«Confirmará el pacto con muchos»

Según las profecías de la Biblia, el acontecimiento que llevará al Anticristo a la cima del poder en la escena internacional y marcará el comienzo de su régimen de siete años será la firma de un pacto que viene descrito en el libro de Daniel. Queda por ver si ese pacto conducirá a la formación de un gobierno mundial o si será gestionado por dicho gobierno una vez que se establezca. Sin embargo, ciertos sucesos recientes como la constitución de la Unión Europea y la adopción del euro como moneda única por parte de la mayoría de sus estados miembros demuestran que las naciones están dispuestas a renunciar a su soberanía nacional con miras a lograr objetivos económicos y políticos superiores. Y el de Europa no es el único caso. La Unión Africana, que se compone de 54 naciones, se formó en 2001 y a la larga se propone contar con una moneda única, una fuerza de defensa integrada y diversas instituciones de estado, entre ellas un gabinete ministerial para el presidente de la organización.

En 2004 los países sudamericanos suscribieron la Declaración de Cuzco, una carta de intención de dos páginas que anunciaba la formación de la Unión Suramericana, inspirada en la Unión Europea, con una moneda, un parlamento y un pasaporte comunes.

El Diálogo sobre Cooperación Asiática, formado por 31 países, entre ellos, Rusia, China y la India, declara que su objetivo es transformar el continente en una Comunidad Asiática.

La creación de esos organismos representa todo un hito, pues desde el principio de los tiempos hasta hace relativamente poco la soberanía nacional era algo que las naciones no estaban dispuestas a negociar. Transferir voluntariamente a una entidad supranacional ciertos derechos y privilegios inherentes a la soberanía nacional es un paso mayúsculo.

Exactamente en qué momento se conformará ese gobierno mundial o qué acontecimientos desembocarán en su constitución es algo que no sabemos; pero no será un foro de debates similar a las Naciones Unidas. Al contrario, tendrá autoridad gubernamental a escala planetaria.

Volviendo al pacto: la Biblia se refiere a él como el pacto santo2 dadas sus implicancias religiosas. Al menos en algún aspecto estará relacionado con la reconstrucción por parte de los judíos de su templo nacional en Jerusalén y la reanudación de los sacrificios de animales en su altar, práctica que constituía un elemento fundamental de su culto hasta la destrucción del templo por los romanos hace casi dos milenios.

El templo estaba situado en la cima del monte Moria, que hoy se conoce como monte del Templo o, para los musulmanes, Al-Haram ash-Sharif (el Noble Santuario), en el centro de la antigua Jerusalén. El primer templo se construyó allí bajo la dirección del rey Salomón y fue consagrado en el año 960 a. C. Los babilonios lo arrasaron durante el saqueo de Jerusalén en el año 587 a. C. Bajo Zorobabel los judíos volvieron a edificarlo en 515 a. C. En el año 19 a. C. el rey Herodes I, rey idumeo de Judea, que por aquella época formaba parte del Imperio romano, dio comienzo a la ampliación y embellecimiento del complejo del templo. Eso fue poco antes del nacimiento de Jesús, que tuvo lugar alrededor del año 4 a. C. La obra no se terminó del todo hasta el 64 d. C. Para facilitar la construcción del templo, se niveló la cima del monte Moria, construyendo alrededor de ella un muro de contención y rellenando con piedras y tierra el hueco que quedó. Parte de ese muro permanece en pie hasta el día de hoy y se conoce como el Muro de los Lamentos.

En el año 70 d. C., los romanos saquearon Jerusalén y destruyeron el templo. No dejaron piedra sobre piedra, cumpliendo así la profecía de Jesús de Mateo 24:2: «¿Veis todo esto [refiriéndose a los edificios de templo]? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada». Jerusalén quedó bajo el dominio romano/bizantino hasta que los árabes musulmanes la capturaron en el año 638 d. C., durante el gobierno del segundo califa, Umar ibn al-Jattab. Este entonces mandó construir una mezquita de madera sobre la muralla más meridional del Noble Santuario, que luego se reemplazó por una estructura de piedra en el año 705 d. C. Es lo que se denomina la Mezquita de Al-Aqsa, y todavía existe hoy en día.

Es más, en el año 687 d. C., Abd al-Malik, quinto califa de la dinastía árabe de los Omeyas, hizo construir una segunda mezquita, la hermosa Cúpula de la Roca, sobre la roca que había sido el altar de templo judío, la misma sobre la que se cree que Abraham estuvo a punto de sacrificar a Isaac. Esa mezquita aún permanece en pie. La roca también es sagrada para los musulmanes, pues es el sitio desde el que creen que el profeta Mahoma hizo su miraj o viaje nocturno a los cielosA. Dada la relevancia de ese lugar, es evidente que en la actualidad los musulmanes nunca consentirían que los judíos reconstruyeran allí su templo, y muy improbable que estos accedieran a construirlo en alguna otra parte.

