Recompensas

Testificar es una experiencia sumamente gratificante. Es emocionante ver el amor del Señor transformar el espíritu y la vida de una persona. El conocimiento de que un ser querido, un amigo o alguien que acabas de conocer va a ir al Cielo porque le testificaste es una sensación maravillosa. «Hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente»1, y tú, como instrumento de Dios en la Tierra, también participarás de ese gozo.

Esa sería recompensa suficiente. Sin embargo, hay mucho más. Jesús prometió que quienes lo sigan y lo complazcan recibirán abundantes premios y honores en el Cielo. Y la mejor manera de complacerlo es darlo a conocer. Eso hace que se enorgullezca de nosotros. «Les aseguro que a cualquiera que me reconozca delante de la gente, también el Hijo del Hombre lo reconocerá delante de los ángeles de Dios»2.

Una vez que nos salvamos, somos de Jesús para siempre. Podemos tener la tranquilidad de que Él nunca dejará de amarnos y de que tenemos vida eterna, al margen de lo que hagamos o dejemos de hacer. Eso es inalterable. Lo que sí puede variar son los elogios y las recompensas celestiales que recibamos, según en qué medida le permitamos al Señor servirse de nuestra vida. Nuestras obras no nos hacen merecedores de la salvación, pero sí determinan si entramos al Cielo con honores. La Biblia dice que «los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad»3. La salvación por sí sola no garantiza ese resplandor en el Cielo; solo lo obtenemos si nos esforzamos por cumplir la gran misión que Jesús nos encomendó.

Los cristianos que hemos nacido de nuevo tenemos una tarea que cumplir. Sin embargo, no se espera que la realicemos por simple sentido del deber. Se trata de una vocación que debemos estar orgullosos de abrazar. No siempre es fácil. Hay momentos en que nos desanimamos o nos ofuscamos, porque nos parece que nuestra labor es un tanto infructuosa. En esos momentos conviene recordar lo que nos espera en el más allá. Por la satisfacción de haber complacido al Señor y por las recompensas que Él nos ha prometido, desde luego vale la pena.

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¿Crees que Jesús te dirá: «Bien, buen siervo»?
No podemos merecernos o ganarnos a pulso la salvación: es un regalo4. Pero sí nos podemos ganar elogios y reconocimientos especiales del Señor, así como premios en pago a nuestro trabajo. La corona celestial de la que habla el Señor en Apocalipsis 2:10 no es nuestra salvación. La vida eterna la tenemos por medio del Hijo5. La corona es un premio concedido únicamente a los vencedores, a los corredores que ganan la carrera6. «Pagará a cada uno conforme a sus obras»7. Quienes más amen al Señor y le sirvan más fiel y sacrificadamente serán quienes obtengan las mayores recompensas, las mayores bendiciones.
En la parábola que contó Jesús acerca de los talentos (antigua unidad de masa), lo importante no es que a uno se le diera un talento de oro, a otro dos y a otro cinco, sino cómo invirtió cada uno los bienes que se le encomendaron8. Cada cual decide lo que hace con sus talentos o dones. El resultado no depende de lo que tenemos, sino de lo que hacemos con ello.
Al llegar al Cielo, cuando sea el momento de que te den tu recompensa en reconocimiento por los servicios prestados, ¿crees que Él te dirá: «Bien, buen siervo y fiel; entra en el gozo de tu Señor»?9 Ese es el elogio que todos queremos oír en ese día. Y así será si perseveramos haciendo por Él ahora todo lo que esté a nuestro alcance.
D. B. B.
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Estamos edificando una casa de corazones que permanecerá eternamente
Lo más lindo del Cielo será ver a todas las personas que hayamos contribuido a conquistar para el Señor. El mayor de los gozos será el amor del Señor y el amor y la gratitud que nos manifestarán las personas a las que hayamos ayudado a llegar allá.
Si amas sinceramente a alguien, lo amarás hasta conducirlo al Cielo y por la eternidad. Le hablarás de Jesús y lo invitarás a aceptarlo. Así, pase lo que pase aquí, lo verás allá. Háblale de Jesús ahora para poder estar eternamente con él en lugares celestiales.
D. B. B.
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Es imposible alumbrarle el camino a otra persona sin iluminar también el nuestro
Nunca subestimes la efectividad de dar testimonio de tu fe, tanto para conquistar almas para Jesús como para tu propia inspiración y ánimo, para mantenerte vivo espiritualmente. «El alma generosa será prosperada: el que sacie a otros, también él será saciado»10. Testificar es una actividad muy gratificante. Nos llena de entusiasmo ver obrar al Señor. No solo vale la pena por lo satisfechos que nos sentiremos cuando comparezcamos ante Jesús, sino que es una satisfacción ahora mismo ver los estupendos y emocionantes resultados de nuestra labor.
D. B. B.

1. Lucas 15:10.
2. Lucas 12:8 (NVI).
3. Daniel 12:3.
4. Romanos 6:23; Efesios 2:8,9; Tito 3:5.
5. Juan 3:36.
6. 1 Corintios 9:25–27.
7. Mateo 16:27.
8. Mateo 25:14–30.
9. Mateo 25:21.
10. Proverbios 11:25 (RVR 95).

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