Tesoros nuevos y tesoros antiguos

Desde el principio mismo Dios proporcionó a Su pueblo los conocimientos esenciales que necesitaba la gente para llevar una vida feliz y productiva. Con el transcurso de los años le fue dando más y más instrucciones, hasta que al cabo de cierto tiempo, varios siglos antes del nacimiento de Jesús, comenzó a revelar a Sus profetas detalles más concretos sobre el plan que había trazado para la humanidad. Al llegar Jesús al mundo, comunicó muchísimas más verdades a Sus apóstoles y a los componentes de la iglesia primitiva. Así Dios fue desvelando cada vez más datos y pormenores de acuerdo con la necesidad. Hoy en día, gran parte de ese bagaje de conocimientos se halla en la Biblia.

La Escritura explica lo básico que nos hace falta saber para salvarnos y muchas cosas más; pero no lo abarca todo. Hay, sin embargo, quienes insisten en que con la Biblia basta; que la humanidad no necesita nada más que lo allí expuesto, y que la última vez que Dios habló fue en la isla de Patmos hace dos mil años, cuando se dirigió al apóstol Juan y le reveló lo que luego él escribió en el libro del Apocalipsis, el último de la Biblia. Arguyen que no es preciso que recibamos más información u orientación de Dios. Claro que un Dios que ya no fuera capaz de hablar sería un Dios medio muerto.

Pero resulta que es un Dios viviente y parlante, que aún habla a Sus hijos, como lo ha hecho a lo largo de los siglos. Nos transmite Sus Palabras para hoy en día porque quiere demostrarnos que sigue vivo y que interviene en nuestro favor. Desea ayudarnos a resolver nuestros problemas. Quiere expresarnos el gran amor que nos tiene a todos. Quiere ayudarnos a conducir a otras personas hacia Él y se ha propuesto prepararnos y preparar al mundo para Su regreso.

La Biblia sigue tan vigente hoy en día como siempre, y es el cimiento de nuestra fe. Así y todo, muchas cosas han cambiado desde los tiempos bíblicos. Ese es otro motivo por el que necesitamos Sus mensajes para ahora, los cuales Dios nos transmite mediante profecías o por otros medios de revelación directa a fin de facilitarnos más información, instrucciones y palabras de aliento.

La Biblia no contiene las únicas palabras de Dios. A lo largo de los tiempos Él ha hablado a numerosos hijos Suyos. En algunos casos ellos mismos u otras personas dejaron constancia de lo que Dios les dijo en escritos que son tanto de inspiración divina como la Biblia. Dios sigue hablando a raudales. Nos ofrece «cosas nuevas y cosas viejas»1.

Pero ¿cómo se sabe qué escritos de otros cristianos son verdaderamente inspirados por Dios, y cuáles no reflejan sino sus propias ideas o interpretaciones erróneas? Basta con cotejar esos escritos con la Biblia. La Escritura es la autoridad máxima cuando hay que sopesar lo que dice alguna persona. Lo que conviene hacer es buscar un precedente bíblico, verificarlo en la Oficina de Pesos y Medidas, la Biblia. Los escritos de inspiración divina se ajustan a lo que habla Dios en la Biblia. No contradicen los principios elementales de las Sagradas Escrituras. Puede que contengan detalles no consignados en la Biblia —pormenores que contribuyen a llenar lagunas y aclarar la imagen—, pero nada que discrepe de los preceptos bíblicos.

Otro modo de evaluar hasta qué punto esos escritos cristianos son de inspiración divina es observar el efecto que han tenido o tienen en el mundo y en ti mismo2. ¿Promueven el Evangelio y acercan a la gente a Jesús? ¿Te ayudan a sentir el amor de Dios? ¿Fortalecen tu fe? ¿Producen en ti y en otras personas los frutos del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza?3

Si oras y acudes al Señor, Él te indicará qué libros o publicaciones vale la pena leer. Te ayudará a discernir las verdades de las falsas doctrinas o ideas humanas que no concuerdan con las Suyas.

* * *
La Palabra de Dios es como un hermoso collar de perlas
La Palabra de Dios es una fuente verdaderamente inagotable de sabiduría y conocimientos. Constantemente encuentra uno tesoros en ella, tanto nuevos como viejos. Aguanta mil lecturas, y el que con más frecuencia la repasa es quien mayores probabilidades tiene de descubrir en ella nuevas maravillas. ¡Cada vez que ahondamos en ella extraemos puñados y más puñados de inapreciables verdades!
Sin embargo, esas perlas de conocimiento no son nada sin el Espíritu Santo. Por mucho que uno estudie, hace falta el Espíritu y la mano de Dios para ensartarlas en su debido orden y formar algo útil, un magnífico rosario de verdades que adornen la mente y el corazón, correctamente dispuestas con arreglo a su tamaño, importancia y belleza. Existe una diferencia entre conocimiento y sabiduría. La sabiduría es la capacidad de aplicar con buen tino los conocimientos adquiridos; en este caso, el conocimiento de la Palabra de Dios, a fin de que tenga una utilidad práctica.
No desprecies, pues, la belleza, la riqueza y los tesoros de la Palabra de Dios. Pídele que te dé sabiduría. «Sabiduría ante todo, ¡adquiere sabiduría! Sobre todo lo que posees, adquiere inteligencia»4. Es mejor que el oro5.
D. B. B.
*
La Palabra de Dios es la verdad más contundente que hay
La espada vence, la pluma convence. Los hombres de fe rara vez rigieron imperios; sin embargo, conquistaron naciones por medio de sus palabras, creencias e ideas, con las que cautivaron corazones, conciencias y espíritus y los liberaron para siempre. Su mensaje de vida y amor ha conquistado mundos de almas humanas eternas para el reino eterno de Dios, con resultados más amplios, duraderos y felices que los simples imperios de este mundo forjados por la espada.
Las palabras de los profetas de Dios trascienden los siglos. Se han difundido por la Tierra y han alterado el curso de las naciones. Sus ideales han transformado el corazón de las personas, infundiéndoles esperanza en un mundo mejor. Grandes naciones cristianas se han constituido en torno a la Biblia, que ha servido para transmitir el amor de Dios en la persona de Jesús a todo un mundo que se moría por conocerlo. Sus Palabras son espíritu y son vida6. Sin ellas estaría todo muerto7.
La Palabra de Dios es el arma más potente que hay. La fisión nuclear no es nada en comparación. La Palabra es capaz de transformar corazones, cosa que aún no ha conseguido ninguna bomba atómica. Puede cambiar las ideas de la gente, algo que a fuerza de balas nunca se ha logrado. Las palabras de Dios son verdaderamente revolucionarias, pues transforman corazones.
D. B. B.
*
La Palabra de Dios en carne y hueso
«En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Este estaba en el principio con Dios. Todas las cosas por medio de Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la dominaron. […] La luz verdadera que alumbra a todo hombre venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de Él; pero el mundo no lo conoció. A lo Suyo vino, pero los Suyos no lo recibieron. Mas a todos los que lo recibieron, a quienes creen en Su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Estos no nacieron de sangre, ni por voluntad de carne, ni por voluntad de varón, sino de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre».
Juan 1:1–5,9–14

1. Mateo 13:52.
2. V. Mateo 7:15–20 con respecto a los frutos.
3. V. Gálatas 5:22,23.
4. Proverbios 4:7.
5. Proverbios 16:16.
6. Juan 6:63.
7. Salmo 33:6; Hebreos 11:3.

Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.