La Gran Tribulación

Cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo; porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá1.

Como vimos en el capítulo 4, el emplazamiento de la abominación desoladora tendrá lugar a la mitad del régimen de siete años del Anticristo. Es decir que Jesús describe aquí el comienzo de los últimos tres años y medio de la época actual. El pasaje paralelo del Evangelio de Lucas aporta algunos detalles más sobre los acontecimientos que se producirán en ese momento.

Cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan2.

Jerusalén será rodeada y ocupada por los ejércitos del Anticristo. En pocas palabras, Jesús dice que los que estén en las proximidades deberán huir para salvar la vida. Es evidente que no será una ocupación pacífica. Lo más probable es que se trate de la culminación de una guerra.

En Apocalipsis 11:1,2 dice: «Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo: “Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él. Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses”». Juan mide un templo que no parece ser el mismo que se describe en un capítulo anterior del Apocalipsis y que estaba en la dimensión celestial. Este templo tiene un patio exterior que es entregado a los gentiles. Estos ocuparán Jerusalén y ese patio durante 42 meses, que es seguramente el período de Tribulación. Es probable también que corresponda a los «tiempos de los gentiles» del pasaje anterior de Lucas. Lógicamente cabe suponer que el templo que mide Juan es el que se reconstruirá en Jerusalén.

Como hemos visto, el Anticristo habrá sufrido una herida en apariencia mortal y habrá vuelto de la muerte. Pero a estas alturas ya no será un simple peón de Satanás, sino que estará poseído totalmente por él. Erigirá tanto su imagen como su trono en el recinto del templo. Declarará al margen de la ley a todos los que no le rindan culto y se nieguen a aceptar su infame marca y ordenará que sean exterminados. Si bien se perseguirá y eliminará a todos los que no quieran adorarlo, por la visión de la mujer y el Dragón de Apocalipsis 12 cabe deducir que acosará principalmente a los cristianos:

«¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo». Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. El dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo3.

Será una situación terrible para los cristianos —y sin duda que, ante el poder temporal del Anticristo y sus ejércitos y el enorme aparato del régimen, dará la impresión de que no tenemos posibilidad alguna de sobrevivir—; pero contaremos con un as todopoderoso en la manga: nada menos que Jesucristo. Aunque en esa época no se hará visible, luchará de nuestro lado, y eso significa que a la larga seremos los vencedores. Al final saldremos victoriosos. Por momentos parecerá que estamos perdiendo, y sufriremos bajas; pero terminaremos triunfando, pues la batalla es de Jesús, y Él siempre gana.

Como dijo el sabio maestro Gamaliel a los líderes judíos que tramaban la persecución de los primeros cristianos: «Si […] esta obra es […] de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios»4. El apóstol Juan —que era precisamente una de las personas que el rabino Gamaliel dijo que no había que lastimar— se hizo eco de esas palabras cuando escribió: «Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?»5 Pablo —que fue discípulo de Gamaliel— también nos recordó que nuestra victoria es inexorable: «Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano»6.

Sin embargo, las grandes instituciones religiosas, con sus enormes templos y todo su poderío económico y político, están sentenciadas. Daniel profetizó sus tribulaciones cuando dijo: «Veía yo que [el Anticristo] hacía guerra contra los santos, y los vencía. A los santos del Altísimo quebrantará […]; y serán entregados en su mano. Destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos. Cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas»7.

¿Por qué permitirá eso Dios? Porque será bueno para Su pueblo. Servirá para purificar a Su Iglesia y empujarla a buscarlo con afán. Será algo que la «emblanquecerá», como le dijo a Daniel el mensajero angélico8. Siempre que se desata una persecución contra los cristianos, a la larga se produce un reavivamiento de la fe, y los creyentes abrazan los valores cristianos con más fuerza que nunca. La Biblia no solo promete que «todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución», sino también que «a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a Su propósito son llamados»9.

Aunque al Anticristo se le permitirá vencer físicamente el poder temporal institucionalizado de las diversas confesiones cristianas, no podrá derrotar espiritualmente a los cristianos. El Señor dice: «Han vencido [a Satanás] por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte»10. El único poder que les quedará es el de Dios. «Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia»11. En la hora más oscura del mundo, cuando la iniquidad llegue a niveles nunca vistos, muchos cristianos darán testimonio sobrenatural y milagrosamente y resplandecerán más que nunca. «He aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá el Señor, y sobre ti será vista Su gloria»12.

Más aún, la Biblia promete que en ese tiempo «el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará. Y los sabios del pueblo instruirán a muchos»13. Esto es de suma importancia, pues la razón de ser del pueblo de Dios en esa época crítica y atribulada será justamente dar testimonio, enseñar e instruir a la gente sobre lo que sucede. El régimen del Anticristo será espantoso y opresivo. Muchas personas lo detestarán y querrán saber qué pueden hacer. Quienes conozcan a Dios estarán en una situación inmejorable, pues habrá multitudes de personas sedientas a las que comunicar las buenas nuevas de la Palabra de Dios y del inminente regreso de Jesús.

