El misterio de Babilonia

Antes de abandonar el período de la Gran Tribulación es menester que echemos un vistazo a otro acontecimiento que se producirá durante esa época o poco después: la destrucción de Babilonia la Grande. No está del todo claro en qué momento ocurrirá.

El siguiente pasaje se refiere a «siete ángeles», pero no son los ángeles con trompetas que están relacionados con la Gran Tribulación y que vimos en el capítulo anterior. Se trata de siete ángeles que aparecen después de la segunda venida de Cristo. Portan siete copas llenas de las plagas de la ira de Dios y las derraman sobre el Anticristo y sus seguidores.

Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: «Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación». Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; y en su frente un nombre escrito, un misterio: «BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA». Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro1.

El gran Imperio babilónico cayó 500 años antes de la época de Juan. De hecho, la gran ciudad de Babilonia había quedado abandonada, en ruinas. La Babilonia que vio Juan no era la capital del Imperio babilónico, sino algo mucho más siniestro y duradero. Su identidad —al menos en tiempos de Juan— era un misterio.

El ángel me dijo: «¿Por qué te asombras? Yo te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene las siete cabezas y los diez cuernos. La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será. Esto, para la mente que tenga sabiduría Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer, y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo. La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición»2.

Ya vimos estos versículos en el capítulo 3 de este libro. Recordarás que llegamos a la conclusión de que ese rey que «aún no ha venido» es el Anticristo, que es tanto la séptima como la octava cabeza, y terminará en el infierno. Se han hecho muchas especulaciones en torno al resto de este pasaje. Algunos han propuesto que los siete montes representan las siete colinas de la antigua Roma, y por ende infieren que esta Babilonia es la Iglesia Católica Romana, cuya sede —el Vaticano— se encuentra en dicha ciudad. Sin embargo, al leer detenidamente el pasaje queda claro que los siete montes son siete reyes, lo que implica siete reinos. Esta Babilonia aparece montada sobre la bestia de siete cabezas, sobre los siete imperios, que como recordarás son Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, el Imperio de Alejandro Magno, Roma y finalmente el régimen del Anticristo. La Iglesia Católica ni siquiera existía en la época de los cinco primeros imperios, de ahí que no pueda ser esta Babilonia.

Algunos han argumentado que representa a Irak, puesto que la antigua ciudad de Babilonia quedaba en ese país. Pero Irak no tiene ni el poderío ni el grado de decadencia que se le atribuye a esa gran ramera. Esta Babilonia es un misterio. No es fácil ni sencillo identificar lo que representa.

Los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia. Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia. Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque Él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con Él son llamados y elegidos y fieles3.

Los diez cuernos serán diez líderes y naciones que se aliarán con el Anticristo y conformarán el núcleo de su imperio. Hasta se aventurarán a combatir a Jesucristo, el Rey de reyes, inicialmente persiguiendo a quienes creen en Él, y al final enfrentándose al propio Señor en la batalla de Armagedón. El ángel le dijo a Juan:

Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas. Y los diez cuernos que viste en la bestia, estos aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego; porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que Él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios4.

Esa gran ramera se sienta sobre todos los pueblos de la Tierra y se monta sobre esos imperios como si fueran de su propiedad. Y en verdad lo son. ¿Qué o quién ha movido los hilos y dominado todos los imperios? Quienes han controlado los intereses financieros y comerciales. Podría sintetizarse como el materialismo, definido en este caso como la devoción a las riquezas y bienes materiales a expensas de los valores espirituales o intelectuales. No es aventurado afirmar que la figura de una gran ramera, funambulesca y decadente, que a lo largo de la Historia ha oprimido a todos con sus extravagancias y abominaciones, es un simbolismo más que elocuente del poder del materialismo.

Sin embargo, al final la Bestia misma se hartará de esa ramera que ha sido llevada a cuestas durante siglos, y los diez cuernos de la última cabeza, el régimen del Anticristo, se volverán contra ella con saña vengativa, la dejarán desolada y desnuda y la quemarán con fuego. Pero ¿cómo harán eso? ¿Cómo se ataca a una entidad espiritual?

Resulta que en realidad no se trata solamente de una entidad espiritual. El versículo siguiente explica: «La mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra»5.

El materialismo es el componente esencial de los sistemas impulsados por el afán de lucro que dominan las economías y naciones de hoy en día.

Si miramos a nuestro alrededor, no hay hoy en día ningún lugar que tipifique la devoción a las riquezas y bienes materiales mejor que Estados Unidos. Y dentro de Estados Unidos, si hay una gran ciudad que presida sobre los reyes de la tierra, esa es Nueva York.

Si Estados Unidos sufriera un ataque nuclear, y sobre todo si sus centros financieros quedaran inoperativos, el sistema capitalista y materialista colapsaría. Aunque Estados Unidos y Nueva York son tal vez apenas las manifestaciones más claras de la ramera materialista que controla los imperios humanos, su debacle podría significar el cumplimiento de esta visión de la destrucción de Babilonia en una sola hora.

Los atentados contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 fueron un doloroso recordatorio de lo frágil y vulnerable que es una ciudad como Nueva York. Cualquier que sea el ataque descrito en este capítulo, da la impresión de ser repentino y severo. Juan continúa:

Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria. Y clamó con voz potente, diciendo: «Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible»6.

