Apéndice tres: Los ciento cuarenta y cuatro mil

El siguiente pasaje aparece en el capítulo 14 del Apocalipsis:

Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con Él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de Él y el de Su Padre escrito en la frente. Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra. Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios1.

Ya antes en el mismo libro se aclara un poco quiénes son esos ciento cuarenta y cuatro mil:

Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: «No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios». Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel. De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados. De la tribu de Aser, doce mil sellados. De la tribu de Neftalí, doce mil sellados. De la tribu de Manasés, doce mil sellados. De la tribu de Simeón, doce mil sellados. De la tribu de Leví, doce mil sellados. De la tribu de Isacar, doce mil sellados. De la tribu de Zabulón, doce mil sellados. De la tribu de José, doce mil sellados. De la tribu de Benjamín, doce mil sellados.
Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: «La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero». Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: «Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén».
Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: «Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?» Yo le dije: «Señor, tú lo sabes». Y él me dijo: «Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá Su tabernáculo sobre ellos. Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos»2.

Aunque no está clara la importancia que puedan tener los ciento cuarenta y cuatro mil, lo que sí sabemos con certeza es que no serán los únicos que salgan de la Tribulación con sus ropas lavadas en la sangre del Cordero. Dice que será «una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas». Dice además que los que componen esa gran muchedumbre «sirven [a Jesús] día y noche en Su templo». Si le sirven es porque son siervos de Dios. Y si son siervos de Dios les corresponde el sello de Dios con que Sus siervos serán sellados en la Tribulación.

Por ende, si tienes a Jesús en tu corazón, lo consideras tu Salvador y te esfuerzas por servirlo lo mejor que puedes, recibirás el sello de Dios en la Tribulación, y no te afectarán las diversas plagas con que se castigará a los impíos en esa época terrible. Además, si te mantienes firme en la fe y en tu amor por el Señor, actuarás e instruirás a muchos»3.

Pero entonces, ¿quiénes son los ciento cuarenta y cuatro mil? Si los capítulos 7 y 14 se refieren a las mismas personas —lo cual es probable, aunque no forzoso—, por lo visto provienen de 12 de las 13 tribus de Israel. No sabemos por qué se omitió la tribu de Dan. Juan dice también que escuchó el número de los que habían sido sellados y que había ciento cuarenta y cuatro mil de las tribus de Israel. Por la manera en que lo expresa no significa necesariamente que en total solo fueran sellados ciento cuarenta y cuatro mil.

Los ciento cuarenta y cuatro mil del capítulo 14 no se contaminaron con mujeres, sino que son vírgenes. Parece, pues, que son hombres. Una vez más, no sabemos por qué no se incluye a mujeres, aunque podría ser un reflejo de las costumbres sociales de la época de Juan, en que las mujeres no tenían los derechos de los que gozan hoy. El cristianismo rompió con esa concepción tradicional al afirmar: «No hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús»4.

Pablo dice que el lecho matrimonial es sin mancilla5; por tanto, el solo hecho de que un hombre haya tenido relaciones sexuales con una mujer no significa que esté contaminado. Por lo visto, entonces, se refiere a una suerte de virginidad espiritual y no física. También dice que son las primicias, de lo que cabe inferir que fueron escogidos de entre los cristianos de los albores de la iglesia. Sin embargo, los de Apocalipsis 7 son sellados a comienzos de la Tribulación. A lo largo de los siglos se han elucubrado toda suerte de teorías sobre quiénes podrían ser los ciento cuarenta y cuatro mil. Lo cierto es que no lo sabremos hasta que el Señor lo revele.

1. Apocalipsis 14:1–5
2. Apocalipsis 7:2–17
3. Daniel 11:32,33
4. Gálatas 3:28
5. Hebreos 13:4

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