La abominación desoladora, también denominada la imagen de la Bestia

Habiendo visto que el Anticristo quedará totalmente dominado por Satanás, es hora de echar un vistazo a sus siguientes acciones.

A la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador1.

Como explicamos en el primer capítulo, esta semana representa los siete años de gobierno del Anticristo; por ende, «a la mitad de la semana» será tres años y medio después de iniciarse. Para que se detengan «el sacrificio y la ofrenda», primero tienen que haberse reinstaurado. Y para que eso ocurra, es imprescindible que los judíos reconstruyan su templo. Esto, pues, parece indicar que la construcción y el uso del templo será uno de los puntos del pacto de siete años.

Tal prohibición de cultos religiosos no se aplicará únicamente al templo judío. El Anticristo vedará y abolirá todo culto religioso, se proclamará Dios, exigirá que se le rinda culto a él, y perseguirá y hasta eliminará a todo aquel que no se le someta. «Aun se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos, y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra. Y a causa de la prevaricación le fue entregado el ejército junto con el continuo sacrificio; y echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso, y prosperó»2. Se cree que el «Príncipe de los ejércitos» debe de ser Jesús o Dios. En otras palabras, el Anticristo declarará públicamente ser Dios.

«Se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora»3. Concatenando estos pasajes podemos concluir que tres años y medio después de confirmar el pacto de siete años —«a la mitad de la semana»— no solo entrará por la fuerza en el templo judío recién reconstruido en el monte Moria de Jerusalén, detendrá los sacrificios y se erigirá como Dios, sino que además pondrá algo llamado «la abominación desoladora».

Más de quinientos años después de recibir Daniel esta profecía, Jesús, en Su famosa disertación sobre las señales de Su segunda venida y del fin del mundo (capítulo 24 de Mateo) dijo: «Cuando veáis en el lugar santo —el templo judío de Jerusalén— la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee [el libro de Daniel], entienda)»4.

Jesús enfatizó que más nos valía entenderlo, ya que situó ese acontecimiento en el futuro. Vino a decir que en la época en que Él estuvo en la Tierra ese suceso —el emplazamiento de la abominación desoladora— no se había producido. Algunos historiadores y estudiosos de la Biblia sostienen que Antíoco IV Epífanes (c. 215–164 a. C.), rey macedonio del Imperio seléucida (uno de los estados helenísticos sucesores del gran Imperio de Alejandro Magno), cumplió las profecías de Daniel 8 y otras acerca de la abominación desoladora en el año 166 a. C., cuando capturó Jerusalén y prohibió todos los ritos judíos so pena de muerte. Se levantó en el templo un altar a Zeus y se ordenó a la población que ofreciera sacrificios a los pies de un ídolo hecho a imagen del rey. Sin duda que aquello fue una abominación a los ojos de los judíos. Sin embargo, el hecho de que sucediera antes de que Jesús anunciara que la profecía se cumpliría en el futuro echa por tierra el argumento de que esa fue la abominación desoladora de que habló Daniel.

¿Qué dijo Jesús que sucedería cuando apareciera esa abominación desoladora? «Cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá»5. Es decir, que el emplazamiento de esa abominación desoladora dará inicio al período de Gran Tribulación, los segundos tres años y medio del régimen del Anticristo. Cuando la veamos allí sabremos que ha comenzado la Tribulación.

El gran interrogante, por tanto, es: ¿Qué es esa abominación desoladora? Jesús dijo que la veríamos «en el lugar santo». Daniel 11:31 (N-C) dice: «Alzarán la abominación desoladora». Daniel 12:11 (N-C) habla del «alzar de la abominación desoladora». Dicho de otro modo, será un objeto que se colocará, que se erigirá.

En el capítulo 13 del Apocalipsis descubrimos que será una imagen del propio Anticristo; y no se tratará de una estatua inerte como la que erigió el rey seléucida de la antigüedad, sino de una máquina de lo más asombrosa.

Llegó el momento de presentar a otro personaje perverso del Tiempo del Fin, una bestia que ejerce toda la autoridad de la primera Bestia, la que describimos en el capítulo 3.

Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres6.

¿Quién es esta bestia de dos cuernos? La respuesta se encuentra en Apocalipsis 19:20, que dice: «La bestia [el Anticristo] fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen». Esa bestia de dos cuernos es llamada el «falso profeta». No sabemos quién es, pero el pasaje deja claro que desempeña varias funciones, entre ellas la de ministro de propaganda y sumo sacerdote del culto al Anticristo. Cuenta con poderes o con algún talento extraordinario, de manera similar al Anticristo, pues «hace grandes señales».

Engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió. Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase7.

La orden de matar a quienes se nieguen a adorar a la Bestia marcará el comienzo de la Gran Tribulación. Eso coincide con los pasajes sobre el emplazamiento de la abominación desoladora. De modo que podemos concluir que la imagen y la abominación desoladora son lo mismo.

A juzgar por el detalle de que la imagen tendrá «aliento», da la impresión de que será una suerte de autómata, un robot cibernético operado por ordenador y programado de forma que hable y actúe como si tuviera vida y pueda así exigir la sumisión del mundo entero.

Pese a lo estrambótico que eso podía parecer en la época de Juan, hoy en día es posible infundir vida a una imagen gracias a los avances que se han hecho en el campo de la robótica y la inteligencia artificial. Los futurólogos —científicos y otros visionarios que tratan de predecir lo que nos deparará el futuro— hasta han inventado un nombre para describir la aparición de una futura inteligencia artificial (IA) que no estará producida por seres humanos, sino que asumirá el control de sí misma. La llaman la singularidad.

Además de hablar, la imagen de la Bestia de alguna manera tendrá poder para matar o mandar matar. Tal vez hasta esté inspirada por el demonio, es decir, que posea una inteligencia diabólica superior a la que le hayan dado los programadores humanos. Por lo visto tendrá características realmente asombrosas, lo que causará que muchos le rindan culto. Será el súmmum de la idolatría: la humanidad rendirá culto a una abominable máquina poseída por el diablo que acabará por desolar al mundo.

1. Daniel 9:27
2. Daniel 8:11,12
3. Daniel 11:31
4. Mateo 24:15
5. Mateo 24:21
6. Apocalipsis 13:11–13
7. Apocalipsis 13:14,15

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