La Bestia

El capítulo 13 del libro del Apocalipsis nos presenta a la Bestia del infierno. (Habla Juan:) «Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo»1.

El capítulo 17 del Apocalipsis da más detalles sobre dicha Bestia: «Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer, y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo»2. «Reyes» en este caso no son solamente personas, sino que pueden ser reinos o imperios.

Aunque los detalles que da este capítulo son fascinantes, muchas cosas pueden parecer complicadas al tratar de descifrar qué representan las cabezas, cuernos y coronas de la Bestia. Pero no hay que desanimarse. Lo principal es entender que el Anticristo es la encarnación suprema de la Bestia. No es necesario saber lo que simboliza cada cabeza y cada cuerno —y por el momento no estamos en condiciones de hacerlo—; pero sí entendemos una porción importante de lo que representa esta visión, así que procuraremos desentrañar al menos parte del misterio.

Hay que tener en cuenta que la Biblia es un libro dirigido al pueblo de Dios: es para él y acerca de él. Por ende, los acontecimientos descritos en el Apocalipsis están directamente relacionados con el pueblo de Dios. Si echamos un vistazo a su historia, queda claro cuáles son los seis primeros reinos.

En el Antiguo Testamento el pueblo de Dios eran los judíos. A partir de la época del Nuevo Testamento, el pueblo de Dios son todos los que han aceptado a Jesús como SalvadorA. Aunque gran parte del tiempo los judíos tuvieron su propio país independiente, durante largos períodos estuvieron sucesivamente bajo el dominio de cinco imperios, que en orden cronológico fueron: Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, y el Imperio de Alejandro Magno y sus sucesores. Cuando Juan tuvo esta visión, esos cinco imperios ya habían «caído». En su época, la potencia dominante era el Imperio romano, que se estableció en el año 27 a. C. A él se refiere la profecía cuando dice que «uno es».

Si bien ha habido diversos imperios en los siglos transcurridos desde la caída de Roma, ninguno de ellos dominó completamente al pueblo de Dios en los aspectos político, civil y militar como hicieron los primeros seis. Desde la época de Juan, los cristianos se encuentran repartidos por todo el orbe: por consiguiente, en ningún momento han estado bajo la autoridad de un único imperio, hasta que el que ha de venir —la séptima cabeza de la Bestia descrita por Juan— vuelva a dominar política, civil y militarmente al pueblo de Dios. ¿Qué hemos aprendido sobre el imperio final del Anticristo? Que parece que controlará todo o casi todo el planeta.

Juan escribe: «Los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia»3. Esos diez cuernos evidentemente son personas, pues no tienen reino. Dado que Juan dice que esos diez reyes, reinos o potencias aún «no han recibido reino» —es decir, no lo habían recibido en tiempos del Imperio romano—, cabe inferir que los «diez cuernos» se encuentran todos en la séptima cabeza, el imperio del Anticristo. «Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia»4.

En el capítulo 7 del libro que lleva su nombre, Daniel también tuvo una visión sobre varias bestias. Describe cuatro que —en forma similar a la Bestia del Apocalipsis— representan imperios que subyugaron a los judíos. En ese capítulo, las primeras tres bestias representan a Babilonia, Persia y el Imperio de Alejandro Magno. El cuarto reino, una bestia monstruosa descrita en el pasaje que reproducimos a continuación, representa el Imperio romano:

Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos. Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas.
Yo entonces miraba a causa del sonido de las grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta que mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego.
Entonces tuve deseo de saber la verdad acerca de la cuarta bestia, que era tan diferente de todas las otras, espantosa en gran manera, que tenía dientes de hierro y uñas de bronce, que devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies; asimismo acerca de los diez cuernos que tenía en su cabeza, y del otro que le había salido, delante del cual habían caído tres; y este mismo cuerno tenía ojos, y boca que hablaba grandes cosas, y parecía más grande que sus compañeros. Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía, hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino.
[…] La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará. Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará. Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la Ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo5.

