Apéndice cinco: ¿Cuánto durarán la ira de Dios y la batalla de Armagedón?

Si bien no lo sabemos a ciencia cierta, en el libro de Daniel hay unos versículos misteriosos que tal vez contienen la respuesta a esa pregunta. Están en el último capítulo de Daniel, al final del relato de su encuentro con un ángel. A Daniel le fueron revelados muchos sucesos, tanto del futuro cercano como del lejano, en términos crípticos.

Yo, Daniel, miré, y he aquí otros dos que estaban en pie, el uno a este lado del río, y el otro al otro lado del río. Y dijo uno al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río: «¿Cuándo será el fin de estas maravillas?» Y oí al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, el cual alzó su diestra y su siniestra al cielo, y juró por el que vive por los siglos, que será por tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo. Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas1.

Después de todo esto, Daniel plantea la siguiente pregunta: «“Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas?» El [ángel] respondió: “Desde el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio hasta la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días. Bienaventurado el que espere, y llegue a mil trescientos treinta y cinco días”»2.

Fijémonos en la pregunta de Daniel. «¿Cuál será el fin de estas cosas?» A los ojos de Dios, ¿cuál será el fin? Al derramar el ángel la última copa de la ira de Dios sobre el mundo, «salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: “Hecho está”»3. Puede interpretarse que es como decir: «Ya está. ¡Este es el fin!»

En el capítulo 2 de Daniel se asemeja el retorno de Jesús a la caída de una piedra sobre los dedos de los pies de una gran estatua que representa los diversos imperios de la Historia.

Una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra4.

Si no va a quedar rastro alguno de los reinos del mundo, significa que será el fin no solo del régimen del Anticristo en la Tierra y de la influencia del diablo, sino también de la autonomía humana para regir los destinos del mundo. Al montarse Jesús en el caballo blanco y dirigirse a la Tierra a reclamar lo que le pertenece por derecho, se consumarán todas estas cosas.

La cuestión es esta: desde el momento en que se quite el continuo sacrificio y se erija la abominación desoladora hasta «el fin de estas cosas» transcurrirán 1.290 días; o sea, 30 días más de lo que durará la Tribulación, que terminará al cabo de 1.260 días. Por ende, podría ser que ese período de 30 días sea la duración de las plagas de la ira de Dios. Es más, unos versículos antes dice: «Cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas»5.

Para Daniel, el «pueblo santo» era su propia raza, los judíos. No es que fueran santos según la acepción moderna del término, pero sí lo eran en el sentido de que en aquella época eran «el pueblo elegido de Dios». Imaginémonos la situación justo antes del Arrebatamiento. Israel ha sufrido una derrota devastadora, Jerusalén ha sido ocupada, y muchos de sus habitantes han muerto. Tal vez queden algunas unidades militares israelíes que se alíen con los AAC para la batalla de Armagedón; pero da la impresión de que al final de ese período de 30 días dichas fuerzas habrán quedado completamente desbaratadas por el Anticristo y los suyos. En ese momento intervendrán Jesús y Sus huestes y cambiarán el desenlace de la batalla —de hecho, de toda la guerra—, poniendo en fuga y luego aniquilando al Anticristo y sus ejércitos.

Como mencionamos antes, dado que por lo visto la destrucción de Babilonia, la gran ramera, tendrá lugar poco antes o poco después del Arrebatamiento, la guerra que se librará como consecuencia entre el Anticristo y los AAC durará un poco más de un mes antes de que el Señor y Su ejército celestial intervengan.

Y ¿qué hay de la segunda parte? «Bienaventurado el que espere, y llegue a mil trescientos treinta y cinco días». Cabe suponer que esos «bienaventurados» no serán los salvos, puesto que ya se habrán ido al Cielo en el Arrebatamiento. Los salvos ya son bienaventurados, y no tienen necesidad de aguardar más para recibir bendiciones. Y desde luego que no se refiere a los impíos, dado que serán aniquilados. Tiene que referirse a los AAC que sobrevivan a esa guerra, ya sean combatientes o civiles. ¿Por qué serán bienaventurados? Porque los supervivientes podrán gozar del nuevo mundo que el Señor establecerá. Si esa interpretación es correcta, transcurrirán 45 días desde que el Señor regrese hasta que se haga con el control total de la Tierra y se erradiquen los últimos focos de resistencia del régimen y de las fuerzas del Anticristo. Entonces prevalecerán la justicia y la paz, y todos los que queden serán verdaderamente bienaventurados.

1. Daniel 12:5–7
2. Daniel 12:8,9,11,12
3. Apocalipsis 16:17
4. Daniel 2:34,35
5. Daniel 12:7

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