Estos versículos confirman que Babilonia no es solamente un ente espiritual, sino también un lugar físico:

«Todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites7.

¿Qué nación es el mercado preferido de todo el mundo, el lugar donde las demás naciones anhelan colocar sus productos, que tiene un déficit comercial de miles de millones de dólares con ellas? Son miles de millones de dólares que se transfieren a esos países, en particular a los comerciantes. Hay un país que destaca claramente sobre los demás en ese sentido: los Estados Unidos de América.

Oí otra voz del cielo, que decía: «Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades. Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras; en el cáliz en que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble. Cuanto ella se ha glorificado y ha vivido en deleites, tanto dadle de tormento y llanto; porque dice en su corazón: “Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré llanto”; por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Señor, que la juzga»8.

La destrucción será repentina. En el anterior pasaje dice «en un solo día»; en otro refiere que sucederá en una hora. Y ¿qué ha «dado» o exportado Estados Unidos al resto del mundo, con lo que ha sembrado destrucción, lo mismo que consecuentemente segará para sí? ¡Armamento! Si bien no es el único país que vende armas, cuenta con una participación mayoritaria en el mercado. Y aunque vende muchas otras cosas que Dios podría considerar abominables, las armas de guerra han causado tanto pesar, dolor y angustia que la ira de Dios estará justificada, y todo el tormento y el infierno que ha causado su industria militar le será devuelto en igual medida. Cualquiera que haya visto las escenas de destrucción y muerte que se dan en la guerra conoce los horrores que aguardan a «Babilonia la Grande», que se considera «reina» y piensa que «no verá llanto».

Dios llama a Su pueblo a salir de en medio de ella, lo que implica que habrá por lo menos algunos de los Suyos —probablemente muchos— allí. Aunque en ese país hay millones de cristianos y muchas otras personas que aman a Dios, razón tenían Billy Graham y otros cuando afirmaron que si Dios no castigaba a Estados Unidos por sus pecados, tendría que disculparse con Sodoma y Gomorra.

Los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella han vivido en deleites, llorarán y harán lamentación sobre ella, cuando vean el humo de su incendio, parándose lejos por el temor de su tormento, diciendo: «¡Ay, ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio!» Y los mercaderes de la tierra lloran y hacen lamentación sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías. Y todo piloto, y todos los que viajan en naves, y marineros, y todos los que trabajan en el mar, se pararon lejos; y viendo el humo de su incendio, dieron voces, diciendo: «¿Qué ciudad era semejante a esta gran ciudad?» Y echaron polvo sobre sus cabezas, y dieron voces, llorando y lamentando, diciendo: «¡Ay, ay de la gran ciudad, en la cual todos los que tenían naves en el mar se habían enriquecido de sus riquezas; pues en una hora ha sido desolada!» Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles y profetas; porque Dios os ha hecho justicia en ella9.

Así pues, mientras los comerciantes y empresarios de otros países lamentan sus mercados perdidos y por ende sus riquezas perdidas, el ángel dice al Cielo entero —incluidos los apóstoles y profetas— que se regocijen, pues han sido vengados. No es que Estados Unidos los haya perseguido a todos. Es más, en muchos casos ha defendido la libertad de culto y la tolerancia religiosa. El castigo del que se habla aquí no es para todos los estadounidenses ni únicamente para ese país. La destrucción que habrá significará la abolición total y permanente del sistema materialista y antidiós que ha esclavizado las almas humanas a lo largo de la Historia. La «gran ramera» no prospera únicamente en Estados Unidos; se trata de una entidad mundial. Lamentablemente, Estados Unidos podría ser el heredero final de todo lo que ha hecho Babilonia —el impío sistema materialista que rinde culto a las riquezas y que Dios representa como una ramera decadente y vanidosa— en todo el tiempo que ha estado a lomos de los diversos imperios mundiales.

Juan escribe: «Un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó en el mar, diciendo: “Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada”»10. ¿En qué momento sucederá eso? Obviamente mientras el Anticristo y sus diez reyes ostenten el poder; por lo visto ocurrirá durante su régimen, probablemente después de violarse el pacto. Lo más probable es que suceda hacia el final de la Tribulación o inmediatamente después, durante la época en que se derramen las plagas de la ira. (V. el capítulo 10, Las plagas de la ira de Dios.) Ya hemos visto que la Tribulación no será una época de paz. El capítulo 11 del libro de Daniel deja claro que la especialidad del Anticristo serán las guerras. El ángel que le mostró a Juan estas cosas también participa en el derramamiento de las plagas de la ira, lo cual puede entenderse como una señal de que la destrucción de Babilonia sucederá después de la segunda venida de Cristo. Sin embargo, por lo visto al menos una parte del pueblo de Dios todavía se encontrará en Babilonia, lo cual indicaría que su destrucción podría ser durante la Tribulación. Por ahora no podemos más que especular sobre el momento exacto.

1. Apocalipsis 17:1–6
2. Apocalipsis 17:7–11
3. Apocalipsis 17:12–14
4. Apocalipsis 17:15–17
5. Apocalipsis 17:18
6. Apocalipsis 18:1,2
7. Apocalipsis 18:3
8. Apocalipsis 18:4–8
9. Apocalipsis 18:9–11, 17–20
10. Apocalipsis 18:21

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