Muchos se mostrarán más receptivos que nunca, tal como sucede actualmente con frecuencia cuando sobreviene una dificultad, emergencia, catástrofe, enfermedad o accidente. En ese momento muchos abrazarán la fe, multitudes necesitarán el mensaje de salvación y las buenas nuevas. Quienes conozcan la Biblia y comprendan lo que va a suceder estarán en condiciones de infundir mucho aliento a millones de personas de todo el mundo.

Dar testimonio tiene su costo; y en esos días, a algunos cristianos que «conocen a su Dios» les costará nada menos que la vida. El Anticristo intentará acabar con ellos porque estarán proclamando la verdad y desenmascarándolo. «Instruirán a muchos» y revelarán quién es él en realidad. Eso suscitará su ira y también la de sus seguidores.

Pero si amas al Señor, no tienes por qué temer la Tribulación. Dios será un enemigo mucho más peligroso para las fuerzas del Anticristo que ellas para ti. «Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo»14. Como dice Su Palabra: «Es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan»15.

Al igual que los profetas y las profetisas de antaño, habrá hombres y mujeres de una gran fe que conducirán al pueblo de Dios y contarán con poderes sobrenaturales y milagrosos para proteger y defender a sus rebaños de seguidores y ayudarlos a sobrevivir hasta el mismísimo final.

El siguiente pasaje de Apocalipsis 11 trata sobre dos testigos excepcionales:

Daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio. Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierraA. Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera. Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran.
Cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará. Y sus cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado. Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados. Y los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros; porque estos dos profetas habían atormentado a los moradores de la tierra.
Pero después de tres días y medio entró en ellos el espíritu de vida enviado por Dios, y se levantaron sobre sus pies, y cayó gran temor sobre los que los vieron. Y oyeron una gran voz del cielo, que les decía: «Subid acá». Y subieron al cielo en una nube; y sus enemigos los vieron16.

Aunque no cabe duda de que el poder de esos dos testigos será asombroso, ha habido precedentes. Elías mandó que bajara fuego del cielo e hizo que dejara de llover durante tres años en Israel17; Moisés y Aarón enviaron plagas a sus opresores e hicieron que las aguas se tornaran en sangre18. De modo que esos poderes han estado al alcance de los elegidos de Dios en otros momentos, y volverán a estarlo en el Tiempo del Fin.

Será una época de grandes victorias y testimonios portentosos, de tal manera que todo el mundo oirá el mensaje. Multitudes de creyentes sobrevivirán hasta la venida misma del Señor. Muchos todavía estarán trabajando para Él, viviendo por fe y predicando el Evangelio. Aún quedarán millones vivos para presenciar Su venida.

Aunque será la época más infernal de la Historia, contaremos con más poder, defensa, asistencia y protección celestial que nunca. Será un tiempo de triunfos contundentes sobre las fuerzas de Satanás y de derrotas de los impíos anticristianos. La Tribulación no estará marcada por un dominio arrollador del diablo, ya que habrá victorias sobrenaturales y milagrosas sobre él y sus fuerzas. No creas que todo el pueblo de Dios estará escondido y encogido de miedo. Muchos recibirán grandes poderes para luchar y defender el Evangelio hasta el fin mismo, asistidos por las fuerzas del Cielo y por las maldiciones y plagas que Dios desatará contra los impíos.

Con todo, será una época de persecución, y hasta los dos testigos perderán la vida como mártires. Daniel explica: «Por algunos días [los que conocen a Dios] caerán a espada y a fuego, en cautividad y despojo. Y en su caída serán ayudados de pequeño socorro; y muchos se juntarán a ellos con lisonjas. También algunos de los sabios caerán para ser depurados y limpiados y emblanquecidos, hasta el tiempo determinado; porque aun para esto hay plazo»19. Muchos cristianos de países vedados al Evangelio ya se ven en circunstancias en que son perseguidos, y están expuestos a informantes que se infiltran en sus hermandades. Algunos hasta dan la vida por su fe. Pero esa situación no durará para siempre.

Además de recibir algo de ayuda de ciertos sectores, contarán con mucha ayuda de la dimensión espiritual. Los capítulos 8 al 10 del Apocalipsis dan cuenta de lo que sucederá en el Cielo cuando suenen las siete trompetas de la Tribulación, y siete temibles y poderosos ángeles comiencen a impartir los castigos de Dios al régimen del Anticristo.

El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde. El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar; y la tercera parte de las naves fue destruida. El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas. El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche. Y miré, y oí a un ángel volar por en medio del cielo, diciendo a gran voz: «¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles!»
El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo. Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de un gran horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo. Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra. Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes20.

¿Qué serán esas criaturas feroces con aspecto de insectos que saldrán del pozo del abismo para dañar y atormentar a los moradores de la Tierra que no tengan en la frente el «sello de Dios»? El capítulo 7 del Apocalipsis describe cómo detiene Dios a Sus ángeles vengadores hasta que los que son siervos Suyos en la Tierra hayan recibido ese sello. No sabemos en qué consistirá, aunque parece ser una marca de naturaleza espiritual más que física. Lo que sí sabemos es que ese sello lo recibirá Su pueblo, el cual no se verá afectado por estas plagas. Los que sentirán su efecto serán los seguidores del Anticristo, los que se empeñen en perseguir y matar a quienes se nieguen a adorar a la Bestia. Aun con todas las tribulaciones, sufrimiento y dolor que tratarán de infligir a quienes amen a Jesús, da la impresión de que el Anticristo y sus seguidores serán los que saldrán peor parados.