De la cabeza de esta bestia salieron diez cuernos, que corresponden a los diez cuernos de la séptima cabeza de la Bestia descrita en los capítulos 13 y 17 del Apocalipsis. Dado que esta bestia del libro de Daniel representa el Imperio romano, este es un indicio de que los diez reyes, naciones o potencias del imperio del Anticristo que regirá el mundo en el Tiempo del Fin podrían provenir de los vestigios del antiguo Imperio romano. Muchas naciones europeas de ahora formaron parte del Imperio romano. Hoy en día Europa se está convirtiendo cada vez más en una entidad unificada. ¿Pudiera ser que la Unión Europea dé origen al núcleo del futuro imperio del Anticristo?

El cuerno pequeño que surge después de los diez tiene toda la pinta de ser el Anticristo, y en efecto lo representa. Daniel dice que tres de esos diez líderes, gobiernos o países serán arrancados, es decir, derrocados por el Anticristo en su ascenso al poder mundial. No sabemos si eso se producirá a consecuencia de una guerra, de golpes de estado internos o de una crisis económica, o si los dirigentes y gobiernos de esos tres países que se opondrán al Anticristo se verán obligados a abandonar el poder pacíficamente y serán reemplazados por partidarios del Anticristo. Los términos arrancar y derribar denotan violencia. Sin embargo, en otro pasaje que describe el ascenso al poder del Anticristo dice: «Vendrá sin aviso y tomará el reino con halagos»6.

Cualquiera que sea el caso, la Bestia del Apocalipsis volverá a contar con el pleno apoyo de diez cuernos. Tres serán reemplazados por partidarios del Anticristo, y los diez «tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia»7.

Habrás advertido que el Dragón y la Bestia descritos en el Apocalipsis exhiben notables similitudes. Ambos tienen siete cabezas y diez cuernos, pero difieren en que el Dragón tiene una corona sobre cada una de sus siete cabezas, mientras que la Bestia tiene una diadema o corona sobre cada uno de sus diez cuernos.

«El dragón le dio [a la Bestia] su poder y su trono, y grande autoridad»8. En todos esos imperios que tuvieron autoridad temporal sobre el pueblo de Dios y que en muchos casos lo persiguieron cruelmente a lo largo de milenios, el poder oculto siempre estuvo en manos de ese gran dragón escarlata, Satanás. Solo que cuando sea echado a la Tierra no se contentará con ser el poder oculto, sino que querrá ostentar todo el poder por medio del AnticristoB.

Hay un aspecto un poco complejo por el hecho de que la Bestia es un monstruo de siete cabezas, pero solo la séptima representa verdaderamente al Anticristo. Sin embargo, al Anticristo en el Apocalipsis se lo denomina la Bestia. La cosa es que en los últimos días el Anticristo será la encarnación de la Bestia de siete cabezas, pero en realidad la totalidad de la Bestia ha sido antidiós y, por ende, anticristo desde que se manifestó por primera vez en el antiguo Imperio egipcio. Es cierto que hubo personajes rectos relacionados con esos imperios antiguos —los cuales en algunos casos hasta los dirigieron—, pero esencialmente eran anticristo, como puede verse por las persecuciones que en muchos casos emprendieron contra el pueblo de Dios. En general, de aquí en adelante, cuando habla de la Bestia se refiere específicamente al Anticristo. Juan continúa:

Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: «¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?»9

Se nos confirma que la cabeza que recibió la herida mortal es la séptima cabeza, el Anticristo, unos pocos versículos después, donde dice que el Anticristo tiene un falso profeta que «hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la […] bestia [el Anticristo], cuya herida mortal fue sanada, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió»10.