Cuando Israel capturó Jerusalén Oriental en 1967, el anciano historiador judío Israel Eldad declaró a la revista Time: «Estamos en la misma situación que David cuando liberó Jerusalén. Desde ese momento hasta la construcción del templo de Salomón apenas pasó una generación. Lo mismo sucederá esta vez».

Apenas dos semanas antes de la guerra en que los israelíes ocuparon el sector antiguo de Jerusalén y el monte del Templo, concretamente el 21 de mayo de 1967, el Washington Post y el New York Times publicaron a toda plana el siguiente anuncio pagado anónimo:

A las personas de fe judía de todo el mundo:
Se está dando inicio al proyecto de reconstruir el templo de Dios en Israel. Con la guía divina y con esperanza, el templo se terminará. Señalará el comienzo de una nueva era del judaísmo. Los judíos se sentirán inspirados a conducirse de forma tan moral que nuestro Creador considerará oportuno hacernos una visita aquí en la Tierra. Dios despertará en muchos judíos de toda profesión y condición social el deseo de participar en esta obra. Se necesitan ejecutivos, administradores y trabajadores de todos los niveles. Todos los esfuerzos serán anónimos. Dios conoce a quienes desean participar. La voluntad divina prevalecerá.

Hoy en día existe un movimiento creciente en Israel y entre los judíos de todo el mundo, una campaña impulsada por el Temple Institute ubicado en la Ciudad Vieja de Jerusalén, para que se reconstruya el templo. De hecho, hay indicios de que gran parte del mismo ya se ha prefabricado. Solo hace falta ensamblarlo. El Temple Institute ha fabricado también las vasijas y prendas sagradas que han de usarse en él. Se encuentran en exposición en el instituto mismo. Algunas se pueden ver en Internet en http://www.templeinstitute.org.

Aunque los israelíes controlan Jerusalén, el monte del Templo permanece bajo el control de los musulmanes, y en particular del gran muftí de Jerusalén. La única forma de que musulmanes e israelíes lleguen a un acuerdo o arreglo para que el templo pueda reconstruirse será mediante la intervención de una potencia dominante, como el gobierno mundial. Muchos estudiosos de la Biblia que se han especializado en los acontecimientos del Tiempo del Fin consideran que ese acuerdo o compromiso forma parte integral del pacto al que se refieren las profecías bíblicas del libro de Daniel.

Daniel escribió: «Por otra semana [el Anticristo] confirmará el pacto con muchos»3. El término hebreo original que se traduce como semana en la versión Reina-Valera —que es la que citaremos en este libro— es shavua, que significa «conjunto de siete elementos». Por ende, una traducción más precisa y comprensible del versículo sería: «Por otro conjunto de siete elementos confirmará el pacto con muchos». Al estudiar cuidadosamente en los versículos 24 a 26 del capítulo 9 de Daniel la increíble profecía mesiánica sobre el año exacto de la primera venida y crucifixión de Cristo, se entiende que una «semana» —una septena— equivale a siete años. Así, el versículo puede leerse de la siguiente forma: «Por siete años confirmará el pacto con muchos». (V. apéndice 2.)

Este acuerdo de siete años tendrá que ser el fruto de negociaciones muy ingeniosas. Se cree que no abordará únicamente el tema del monte del Templo, sino el de la totalidad de la ciudad de Jerusalén. Actualmente Jerusalén es un problema imposible de resolver. La mayoría de los israelíes ha jurado que nunca la cederá ni la compartirá, por considerarla su capital eterna. David Ben-Gurión (1886–1973) —1er primer ministro de Israel—, prometió: «Nos apoderamos de Jerusalén, y no la entregaremos hasta que haya muerto en su defensa el último hombre y la última mujer. Cualquiera que sea el costo, no la entregaremos hasta que haya muerto el último judío. Ese es el sentir de todo el pueblo judío».

Por otra parte, los palestinos —que han vivido allí desde hace más de mil años y la denominan al-Quds (la Santa)— quieren que su capital sea Jerusalén Oriental, que los israelíes capturaron en la guerra de 1967. Sucesivos gobiernos israelíes han rechazado de plano esa propuesta. El futuro de Jerusalén y del monte del Templo es uno de los puntos más inextricables del conflicto entre israelíes y palestinos.

