:13–17.
3. V. 2 Corintios 2:11.
4. Romanos 10:17.
5. Génesis 3:1–6.
6. Mateo 7:13,14.

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