El atentado contra el Anticristo será un momento crucial en su carrera satánica. Una herida es mortal si le produce a uno la muerte. Si uno no muere a consecuencia de ella, no se puede afirmar que fue mortalmente herido. Dicho de otro modo, esa cabeza morirá. El Anticristo será asesinado. ¿Y ahí se acabará todo? No, porque resucitará. Su curación será tan milagrosa que se maravillará toda la tierra.

Apocalipsis 17:8 vuelve a afirmar que «los moradores de la tierra [...] se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será». Ahora el asunto se torna aún más enigmático, pues se nos presenta un acertijo: «La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición»11. Esta bestia de Apocalipsis solo cuenta con siete cabezas. ¿De dónde sale, entonces, la octava? De algún modo entra en juego una octava persona.

Inicialmente, al llegar al poder y confirmar el pacto de siete años, el Anticristo será la cabeza de ese séptimo gran imperio, solo que aún no será realmente anticristo en toda su dimensión; todavía no habrá sido plenamente poseído por el diablo. Sin embargo, «a la mitad de la semana», tres años y medio después de la confirmación del pacto, lo matan y resucita. Esa resurrección le otorgará credibilidad como ser divino. Da la impresión de que será en ese momento cuando el diablo lo poseerá completamente. Parecerá el mismo hombre, la séptima cabeza, solo que se habrá convertido en la octava.

La Biblia registra que en ese punto se produce un cambio notable en su conducta. Aunque no cabe duda de que será perverso de corazón desde el principio, ya no se andará con disimulos. No será el mismo hombre que forjó la paz mundial, resolvió el espinoso conflicto de Jerusalén y gestionó el pacto. En ese momento se manifiesta «el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios»12.

El diablo es un megalómano redomado. Siempre ha anhelado que se le rinda culto como a Dios. Hasta pretendió que Jesús se postrara y lo adorara13. Pues en ese momento exigirá que el mundo entero lo adore. Satanás hecho hombre conseguirá finalmente lo que siempre quiso: gobernar el mundo y ser adorado como Dios.

El Anticristo será la encarnación de Satanás, el diablo hecho hombre, del mismo modo que Jesús fue la encarnación de Dios. Y en los últimos tres años y medio de su régimen desatará un infierno en la Tierra. «Se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses»14.

Notas

A. A continuación reproducimos algunos pasajes de las Escrituras que respaldan ese planteamiento:

«Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: “En ti serán benditas todas las naciones”. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham» (Gálatas 3:6–9).

«Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa» (Gálatas 3:26–29).

«No me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: “Mas el justo por la fe vivirá”» (Romanos 1:16,17).

«Para que justificados por Su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna» (Tito 3:7).

«A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios» (Juan 1:11,12).

«[Jesús dijo a los principales sacerdotes y fariseos:] “Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Finalmente les envió su hijo, diciendo: ‘Tendrán respeto a mi hijo’. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: ‘Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad’. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?”

»Le dijeron: “A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo”. Jesús les dijo: “¿Nunca leísteis en las Escrituras: ‘La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos’?”

»“Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará”. Y oyendo Sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta» (Mateo 21:33–46).

B. En el capítulo 8 de Daniel también se explica que el poder del Anticristo no proviene de él mismo: «Cuando los transgresores lleguen al colmo, se levantará un rey altivo de rostro y entendido en enigmas. Y su poder se fortalecerá, mas no con fuerza propia —sino por obra de Satanás—; y causará grandes ruinas, y prosperará, y hará arbitrariamente, y destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos. Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos» (Daniel 8:23–25).

1. Apocalipsis 13:1
2. Apocalipsis 17:9,10
3. Apocalipsis 17:12
4. Apocalipsis 17:13
5. Daniel 7:7,8,11,19–25
6. Daniel 11:21
7. Apocalipsis 17:13
8. Apocalipsis 13:2
9. Apocalipsis 13:3,4
10. Apocalipsis 13:12,14
11. Apocalipsis 17:11
12. 2 Tesalonicenses 2:3,4
13. Mateo 4:9
14. Apocalipsis 13:5

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