Para resolver este problema, se especula que el Anticristo internacionalizará la ciudad de Jerusalén. Hoy en día la mayoría de las personas no es consciente de que eso estaba incluido en el acuerdo original que permitió la fundación del estado de Israel como hogar de la nación judía. Corpus separatum (que en latín quiere decir cuerpo separado) fue el término que se empleó en el Plan de la ONU para la partición de Palestina de 1947 para describir la internacionalización de Jerusalén. El singular estatus de la ciudad se debía a su significancia para las tres religiones de difusión mundial: el judaísmo, el cristianismo y el islamismo. El plan establecía que la ciudad estaría sujeta a un régimen internacional especial y sería administrada por las Naciones Unidas. El plan luego se reconfirmó mediante las resoluciones 194 y 303 de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Muchos escatólogos están convencidos de que el Anticristo será de ascendencia judía, dado que una descripción de él que aparece en el libro de Daniel señala que «del Dios de sus padres no hará caso»4. Si en efecto es judío, ese podría ser uno de los motivos por los que logrará que los israelíes cedan y acepten esa solución. De hecho, según la Biblia, a la larga el dictador que presidirá el gobierno mundial convertirá a Jerusalén en la capital política de su régimen5. Cabe preguntarse si lo que motivará a los israelíes a ceder en su postura respecto de Jerusalén no será el prestigio que les dará el hecho de que el mundo se gobierne desde su antigua capital.

Refiriéndose al Anticristo, Daniel profetizó que será «un hombre despreciable, al cual no darán la honra del reino; pero vendrá sin aviso y tomará el reino con halagos»6. Se lo describe aquí como un «hombre despreciable», y Dios sabe que lo será. Por otra parte, da la impresión de que gozará de bastante popularidad entre las masas. Queda por ver qué quiere decir exactamente eso de que «no le darán la honra del reino». En el mundo de hoy la realeza y la monarquía son cada vez más impopulares; de modo que tal vez signifique que, cuando sea confirmado como dirigente, no le darán un título como el de rey, a pesar de que ejercerá el poder absoluto a la usanza de los monarcas de la antigüedad. Por lo visto en un principio no empleará la violencia para alcanzar sus objetivos; por ende, probablemente se presentará como promotor de la paz internacional. Cualquiera que sea su programa, logrará sus propósitos por medio de intrigas.

En los albores del régimen del Anticristo dará la impresión de que todo marcha de maravilla. Procurará contentar a todo el mundo y de algún modo se las arreglará para llevar la paz a muchas regiones del planeta. Convencerá al mundo de que es el hombre más inteligente que haya habido, el de mayor poder y sabiduría. Será capaz de resolver problemas insolubles, de detener todas las guerras y de poner a todo el mundo a trabajar por la paz. «Paz y seguridad» será una de las consignas de su gobierno y de la población en general. «A partir de ahora todo estará en paz, y habrá seguridad. Se acabaron las guerras. Habrá estabilidad y abundancia para todos»7. Y a pesar de algunos contratiempos y problemas, inicialmente parecerá que es así.

Notas

A. En el noveno año de la misión del Profeta, o sea, aproximadamente en el 620 d. C., Mahoma se levantó en medio de la noche para visitar la mezquita sagrada de La Meca. Al cabo de un rato de adoración, se quedó dormido cerca de la Kaaba. El ángel Gabriel se acercó a él y lo despertó. Condujo al Profeta —paz y bendiciones sean con él— hasta el extremo de la mezquita sagrada de La Meca. Allí lo aguardaba el buraq, un caballo alado de color blanco «que con cada zancada llegaba hasta donde alcanzaba la vista». Mahoma se montó en el buraq ypartió raudamente hacia el norte con Gabriel, hasta llegar a la Mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén, la mezquita más lejana.

En Jerusalén el Profeta desmontó y rezó cerca de la Roca. Abraham, Moisés, Jesús y otros profetas —la paz sea con todos ellos— se reunieron para rezar detrás de él. A Mahoma le dieron a escoger entre una vasija de leche y una de vino. El Profeta optó por la leche, y Gabriel le dijo: «Has optado por la religión de la verdad».

El Profeta inició entonces la ascensión (miraj), en la que él —paz y bendiciones sean con él— recibió el mandamiento de rezar cinco veces al día y la revelación que condensa las creencias del Islam:

«El Mensajero cree en lo que le envió su Señor, y lo mismo los creyentes; cada uno cree en Alá, en Sus ángeles, en Sus libros y en Sus mensajeros. No hacemos distinción entre ninguno de Sus mensajeros. Y dicen ellos: “Oímos y obedecemos. Concédenos, oh Señor, Tu perdón; a Ti volvemos”» (El Corán, II/285).

1. Daniel 9:27
2. Daniel 11:30
3. Daniel 9:27
4. Daniel 11:37
5. Daniel 11:45; 2 Tesalonicenses 2:4
6. Daniel 11:21
7. 1 Tesalonicenses 5:3

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