El Señor sentó un precedente similar cuando los hijos de Israel eran esclavos en Egipto, en tiempos de Moisés. Este exigió al faraón que dejara libres a los israelitas, pero el faraón se negó una y otra vez. En vista de la postura recalcitrante del faraón, Dios azotó a Egipto con numerosas plagas. Al menos algunas de ellas no afectaron a la tierra de Gosén, la región de Egipto en la que vivían los israelitas21. Así como se salvaron ellos, también nos salvaremos nosotros de gran parte del horror.

Les fue dado [a esas feroces langostas], no que los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión cuando hiere al hombre. Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos22.

Esas criaturas tendrán poder para atormentar durante cinco meses a sus víctimas. Los que sufran sus picaduras desearán la muerte, pero por lo visto no morirán.

El aspecto de las langostas era semejante a caballos preparados para la guerra; en las cabezas tenían como coronas de oro; sus caras eran como caras humanas; tenían cabello como cabello de mujer; sus dientes eran como de leones; tenían corazas como corazas de hierro; el ruido de sus alas era como el estruendo de muchos carros de caballos corriendo a la batalla; tenían colas como de escorpiones, y también aguijones; y en sus colas tenían poder para dañar a los hombres durante cinco meses23.

Al igual que gran parte del libro del Apocalipsis, este pasaje es críptico. Aunque algunos han intentado explicar qué son esas criaturas, no lo sabremos a ciencia cierta hasta que las veamos. Lo importante es que si tenemos el sello de Dios en la frente no tenemos por qué preocuparnos. Y si tenemos a Jesús en nuestro corazón, y lo amamos y procuramos servirlo, seremos considerados siervos de Dios y tendremos ese sello. (V. apéndice 3.)

El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: «Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates». Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres. Y el número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones. Yo oí su número. Así vi en visión los caballos y a sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salían fuego, humo y azufre. Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca. Pues el poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas; porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas, y con ellas dañaban24.

Es evidente que la sexta trompeta tiene que ver con una guerra que se librará durante la Gran Tribulación. ¿Qué son esos caballos con cabeza de león y boca que echa llamas? Por el momento es un misterio. Sin embargo, parece que los ejércitos que participarán en la guerra sumarán 200 millones de hombres, y un tercio de la humanidad morirá. Sin duda será una época convulsionada, de Gran Tribulación. Nadie disfrutará más que el diablo viendo tanta destrucción, y al mundo entero sumido en una conflagración de la magnitud descrita en ese pasaje. No cabe duda de que él, en la persona del Anticristo, participará en lo más reñido de la batalla.

Notas

A. Volvió el ángel que hablaba conmigo, y me despertó, como un hombre que es despertado de su sueño. Y me dijo: «¿Qué ves?» Y respondí: «He mirado, y he aquí un candelabro todo de oro, con un depósito encima, y sus siete lámparas encima del candelabro, y siete tubos para las lámparas que están encima de él; y junto a él dos olivos, el uno a la derecha del depósito, y el otro a su izquierda». Hablé más, y le dije: «¿Qué significan estos dos olivos a la derecha del candelabro y a su izquierda?» Hablé aún de nuevo, y le dije: «¿Qué significan las dos ramas de olivo que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro?» Y me respondió diciendo: «¿No sabes qué es esto?» Y dije: «Señor mío, no». Y él dijo: «Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra» (Zacarías 4:1–3, 11–14).

Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: «Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos». Él les dijo: «¿Qué queréis que os haga?» Ellos le dijeron: «Concédenos que en Tu gloria nos sentemos el uno a Tu derecha, y el otro a Tu izquierda». Entonces Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que Yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que Yo soy bautizado?» Ellos dijeron: «Podemos». Jesús les dijo: «A la verdad, del vaso que Yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que Yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a Mi derecha y a Mi izquierda, no es Mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado» (Marcos 10:35–40).

1. Mateo 24:15–21
2. Lucas 21:20–24
3. Apocalipsis 12:12,13,17
4. Hechos 5:38,39
5. 1 Juan 5:4,5
6. 1 Corintios 15:57,58
7. Daniel 7:21,25; 8:24; 12:7
8. Daniel 12:10
9. 2 Timoteo 3:12; Romanos 8:28
10. Apocalipsis 12:11
11. Romanos 5:20
12. Isaías 60:2
13. Daniel 11:32,33
14. 1 Juan 4:4
15. 2 Tesalonicenses 1:6
16. Apocalipsis 11:3–12
17. 2 Reyes 1:9–15; 1 Reyes 17:1; 18:1
18. Éxodo 7:17–21; 9:13–26
19. Daniel 11:33–35
20. Apocalipsis 8:7–9:4
21. Éxodo 9:26
22. Apocalipsis 9:5,6
23. Apocalipsis 9:7–10
24. Apocalipsis 9:13–19

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